Cuando el agua ya se había acabado, y restaban solo un par de dátiles secos y medio litro de petróleo, llegaron a la ciudad de Túnez, capital del país homónimo. La localidad se encontraba de cara al mar Mediterráneo, el cual debían cruzar para poder llegar hasta Italia.
—Qué bueno que conseguimos quien nos lleve sin hacer preguntas. —musitó la mujer de brazos cruzados, mientras miraba hacia el océano—. Nuestros pasaportes son una vergüenza, jamás se habrían tragado que somos italianos... bueno, quizás contigo habría sido diferente, digo, con tu porte itálico y tu acento de comedor de pizza...
—Uhmnn... —murmuró Tom.
—REVIL ya reservó una habitación de hotel cerca de Craco... —habló Lilith mientras se acomodaba mejor sobre las cajas de madera que suponían ser sus asientos—. A nombre del señor Marchetti y la señora Berlusconi, por su puesto... —espetó divertida—. Creí necesario pasar por un hotel, necesito darme un baño y acceder al botiquín para atender mi herida.
—Estoy de acuerdo... —musitó él.
—¿Qué te pasa? —inquirió seria mientras lo observaba.
—Nada... —respondió Tom, quien mantenía la mirada perdida desde hacía bastante.
La agente siguió el curso que tenían los ojos del inglés y se encontró con una pequeña tienda, la cual tenía pan a montones, además de frutas y verduras en sus escaparates.
—Oh, ya veo... —espetó ella.
El inglés miraba hacia la comida como si la vida se le fuera en ello.
—Tengo frío... —susurró la mujer de repente.
Saliendo de su trance de inmediato, Tom la miró fijo y se quitó su chaqueta para cedérsela.
—Ponte esto... —dijo mientras la cubría con la prenda.
Ella sonrió de lado ante el acto.
—Quédate aquí, vuelvo en un momento. —ordenó poniéndose de pie.
Lilith comenzó a caminar hacia el puesto de comida, mientras metía solo un brazo en una de las mangas de la chaqueta y el otro lo escondía en su espalda.
Había mucha gente al interior de la tienda y cumplir su cometido no fue demasiado difícil.
Volvió hasta él en menos de dos minutos.
—Aquí tienes... —habló extendiéndole un pan de Túnez y una manzana.
—¡Oh dios! —farfulló él mientras tomaba ambos alimentos y miraba sobre sus hombros con nerviosismo—. No puedo creerlo, robaste para mí...
Ella soltó una risa.
—¿Cómo podré pagarte? —habló observándola con una sonrisa.
—Sigue portándote bien, no metas la pata y rehúye de ser el causante de mis dolores de cabeza, con eso me conformo. —respondió ella.
Él asintió, mientras le daba una gran mordida a la manzana.
—¿Quieres la mitad? —interrogó extendiéndole la fruta
—No, estoy bien. —respondió ella—. Toda mi energía se concentra en mi mente cuando estoy en una misión, y mi estómago pierde la capacidad de hacerme sentir hambre.
Tom la miró sorprendido mientras le daba una segunda mascada al rojo fruto.
—Entonces somos muy diferentes... —dijo él—. Cuando tengo hambre mi cerebro no funciona bien, es como si me volviera lento y torpe...
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La Orden Doce
FanfictionTom Hiddleston, un economista brillante, introvertido pero encantador, es requerido por la CIA para un caso muy importante. Hiddleston es designado como compañero de Lilith Kemp, una agente antisistema y con serios problemas contra la autoridad. Al...
