XIV

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Me lanzo sobre mi cama con una sonrisa boba y soltando un largo suspiro

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Me lanzo sobre mi cama con una sonrisa boba y soltando un largo suspiro. Luego del beso con Samael me sentí en las nubes el resto del día, claramente intentando disimular, porque no me sentía preparada para confesarle ese hecho de mi vida a mis amigos.

¿De verdad le gusto yo? O solo estaba intentando cerrarme la boca para que no le hiciera más preguntas. Aunque, también cae la opción de que quiera anotarme a una especie de "lista de conquistas", la cual es mi suposición menos favorita.

Me levanto de la cama para poder quitarme el uniforme del colegio, pero siento una punzada bastante fuerte en mi espalda, como si me hubieran enterrado alguna especie de daga filosa. Respiro de manera pausada, mientras espero que el dolor desaparezca de mi cuerpo. Al perder un poco de dolor, me muevo de manera suave, para evitar sentir aquella punzada una vez más.

Me prometí a mí misma que iría a ver como se encuentra Yanara y no dejaré que un repentino dolor de espalda arruine mis planes.

Me cambio la ropa y tomo mi mochila para meter mi suéter, mi celular y algo de dinero, aunque dudo que lo use, sin embargo, mi mamá dice que es mejor prevenir que lamentar.

El camino a casa de mi profesora se me hace bastante corto, lo que me pone un poco nerviosa, porque no sé qué diré cuando la tenga frente a frente, sería muy bobo de mi parte decir "Hola ¿Cómo estás? Luego de que estuvieron a punto de matarla.

Dejo mi bicicleta junto a la reja y tomo una gran bocanada de aire.

—Vamos, Abigail —me digo a mí misma —Tú puedes —mis nudillos hacen contacto con la puerta y me quedo unos segundos esperando.

—¿Quién es? —preguntan a través de la madera y diría que la voz denota un poco de temor.

—Soy Abigail —elevo un poco el tono de voz —Abigail García.

—Dame un segundo —escucho como si quitaran 3 cerrojos y luego aparece el rostro de mi profesora, con unas llamativas ojeras.

—Hola —saluda.

—Hola, Abigail —responde —Pasa —se hace a un lado y me deja entrar —¿Qué te trae por aquí?

¿Acaso no es obvio?

—Venía a ver si necesitabas algo —me siento en un sofá pequeño frente a ella —Y a ver cómo te encontrabas digo en voz más baja.

—Gracias por tu preocupación —me da una sonrisa triste —Si no fuera por ti y Samael, quizás no estaría aquí.

—Ojalá hubiera llegado antes.

—Llegaste a tiempo —dice en voz baja —¿Le has contado a alguien lo ocurrido? —niego con la cabeza —¿Samael? —vuelvo a negar —agradecería que no hablaran de ello.

—No es nuestro asunto, no hablaremos de ello —la tranquilizo —Vamos a respetar tu privacidad.

—Gracias —sonríe de medio lado, pero su rostro nuevamente vuelve a tornar esa aura de tristeza.

El collar de la MuerteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora