CAPÍTULO XLVI

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Conforme avanzaban hacia su destino, la ansiedad de Natalie hacía un baile con su entusiasmo; tenía tantas, pero tantas expectativas en este viaje que sencillamente no podía esperar para ver las caras que ponía Aaron cuando viera las cosas que planeó. Sabía que no era bueno hacerse una idea preconcebida de lo que pasaría, pero no podía evitar imaginarse todo ello ¡De eso vivía! Además, siendo honesta esto era mucho más por ella que por él.

Hacía tanto tiempo que no organizaba algo por su cuenta, una eternidad que no se emocionaba por un viaje, que no disfrutaba elaborar un itinerario o hacer su maleta sin estrés; que no se sentía un estorbo para los que le rodeaban...

Era bastante liberador volver a ser dueña de sus decisiones, tomar el control de lo que quería hacer, porque a pesar de que aún tenía problemas para caminar en medio de aquella multitud y haber sido meticulosa para evitar en su mayoría situaciones semejantes para el resto del viaje, todavía cada detalle fue pura y meramente su elección, nadie la ayudaría, no habría hermana, agente o amigo para protegerla porque así lo quiso; igual que hizo al ser sincera con Nick, al alejarse a pesar de que estuvo años aferrada a su fantasía y seguramente hubiera sido mucho más fácil quedarse a su lado. No, esto era todo lo opuesto a su zona de confort, las náuseas que sentía eran un claro indicador; pero así era la vida y al menos pretendía gozar lo que pudiera.

Por todos los cielos había rentado un maldito jet privado, podía conquistar el mundo si se lo proponía, formar un ejército con sus lectores para apropiarse de... de acuerdo, podía estar divagando... la cosa era que ayudar a un hombre maravilloso a descubrir su valor quitándole de encima a un idiota que lo veía como un objeto debería ser pan comido, y si también se divertía, bueno, qué podía salir mal. O al menos eso pensaba hasta que escuchó la voz de sus pesadillas.

Por un segundo, estaba segura que cómo lo había invocado en sus pensamientos su ansiedad era la responsable de reproducir en su mente el espantoso sonido para molestarla; luego, meditó sobre qué tan loca debía considerarse, especialmente por lo del ejercito; al tercero su lado más religioso tomó el control jurando cuan buena sería si esto era solo una mala broma de su inconsciente; al final, se puso a enumerar los mejores sitos para esconder un cadáver asegurando su camino al infierno.

La castaña se volvió sobre su hombro al mismo tiempo que lo hacia Aaron, quien por su parte ya había escrito el epitafio perfecto para la tumba de su hermano en su mente; y cuando ambos lo vieron siguiendo su estela la adrenalina se les disparó en el sistema por motivos diferentes que desembocaban en la misma meta.

-No es parte del plan ¿Verdad? -. Por si acaso, el actor sintió la imperiosa necesidad de acelerar el paso

-Solo si es para enterrarlo y matarlo...-. Respondió sombríamente sincera

- ¿No es al revés? -. No era el momento para preguntar, pero la duda le ganó

-Quiero que sufra...-. Su nariz se frunció luego de que se diera cuenta que en vez de pensarlo dijo esa secuencia de frases, ya que probablemente a Aaron le hacía feliz tenerlo cerca; sin embargo, al levantar la vista hacia él una sonrisa divertida fue lo único que encontró...

-Me agrada, pero hay demasiados testigos...-. Con un movimiento rápido ajustó el agarre de sus manos cambiando de ser sostenido por ella a entrelazar sus dedos, el pequeño pero significativo gesto dentro de los detalles románticos en una novela o película que se respetara, captó por completo la atención de Natalie logrando la imposible tarea que el universo a su alrededor dejara de existir por ese instante. -Guíame...-. Dijo asintiendo dando un ligero apretón en sus ya unidas manos...

La determinación de la escritora estalló como la lava de un volcán en erupción, y su cuerpo vibró por andar a la misma velocidad que los latidos de su corazón.

Como en mis libros...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora