Adam estaba terminando de leer un nuevo guion, mientras disfrutaba de una enorme dona de maple con tocino y su buena taza de café, cuando unos toques en la puerta lo hicieron quedarse a medio camino en una mordida.
-Adelante...-. Comentó frunciendo el ceño aunque sin perder el buen ánimo, dejando de nuevo en la servilleta sobre el escritorio su bocadillo, un segundo después de que la cabeza de su secretaria se asomó
-Señor...-. Llamó con un tono tranquilo, revelando que alguien más estaba al otro lado pues la formalidad estaba guardada solo para cuando había público, usualmente le llamaba por su nombre; luego entró completamente cerrando la puerta para hacer el asunto más privado. -El Licenciado Grayson Lynch quiere saber si puede atenderlo en este momento, o si es posible agendar una cita lo más pronto posible...-. Explicó acercándose a él para entregarle la tarjeta de presentación que tenía en la mano...
- ¿Dijo que asunto lo trae aquí? -. Preguntó antes de poder mirar el pequeño cartoncillo en su mano. De un negro perfecto con letras elegantes en dorado que resaltaban el nombre ya escuchado, maldijo comprendiendo la situación apenas leyó el bufete que amparaba al susodicho
-No...-. La mujer negó con condescendencia. -Igual que los que vinieron antes...
-W Legal & GT. ¿Cuánto ha pasado desde la última vez que estuvo uno aquí fastidiando?
-Cuatro meses, casi cinco. Te sugeriría que aceptes cual sea el trato que te ofrecen ya que parecen incapaces de rendirse; pero tampoco me molesta tener que ver cada dos por tres a uno de los suyos, cuando en lugar de un bufete de abogados parecen más una agencia de modelos...-. Una sonrisa sinvergüenza estiró los labios de la mujer que ya rondaba los mediados de sus cincuenta, pero poseía una presencia que a veces hacía dudar a Adam quien era el jefe de quien... - ¿Piensas que ponen abiertamente en sus requisitos excelente apariencia, o solo lo hacen patente en sus contrataciones?
El agente torció los labios meditando seriamente lo que escuchó porque ella decía la verdad, todos los que fueron tenían un aspecto envidiable, motivo por el cual se había dado el pequeño gusto de hacerles una contraoferta para ser él quien los representara y no al revés; sin embargo, el marcador todavía estaba cero-cero, ya que ninguna de las partes cedió.
-Creo que son ambas cosas...-. Asumió encogiéndose de hombros, recordando al hombre que era dueño de la compañía. -Dile que pase, de todos modos, seguirá sentado esperando si me niego...-. Y probablemente todavía recibiría una fortuna en sus honorarios solo por increparlo...
-Yo no tengo problema con eso...-. Volvió a confirmar la mujer...
-Pero yo sí, me ponen de los nervios...-. Pretendió un escalofrío antes de una risa burlona al verla suspirar rendida
-Está bien. ¿Le ofrezco café?
-No, solo tráelo dentro de unos cinco minutos; que sea el especial por favor...
-Como quieras...-. Asintió antes de salir...
En lo que su preciada secretaria hacía su trabajo, él se tomó el tiempo de esconder la dona que todavía le hacía ojitos y se burlaba de su mala suerte al no poder devorarla, dentro de un cajón superior central. Otros temerían no ensuciar las cosas en su interior, pero como en ese lugar solo guardaba otro tanto de bocadillos con la misma calidad nutritiva, no se preocupó demasiado.
El hombre que entró a continuación debía rondar el final de sus treinta o principio de los cuarenta. Atlético, alto, con un traje a medida de excelente calidad y postura recta, podía imaginarlo sin problemas en una pasarela.
La conversación en general no distó demasiado de las anteriores, las cartas ya se habían establecido tiempo atrás por lo que esto era un simple recordatorio de lo que podía ocurrir, una amenaza que le tenía sin cuidado, y finalmente un ofrecimiento de riquezas incomparables; se le antojaba ya más aburrido que desafiante porque no existía nada nuevo en el ritmo excepto por el aumento en los ceros que tenía el cheque extendido en la mesa, lo que le hizo preguntarse si tenía vena de santo por seguir negándose el placer de aumentar su cuenta bancaria. En fin, lo único remarcable en aquella situación era la cara del sujeto cuando dio un sorbo al veneno (no existía otra forma de llamar a líquido) que le dieron con finta de café; una lástima que no se dignara a dar otro.
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Como en mis libros...
ChickLitCameron Cross, una famosa escritora reconocida mundialmente por sus historias que van desde fantasía épica, hasta romance paranormal, ha lanzado al mercado su nuevo libro, haciendo una entrada triunfal en el género de la literatura erótica. Ningún c...
