25. Tengo un poco de mal genio

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Briar y Sirius se sentaron en asientos uno frente al otro frente a la chimenea. Ambos miraban fijamente el fuego, y Briar sostenía una taza de té humeante entre sus dedos temblorosos, pero todavía no había bebido un sorbo. No se atrevió a abrir la boca ya que el silencio había comenzado a extenderse durante tanto tiempo. 

Después de unos momentos dolorosamente silenciosos, Sirius finalmente se aclaró la garganta y suspiró –No sabía que vendrías.

–¿Me conoces?

Sirius miró a Briar por primera vez desde que entraron en la habitación. Él asintió con la cabeza y murmuró –Tu madre me habló de ti. Ella esperaba que fueras como ella y no como tu padre. Sin embargo, nunca te conocí. Todo sucedió demasiado rápido, y me llevaron antes de que pudiera ver una fotografía tuya.

Un silencio llenó el espacio entre ellos mientras los horrores tácitos que habían enfrentado llenaron sus pulmones e hicieron imposible encontrar algo de aire para hablar. 

Pasaron los momentos, y Briar se movió en su asiento antes de comentar –La llamaste Thorn. ¿Ese era su apodo en la orden?

Sirius frunció los labios y miró sus manos gastadas en su regazo. Briar pudo ver el dolor grabado en sus cejas bajas y labios fuertemente caídos. Explicó –Ese era su apodo en Hogwarts. Sin embargo, lo usó en el orden como una especie de nombre en clave para sí misma.

–¿Y cómo te llamabas tú en Hogwarts?

–Canuto– respondió con una fuerte exhalación –Todos teníamos apodos basados ​​en nuestros animagos. El suyo era un erizo, y todos comenzamos a llamarla en broma Thorn después de eso.

Briar parpadeó ante la repentina sonrisa en el rostro de Sirius mientras recordaba sus mejores momentos, cuando su madre aún estaba viva. Comenzó a jugar con las manos en su regazo y se preguntó –¿Quiénes eran?

Sirius miró a Briar luego con una expresión pesada y ojos conocedores. Suspiró –Yo, Rem... el profesor Lupin, James Potter, Lily Evans y Peter Pettigrew, el traidor.

–¿Mamá era amiga de los Potter?

–Todos éramos mejores amigos, pero probablemente te lo ocultó para mantenerte a salvo... Todo lo que hizo fue tratar de mantenerte a salvo y evitar que esta guerra que se avecinaba te afectara– confesó Sirius. 

Un silencio cayó sobre los dos mientras se sentaban en sus lujosos asientos y miraban el fuego hirviendo que ardía a lo largo de esta dolorosa conversación. Briar observó cómo algunas brasas surgían de las llamas antes de que volvieran revoloteando hacia la pila humeante de cenizas debajo. Cada uno de ellos se perdió en sus propios pensamientos cuando los recuerdos que tenían de Euthalia Davies, la mujer que lo perdió todo por culpa de un hombre horrible al que Briar desafortunadamente llamó padre, resurgieron y se burlaron de sus mentes.

Como si pudiera leer su mente, Sirius escupió –¿Cómo está Gideon?

–Padre es el mismo de siempre: despreciable y despiadado– replicó Briar con el mismo tono venenoso.

Cayeron en un tenso silencio de nuevo, cada uno con docenas de pensamientos y preguntas dando vueltas en sus mentes, pero ninguno pudo encontrar las palabras.

En ese momento, la puerta se abrió y golpeó la pared con fuerza para revelar a los gemelos Weasley parados del otro lado con algún artilugio extraño en sus manos. Ambos abrieron mucho los ojos y se alejaron corriendo cuando Briar les dirigió una mirada un poco seria. Sirius comenzó a reír segundos después y susurró –Ah, tu madre siempre reaccionaba de la misma manera ante las travesuras de James y yo. Era aterradora por derecho propio, y estoy seguro de que tienes el mismo efecto en los demás.

𝐓𝐇𝐎𝐑𝐍 |𝐍𝐞𝐯𝐢𝐥𝐥𝐞 𝐋𝐨𝐧𝐠𝐛𝐨𝐭𝐭𝐨𝐦| ✓Donde viven las historias. Descúbrelo ahora