CAPITULO XX

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Habían pasado dos días desde que Adam llegara a San Francisco, y la escritora todavía no podía superar la información que obtuvo de su inesperado espionaje. Cada que estaba cerca de ellos, se transformaba en una fanática de terror, que inspiraba de todo menos romanticismo; lo cual, aunque a los demás no les pareciera, era bueno para su negocio.

Bajarla de la nube en la que se había instalado, requería ya fuera de un golpe bien duro, o varias horas frente a su querida máquina de escribir, desbordando el amor que le saltaba por los ojos; literalmente, parecía que tenían corazones cada que se centraba en ese par de bellísimos hombres; sin contar los suspiros que no paraba de soltar. Por lo tanto, había elegido la segunda opción para drenar sus emociones. Pero todavía no llevaba ni un 50%, lo cual estaba quedando más que claro esa tarde, cuando en un completo frenesí, Natalie pasaba de Aarón a Adam, y de Adam a Aarón, al menos, de cada cuatro a cinco segundos.

En un principio, todo el asunto no parecía gran cosa, de hecho, el ego de Adam se inflo modestamente ante los comentarios de la escritora, quien no dudó ni un instante en hacerle saber lo apuesto que le parecía, además de preguntar realmente interesada, si podía usarlo de modelo para uno de sus personajes. Naty pensaba que él sería perfecto para ser el héroe en la historia donde Aarón era su villano. Sin embargo, llegados a este punto, ya había pasado del orgullo al miedo, y del miedo a una total incomodidad.

Por su parte, el actor la estudiaba con cierto recelo. Todavía no asimilaba que su problema fuera la agorafobia, especialmente por lo abierta que era con las personas cuando se encontraba en su casa (solo le faltaba colgársele del cuello a Adam); ya que si lo ponía en perspectiva, diría que le iba mucho mejor la bipolaridad. Su temperamento subía y bajaba más que las líneas en un monitor cardíaco.

Aun así, la escena en general resultaba bastante cómica; pero como notaba que su amigo estaba a nada de salir corriendo para nunca regresar, decidió que era tiempo de intervenir. Especialmente porque aun necesitaba que el buen representante terminara su trabajo.

-Nat...-. Torció el gesto. Seguro que Adam no se había marchado ya, solo porque no pudo resistir la ensalada de pollo, espinacas y mandarinas, que se estaba devorando en ese momento.

-Si...-. Ella volteo a verlo con una enorme sonrisa, para luego soltar un suspiro. Cada que lo veía, la palabra "amor" retumbaba en su cabeza; aunque su historia no tenía mucho de ello, había logrado mezclar algo interesante, presa de la revelación del siglo de su inquilino...

-En algún momento nos dirás a qué se deben tus suspiros...-. Le quitó el plato, haciendo su típica sonrisa de villano sexy. -¿O tendré que sacártelo a base de tortura? Esto ya se está volviendo incómodo...-. Soltó disfrutando de la gama de emociones que surcaron el rostro de la escritora.

Sorpresa, dolor (su platoooo), resentimiento, odio (el hambre es el hambre), reflexión, de nuevo sorpresa, vergüenza, diversión, resignación, y por último, malicia. Todo en un período de tiempo no superior a los diez segundos. Si pudiera pagar una fortuna por estar un minuto en su cabeza, no se lo pensaría dos veces para hacer el cheque, transferencia, o lo que le pidieran...

-Lo siento mucho...-. Explicó moviendo una mano al aire, como si quisiera restarle importancia al asunto. -Es solo que estoy leyendo un libro tan increíble, que no dejo de suspirar por el protagonista; además de que estoy escribiendo una nueva historia y... bueno, las emociones me sobrepasan...-. Dijo mirando de uno a otro, con la sonrisa más angelical que guardaba en su repertorio, sumado a un aleteo de pestañas...

Aarón torció el gesto, al tiempo que levantaba incriminatoriamente una ceja; no se compraba para nada la respuesta, pero honestamente, tampoco creía que fuese bueno escuchar la completa verdad. Lo asustaba imaginar la locura que sería eso.

Como en mis libros...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora