Lilith levantó la cabeza mientras pestañaba con lentitud, como tratando de acostumbrarse a la luz matutina que se filtraba por la ventana. Al resultarle imposible contenerse, soltó un quejido a causa del terrible dolor que invadía todo su cuerpo.
Cuando la adrenalina bajaba después de un incidente como el de la tarde anterior, el verdadero sufrimiento era todo lo que colmaba sus sentidos y, aunque estaba relativamente acostumbrada a aquello, era desagradable de una manera distinta cada vez.
—Nerdito... —lo llamó mientras se ponía de pie con dificultad—. Es hora de levantarse...
El hombre, quien dormía con la cabeza recargada sobre unas carpetas, no dio reales señales de querer despertar.
Ella lo miró seria por unos segundos, para luego salir de la oficina en dirección a la zona de los desvelados, que no era más que el lugar en donde estaban las cafeteras.
No se sentía con ganas de gritarle, no sin antes beber una gran taza de café, negro y sin azúcar, como tanto le gustaba.
Mientras esperaba a que la cafetera terminara de hacer lo suyo, su celular comenzó a sonar desde su bolsillo.
—Hola, Johanna... —habló al contestar.
—¡Lilith, por el amor de dios! —gritó la mujer—. ¡Al fin me contestas!
La agente alejó el celular de su oído, ya que la voz de su suegra le pareció como una podadora en el cerebro.
—Vi las noticias, reconocí el auto de Robert... —murmuró la señora—. ¿Estás bien?
—Me sobraba un poco de sangre y busqué la manera más entretenida de deshacerme de ella... —comentó la agente tomando su taza y bebiendo un sorbo de café.
—Oh, Lilith, sabes que no me gustan tus bromas... —habló molesta.
—Estoy bien, Johanna... —susurró la pelinegra—. Dale un beso a Julien y dile que mami llegará a cenar...
Escuchó un suspiro cansado de su suegra al otro lado de la línea.
—De acuerdo... —la dama terminó por decir—. Nos vemos en la tarde...
—Nos vemos.
Guardó el móvil en su bolsillo y sirvió otra taza de café para llevarle a Thomas, quien, por muy inglés que fuese, estaba segura de que la preferiría por sobre el té, ya que, a su parecer, una buena cantidad de cafeína era más que necesaria para despabilar a esas horas de la mañana, y apaciguar un poco la resaca.
Al estar de vuelta en la oficina, Lilith vio la imagen más divertida que había visto en años.
Tom estaba despeinado a más no poder, con la corbata suelta, los anteojos torcidos y la camisa sucia y arrugada, a la vez que observaba su computadora y presionaba las teclas a una gran velocidad.
Con la intención de molestarlo un poco, Lilith cerró la puerta de la oficina con fuerza.
—¡Ay, no seas cruel! —dijo él encogiéndose de hombros, pero sin dejar de generar comandos en la laptop.
—Despertaste inspirado... —masculló la mujer dejándole la taza de café sobre el escritorio.
Tom ni siquiera levantó la mirada hacia ella, solo se quedó por completo inmerso en la misma acción durante varios segundos; tecleando en su laptop con cara de loco.
—¿Qué diablos te pasa? —preguntó ella cuando se hartó del silencio.
En ese mismo instante, el hombre la observó con un gesto de confusión y nerviosismo en el rostro.
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La Orden Doce
FanficTom Hiddleston, un economista brillante, introvertido pero encantador, es requerido por la CIA para un caso muy importante. Hiddleston es designado como compañero de Lilith Kemp, una agente antisistema y con serios problemas contra la autoridad. Al...
