XI

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Meto mis cubiertos dentro de mi pequeña fuente que uso para transportar la comida del almuerzo y luego pongo la tapa

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Meto mis cubiertos dentro de mi pequeña fuente que uso para transportar la comida del almuerzo y luego pongo la tapa.

—¿Quieres ir a dar un paseo? —me pregunta Samael y asiento.

—Nos vemos más tarde —le digo a mis amigos, quienes ya saben que de vez en cuando paso algo de tiempo junto a Samael.

—¿Quieres ir a hacer algo? —le pregunta Javier a Azrael, mientras me pongo de pie —Ver a estos dos besuquearse cada 5 segundos me da asco —dice haciendo referencia a Lu+Lu.

—Puedo llevar sus cosas al salón —me ofrezco antes de abandonar por completo la mesa.

—Vale. 

Javier toma las cosas de Azrael y me las extiende junto a las de él. Salimos los cuatro juntos al pasillo, pero luego tomamos caminos diferentes. Meto mis cosas en la mochila, mientras que las de mis amigos las dejo sobre sus mesas, ya que no quiero irrumpir en la privacidad de sus mochilas. 

En el camino al patio, Samael no dice nada, pero me mira sin intentar disimular, con esa sonrisa tan peculiar que tiene, sonrisa que puede hacer derretir a cualquier persona. Aún no sé cómo sigo viva luego de verlo sonreír repentinas veces.

—Ayer luego de que llegaran los bomberos y nos enviaran a casa, no pudimos hablar —dice cuando nos hemos sentado en la una banca un poco alejada del resto de personas.

—Me dedique a conversar con Lu —me encojo de hombros —no pensé que nos enviarían a casa por algo tan pequeño.

—Por mi genial —estira sus piernas —Me suele aburrir rápido el colegio.

—Como a cualquiera —me río.

—¿Ayer estabas con Azrael? —pregunta borrando la sonrisa que tenía hace unos segundos.

—¿Por qué lo preguntas?

—Llegaste con él afuera y no estabas en la clase.

Que idiota puedo llegar a ser de vez en cuando. Claramente todo mi salón notó eso, entre 21 alumnos se nota con bastante facilidad cuando falta alguno y en este caso eran dos personas las que faltaban, por lo que llamó aún más la atención, además de que llegamos juntos, lo que podría malinterpretarse.

—Nos encontramos en el camino —miento —Yo me sentí un poco mareada, por lo que no quise entrar a la clase, y a él lo vi cuando comenzó a sonar la campana —en respuesta solo me da un rápido asentimiento de cabeza.

No sé porque miento respecto a eso, quizás sea porque la capilla parecía ser un lugar íntimo para Azrael, por lo cual no debería hablar de ello, además, algo dentro de mí dice que no debería contarle a Samael que paso tiempo con otro chico. No estoy muy segura de sí Samael me gusta, pero sí es evidente que siento un poco de atracción hacia él.

—¿Por qué no te agrada? —pregunto al ver que no responde. 

—En ningún momento he dicho que me desagrada.

El collar de la MuerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora