Al apenas adentrarse en la oficina, Lilith arremetió contra todo lo que tuvo en frente. Tiró al piso cada cosa en su escritorio y de una patada hizo que el mueble cayera de costado, mientras su respiración irregular se mezclaba con algunos gemidos y gritos guturales llenos de frustración.
—¡Lilith, basta! —habló Tom mientras la sujetaba por los hombros—. Debes calmarte ahora.
—¡Smirnov era nuestra única pista y ahora está muerto!, ¿cómo quieres que me calme si lo he perdido todo? —respondió la agente soltándose de su agarre mientras lo observaba con ira.
Posterior a tumbar otro par de muebles, Lilith sostuvo su cabeza entre las manos a la vez que cerraba los ojos con fuerza, tratando de buscar una nueva ruta que tomar o algún camino inexplorado que pudiera haber pasado por alto, pero solo se encontró con callejones sin salida, incontables pasadizos que no llevaban a ningún lado y que solo lograban aumentar la angustia que estaba experimentando.
Tom supo de inmediato que la presencia de Nomax y Harrison no ayudaría en nada a apaciguar el nocivo estado de la mujer, por lo que les dio una mirada seria antes de dirigirles la palabra.
—Fuera de aquí. —espetó el británico con gran poderío—. Lilith está abrumada, necesita un momento para reponerse y les aseguro que sus miradas chismosas no serán de ninguna utilidad.
El rubio agente miró al asistente de Haspel con las cejas alzadas, mientras este observaba boquiabierto al serio economista.
—Señor Hiddleston, usted sabe que...
—Sí, Nomax. Sé de memoria tu discurso, no es necesario que lo vuelvas a declamar. —lo detuvo el inglés—. Solo te estoy pidiendo una puta pausa, ¿es eso tan imposible de conseguir? —escupió mientras se acercaba más al muchacho—. Cada persona en este jodido lugar parece ignorar el hecho de que Lilith también es un ser humano, pero te aseguro que lo es, y como todos alguna vez, ahora necesita un maldito respiro, así que ten un mínimo de respeto por esta mujer y vete de aquí ahora.
Harrison y el joven secretario se mostraron extrañados por la actitud adoptada por el londinense, pero finalmente, Nomax terminó por solo asentir antes de abandonar el lugar, frente a lo cual el agente lo imitó en silencio, cerrando la puerta cautelosamente luego de salir.
—No lo has perdido todo... —murmuró Tom acercándose a ella—. Todavía falta corroborar la historia de Dabrowski y...
—Pawel está muerto. —dijo ella interrumpiéndolo, a la vez que se giraba hacia él y abría los ojos—. Encontraron su cuerpo hace media hora. —masculló con rabia—. Con dos putos tiros en la frente...
El economista frunció el ceño con profundidad ante la noticia.
—De verdad me quieren fuera de esto... —farfulló desviando la mirada—. Y como no han podido eliminarme decidieron sabotear mi investigación... —soltó a la vez que sus ojos se aguaban—. Me lo quitaron todo...
—No digas eso, Lilith... —musitó el inglés tomando su rostro por el costado—. Continúas siendo en extremo hábil, y en tu mente tienes la posibilidad de darle la vuelta a esta situación, justo como siempre lo has hecho...
—No, Tom... —respondió ella comenzando a llorar—. Ahora sí que me he quedado sin opciones, no sé qué rumbo tomar...
—No tomes ninguno... —espetó él mirándola directo—. Por hoy no tomes un rumbo, deslígate de la misión por un día... —acarició su mejilla con cuidado, llevándose en ello una lágrima—. Lo mejor es que descanses, lo necesitas...
—No puedo descansar, Thomas... —dijo alejándose de él—. Tú no lo entiendes, pero mi mente no puede detenerse. Un caso sin resolver y sin pistas activas me vuelve loca.
—Lilly... —espetó él tomando su mano con suavidad—. Tú eres más que solo una agente de la CIA, eres una mujer, un ser humano... —habló a la vez que la observaba con profundidad—. Y siento decirlo de este modo, pero creo que este trabajo destruye toda la humanidad que hay en ti...
—¿Y crees que no lo sé? —susurró ella a la vez que las lágrimas corrían furiosas por sus mejillas—. Lo hace desde que tenía malditos dieciséis años, pero no tengo opción...
—La tienes... —espetó Thomas sin dejar de mirarla.
—No, Tom...
—Cuando logres desbaratar a la jodida Orden Doce, la CIA y el mundo te deberán tu libertad... —la interrumpió él—. El estúpido policía, ese tal Bruce, está mal... quizás no eres libre hoy, pero eso no quiere decir que no lo serás mañana...
—Nadie me deberá nada si no logro resolverlo, Tom... —murmuró la mujer mientras su llanto se intensificaba—. Todo se complicó... estoy en una encrucijada, no tengo nada que seguir, nadie a quién interrogar...
—Ya encontrarás la siguiente pista, y si no lo haces, la pista te encontrará a ti... —respondió Tom—. Eres como un imán para estas cosas, y escúchame bien, Lilly... —habló mientras tomaba su mentón con suavidad—. Lograrás hacer esto, lo juraría por mi vida... digo, tú eres Lilith Kemp, nada puede detenerte y este caso no será la excepción...
Una milésima de segundo después de haber culminado sus palabras, la agente apegó sus labios a los del inglés con efusión, frente a lo cual él la abrazó con fuerza, intensificando el cándido y pasional gesto.
Sus labios eran tibios y afables, no se parecían a los de ninguno y se acoplaban a los de ella como si fuera la primera y última vez. Sus brazos fuertes la envolvían con seguridad, lo cual la hacía sentir protegida y por primera vez en años, se sintió amada, pero amada de verdad.
—¿Sabes lo que necesitas? —susurró él al separar sus labios de los de ella.
—¿Qué te quites la ropa? —respondió Lilith sonriendo de lado.
El británico soltó una risa a la vez que la observaba con dulzura.
—Estaba pensando en invitarte a almorzar, pero veo que tienes mejores planes... —habló recorriendo la cintura de la mujer con ambas manos.
—REVIL... —llamó la mujer—. Activa protocolo ermitaño...
En cosa de segundos, la puerta emitió un sonido duro, indicando que el cerrojo había sido activado. La ventana se cubrió con una capa metálica y la luz se encendió.
El economista y la agente no demoraron en dar rienda suelta a sus deseos reprimidos una vez más, aquellos que Lilith intentaba ignorar a toda costa, y los cuales Tom dejaba aflorar sin vergüenza cada vez que la desnudaba con la mirada, sin hallarse hábil de evitar recorrer sus formas con la memoria, reviviendo la escena de Italia, la noche más dulce y a la vez más amarga de toda su existencia.
—¡No seas tan ruidosa! —vociferó el hombre, que semidesnudo arremetía contra el níveo cuerpo de la pelinegra.
—La puta CIA pagó por oficinas con aislamiento acústico... —farfulló la mujer, quien estaba apegada a la pared mientras Tom la sostenía—. ¡Y yo lo voy a aprovechar!
El alto inglés soltó una pequeña risa ahogada mientras besaba el cuello de Lilith, dejando algunas mordidas juguetonas que llevaron a la mujer al éxtasis absoluto.
✒Mazzarena
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La Orden Doce
FanficTom Hiddleston, un economista brillante, introvertido pero encantador, es requerido por la CIA para un caso muy importante. Hiddleston es designado como compañero de Lilith Kemp, una agente antisistema y con serios problemas contra la autoridad. Al...
