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La dama Dolores con una de las llaves plateadas que poseía, sacó el libro prohibido del conjuro, ése libro gris abominable con demasiado poder para el que obtuviera el deseo hambriento del poder.
El problema es, que ningún vampiro ha sobrevivido soportando tanto poder una vez que lo obtenga, para ser honesta... el poder deseado duraría dentro del sujeto temporal y luego destruiría su ser interior por completo, la parte más importante su conciencia... volviéndolo un despistado monstruoso, e incluso encontraría su destino haciéndose polvos. - Bueno, según lo que me contaron lo sucedido a un vampiro hace dos siglos atrás, por usar esté poder... se convirtió en polvo.
El joven Ash Leonardo lo sabía a que se está confrontando pero lo que no tiene idea que tan riesgoso y mortal puede ser, y todo por el deseo consumido de asesinar a unos bastardos sin escrúpulos de vampiros que irrumpieron en su granja hace muchísimos años. No puedo... imaginar su dolor, un dolor que se hace presente para siempre sin importar cuántos siglos pasen frente a sus ojos.
Lo que mi amigo y camarada loco Ash quiere lograr es la justicia, más que venganza, detener al villano y a sus secuaces una vez por todas. Yo creo que... no hace falta el poder maligno de esté libro para vencer al asqueroso tres colmillos, Ash es fuerte más que todos nosotros juntos y lo ha demostrado, le vi y soy testigo de lo que es capaz con sus habilidades. Y si con Emilia no estuvieran peleados, serían los dos la pareja perfecta para entrar a la batalla, uniendo sus poderes e intercambiando estrategias como familia, seguramente tendríamos la victoria asegurada al cien, pero no.
Con el poder que hay en su interior de está cosa peligrosa... tengo mis dudas si venceremos, o peor que el propio Ash Leonardo nos termine de asesinar.
— ¿Te encuentras bien? —Me preguntó, la dama Dolores, mujer y compañera del señor Alexander. Una anciana que se ve igual y está envejeciendo por su descuido y mala sangre del labor. Bueno, es un caso raro de que en la piel de un vampiro le aparezcan arrugas.
Yo veía detenidamente el libro entre mis manos con símbolos muertos de alguna parte del inframundo.
Respondo luego de reaccionar a su mirada que me buscaba.