CAPITULO XXXIV

423 53 130
                                        

A Natalie se le fundieron las neuronas.

El impacto de los labios de Nick, el calor que irradiaba su cuerpo, el aroma que la seducía, y el movimiento de sus manos que pasó de una caricia delicada en sus mejillas, a un abrazo posesivo sobre su espalda, la salvaje embestida de su lengua cuando encontró camino a través de su boca...era simplemente demasiado para soportar; había pasado los últimos años imaginando esto, y ahora que lo tenía ni siquiera era capaz de asimilarlo.

¿Cómo? ¡Nicolas Conte la estaba besando! Y de qué manera...

Entonces una de sus pequeñas amigas pensantes se levantó medio ebria de la felicidad, y en medio de hipidos se burló diciendo que lo estaba imaginando. Eso sí que tenía sentido. Solo que su sistema nervioso estuvo en desacuerdo, porque joder, se sentía demasiado real para que fuese una mera fantasía.

Era demasiado.

El latido de su corazón, el correr de su sangre, el hormigueo a través de su piel, el instinto primario que crecía desde su núcleo femenino... Dios, el hombre era salvajismo puro en un contenedor de caballero.

-Naty ¿Quién e... ¡Carajo!-. La voz de Cat fue un grito en la última palabra, pero para la escritora sonó tan, pero tan lejana, que fue un milagro todavía la escuchará. -Lo siento, lo siento mucho, no quería... yo no quería...-. ¿Nick?-. Sus neuronas no se habían fundido, pero tenían serios problemas tratando de entender lo que acababa de ver...

El primer pensamiento del doctor, fue una maldición hacia quien quiera que fuese que los había interrumpido; pero luego de que lograra identificar el tono de voz, el juramento fue hacia sí mismo por idiota, ya que no tuvo la precaución de asegurarse que Naty estuviera sola en casa. Por supuesto, en su defensa la tentación le había nublado el juicio, no se suponía que la besaría de esa forma... en ese momento, mejor dicho.

-Cat, buenas tardes...-. Saludo como si nada, tratando con toda su fuerza de voluntad de separarse de la mujer que deseaba más que nada en el universo. Por fin lo había logrado, por fin había probado su sabor, y estaba seguro que acababa de volverse un adicto.

Era justo lo que esperaba de ella.

Suave, delicada entre sus brazos, y con una energía vibrante en cada molécula que la conformaba, que la hacía tan extraordinaria como los personajes que creaba. Deliciosa y fresca como un jugo de cítricos... en realidad, era mejor de lo que esperaba, mucho mejor.

-¡Nick!-. Tres tonos más arriba de su habitual, la castaña todavía no podía organizar las ideas en su cerebro. No iba a mentir diciendo que no esperaba por esto desde hacía... unos dos años atrás (antes su hermana era demasiado pequeña para él)... pero verlo así tan de pronto fue un poco demasiado para manejar. Especialmente porque la escena era erotismo al 100% -Hola...-. Más normal. -Amm lamento la interrupción, yo no...

-No te preocupes, soy yo quien lamenta la sorpresa...-. La fachada pulcra que siempre mostraba de nuevo estaba impecable. -Vine para invitar a Naty a comer ¿Te gustaría acompañarnos?-. Si decía que sí, sería un desafío seguir comportándose educadamente

-Oh...-. La cosa fue que cuando Cat se enfocó en su hermanita, se dio cuenta que si presenciar algo así, fue impresionante, vivirlo había dejado a Natalie en un coma fantasioso/realista. Totalmente inmóvil, ida, y con un brillo en los ojos que daba miedo; aunque ahora también se le sumaba el rojo en las mejillas. El problema es que no podía hacer nada por ayudarla, salvo dejarla sola con él.... detalle que la asustaba porqué ¿Y si le saltaba encima? La creía malditamente capaz de hacerlo, y no se lo reprocharía, el hombre era un monumento a la masculinidad; pero... -No... No, yo de hecho, ya me iba...-. Tomó su bolso de la mesita de entrada, y comenzó a buscar por las llaves. -Aprecio el gesto, pero supongo ustedes dos necesitan hablar...-. No pudo evitar el énfasis en la palabra -... a solas-. Encontró lo que buscaba, y se acercó hasta la escritora, posando la mano sobre su hombro para darle un apretón tan fuerte como sus fuerzas se lo permitieron. -Nos vemos luego...-. Terminó con la retirada

Como en mis libros...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora