XXXIII

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Al sentir un poco de dificultad para pedalear debido a lo rocoso que se pone el camino en esta altura, dejo mi bicicleta de lado y comienzo a correr hasta llegar a la tumba que le hicimos a Flaño hace unos años atrás

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Al sentir un poco de dificultad para pedalear debido a lo rocoso que se pone el camino en esta altura, dejo mi bicicleta de lado y comienzo a correr hasta llegar a la tumba que le hicimos a Flaño hace unos años atrás.

—¡Lucas! —grito al ver a mi mejor amigo de rodillas frente a la pequeña cruz.

—¿Abby? —me mira un poco confundido —Te dije que descansaras. 

—Yo... —me acerco a él —No quería que estuvieras solo —me arrodillo a su lado —Después de todo Flaño era la mascota de los dos. 

—¿Quieres acomodar las flores? —me extiende el pequeño ramo de flores amarillas que estaba por acomodar —Siempre las dejo mal puestas.

 —Dámelas —se las quito.

Acomodo las pequeñas flores en el viejo vaso plástico que hay junto a la cruz. Flaño se sienta junto al macetero improvisado y me mira fijamente como si intentara trasmitirme algo más. 

—¿Trajiste tu bicicleta? —le pregunto a Lucas.

—No —niega con la cabeza —Preferí venir caminando o de seguro las flores llegarían destrozadas —me explica —No quise recogerlas del bosque y las robé del florero de mamá —se ríe.

—Pequeño ladrón —lo molesto.

—¿Volvamos al pueblo? —asiento.

—¿Podemos volver por el camino largo?

—¿A qué se debe eso? —me pregunta confundido.

—Quiero pasar tiempo contigo —le sonrío —Ser algo así como una mejor amiga chicle —suelto una pequeña carcajada.

—Está bien —me ayuda a levantarme del suelo —Pero démonos prisa antes de que comience a oscurecer.

Caminamos a dónde está mi bicicleta y cambiamos el rumbo de nuestro camino, mientras Flaño camina delante de nosotros. Ir por el lugar contrario servirá para que Azrael no me encuentre junto a Lucas, porque de seguro va a querer detener lo que sea que va a pasar. Sin embargo, sigo sin comprender que va a pasar, porque Flaño me guió a su tumba, pero ahora está caminando delante de mí. 

—¿Subamos a la bicicleta? —me pregunta Lucas con una sonrisita juguetona.

—La última vez casi terminamos en el hospital —le recuerdo. 

—No seas una aburrida —me da un empujoncito.

Como veo que el felino comienza a acelerar su velocidad, acepto la loca petición de Lucas y me subo a la pequeña parrilla intentando no rozar las ruedas, mientras él se sienta en el sillín para comenzar a pedalear.

—¡Más rápido, Lucas! —chillo.

Mi amigo sigue pedaleando, pero comienza a bajar la velocidad a medida que nos acercamos a la línea del tren, un lugar por el cual no pasamos muy seguido, porque según nosotros tiene una vibra extraña, algo así como fantasmal.

—Deberías bajarte —me sugiere mi amigo. 

—Vale, vale. Ayúdame.  

Él hace caso a mi petición y me ayuda a bajar entre risas. Dirijo mi mirada en dirección al gato, quien se detiene en mitad de la línea del tren y luego salta como si tuviera susto de algo, para finalmente desaparecer del lugar en un parpadear de ojos.  

¿Qué pasa, Flaño?

—No te quedes ahí como una boba —me dice Lucas mientras comienza a avanzar con mi bicicleta a su lado. 

—Voy. 

A lo lejos se escucha el sonido del tren, por lo que me apresuro a cruzar, mientras mi amigo mueve mi bicicleta. Me giro a ver a Lucas, pero él está con la rueda de mi transporte atascada entre las vías del tren. Desvío la mirada de él encontrándome con un rostro del que estaba escapando.

—¡Abigail! —me detiene Azrael, a lo que Lucas se gira mirando curioso. 

—Date prisa, Lucas —digo un poco inquieta.

—¿Qué hace él aquí? —pregunta Lucas ignorando mi petición. 

—Date prisa —chillo una vez más, a medida que Azrael se sigue acercando con su mano apoyada en su pecho, como si estuviera débil. —Muévete, Lucas. 

—Tu estúpida bici no se mueve —se queja.

El sonido del tren cada vez se hace más cercano y es como si comenzara a ver las cosas a mi alrededor de manera más lenta. A pesar de la dificultad que muestra Azrael para moverse, lo veo acelerar sus pasos mientras que Lucas sigue discutiendo con mi bicicleta ignorando el fuerte ruido a su alrededor. 

—¡Lucas! —grito al ver como Azrael está a punto de tomarlo para detenerlo ¿Acaso está dispuesto a arriesgar su vida para dejar morir a mi mejor amigo?

Con toda la fuerza que tengo me abalanzo sobre mi mejor amigo, porque por primera vez desde que conozco a Azrael no siento ninguna compasión por él, incluso diría que siento una especie de repulsión.

—¡Ah! —grito tan fuerte, que mi garganta duele como si la estuvieran desgarrando. 

Siento el dolor recorrer mi cuerpo, mientras veo el cielo un poco borroso, como si las nubes se dispersaran lentamente a medida que una pequeña lágrima tibia se escapa de mi ojo y baja por mi mejilla.

—Abby ¿Estás bien? —pregunta Lucas en tono preocupado interponiéndose en mi campo visual. —Abby —repite. 

—Es... estoy... estoy bi... bien —digo finalmente. 

Él me acerca a su cuerpo y me da un abrazo, mientras yo miro por sobre su hombro que mi bicicleta ya no está, así como tampoco veo a Azrael por ningún lado. Por primera vez puedo decir que le tengo un poco de miedo a Azrael, ya que es la primera vez que lo veo empeñarse tanto en detenerme.

¿Acaso nunca sintió esa extraña atracción por mí y sólo quería intentar mantenerme quieta? Entonces... ¿Quién es el malo de la historia? ¿Azrael? ¿Samael? ¿Ambos?

 ¿Quién es el malo de la historia? ¿Azrael? ¿Samael? ¿Ambos?

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El collar de la MuerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora