La mujer despertó de forma momentánea al escuchar disparos y gritos, y soltó un quejido gutural al sentir su mejilla apegada al frío y húmedo piso de la habitación. Abrió los ojos por un segundo, descubriendo que su cabeza se encontraba sobre un charco de su propia sangre.
Como atraída por una fuerza superior, Lilith volvió a caer en la inconciencia, sintiéndose suspendida en medio de una nada silenciosa y serena, en la cual el dolor se mitigó y su mente se desconectó.
Volvió a reaccionar un segundo después. Su mente fluctuaba entre lo tangible y lo inmaterial de forma dolorosa; era la caótica tortura de perder y recobrar la razón en cortos intervalos de tiempo.
Sentía como si su cerebro se fuese a fundir con cada errática y electrizante reconexión.
En medio de un momento de lucidez, percibió que los alaridos y las balas habían cesado. Por un segundo pensó que había muerto, pero lo descartó al apenas sentir que aquella inquietante tranquilidad se desvanecía de golpe.
—¡Lilith! —escuchó gritar a lo lejos—. ¡Por el amor de dios, Lilith! —volvió a oír, pero de manera más próxima.
Entreabrió los ojos con gran dificultad, encontrándose con un asustado Tom, que llorando intentaba desatar sus amarres.
—Tom... —susurró tratando de enfocarlo con la vista—. ¿Qué pasó?
Las manos del hombre actuaban de manera torpe y eufórica mientras trataban de liberarla, a la vez que sus sollozos hacían eco en la habitación.
—Tienes que calmarte, Tom... —murmuró con dificultad—. Dime qué pasó...
—Vino el mismo hombre de Marruecos, el encapuchado de la motocicleta... —contó de forma atropellada, y con un aterrorizado tono—. Mató a estos hombres... luego me liberó y escapó...
Al fin Tom logró relevarla de sus ataduras, para luego tomarla entre sus brazos y levantarla del piso con cuidado.
—¿Te dijo algo? —musitó ella mientras se apoyaba en su pecho.
—No, yo solo escuché disparos y gritos, y después lo vi entrar a la habitación en que me tenían... —explicó buscando su mirada—. Le dio dos tiros al sujeto que me vigilaba, y su cabeza explotó frente a mí... —soltó con repugnancia, para luego tragar con fuerza el contenido de su estómago, que había subido a su garganta al recordar la escena—. Luego cortó mis cuerdas y se largó como si nada...
—¿Pudiste verlo mejor? —preguntó la mujer frunciendo el ceño—. ¿Cómo lucía?
—Parecía ser saudita, iraquí o algo así... —contó él del mismo modo—. Su piel era morena y sus ojos eran claros, parecían...
—¿Grises? —inquirió ella con desesperación—. ¿Eran grises?
—¡Sí, exactamente! —respondió asintiendo con efusión—. ¿Quién demonios es ese hombre, Lilith?, ¿lo conoces?
Ella lo miró en silencio, apretando los labios con frustración.
—Está bien, no me digas nada si no quieres. —susurró el inglés con molestia, la cual se disipó al apenas percatarse del paupérrimo estado de Lilith—. ¡Mira cómo te dejaron estos malditos!, déjame ayudarte...
Trató de limpiar su rostro, pero la mujer se lo impidió de inmediato.
—No hay tiempo, tenemos que salir de aquí. —musitó ella soltándose de su agarre, para tirarse al suelo y esculcar los cadáveres en busca de armas.
—¿Qué diablos sucedió? —preguntó él con gran ansiedad en su tono—. ¿Quiénes eran estos desquiciados?
—Tuve una reunión nada placentera con un miembro de La Orden Doce. —respondió ella mientras encontraba una pistola en uno de los cuerpos—. Los hicimos enojar y nos quisieron sacar del juego...
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La Orden Doce
FanfictionTom Hiddleston, un economista brillante, introvertido pero encantador, es requerido por la CIA para un caso muy importante. Hiddleston es designado como compañero de Lilith Kemp, una agente antisistema y con serios problemas contra la autoridad. Al...
