CAPÍTULO XLIX

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Regina se volvió hacia el celular que estaba en la mesa frente a ella. No Hacía ningún ruido ni se movía, pero la pantalla se iluminó por, bueno, no estaba segura de que vez era esta; mostrando el nombre de Aaron en ella. Suponía, dadas las circunstancias, que debía estar volviéndose loco por no encontrarla; en cambio, dirigiendo su mirada de nuevo a la escritora, era más bien como si acabara de salir de la mejor sesión de spa de su vida.

Con la postura del cuerpo relajado, un discreto pero evidente estiramiento en sus labios para acentuar su estado de ánimo, y el interminable tarareo de canciones mientras iba de un lado a otro en la habitación que acaban de tomar, descaradamente en el mismo hotel solo que bajo estrictas instrucciones de no revelarlo a su anterior compañero de cuarto; al principio había creído que podría ser parte del shock por la noticia, sin embargo, conforme más la observaba más confirmaba que realmente estaba feliz.

Ahora mismo estaba recibiendo un servicio a la habitación que fácilmente era todo lo que tenían en el menú para ofrecer, porque de acuerdo a lo que dijo, se sentía incapaz de dormir con tantas cosas en su cabeza, por lo que se daría un festín con una maratón de películas románticas... obviamente ubicadas en NY, para entrar en ambiente... en lo que esperaba a que su agente llegara.

Honestamente como psicóloga pensaba que era muy notable que Natalie no hubiera enloquecido con la noticia, estallado en ira por las mentiras, o simplemente hubiera escapado por el área gris que tenía que resolver; pero todavía estaba preocupada por lo que Gideon haría a partir de ese momento, y tenía un poco de lástima por Aaron, que de nuevo estaba llamando. Ese seguro si estaba a punto de colapso nervioso por no encontrarla, se lo merecía, pero todavía sentía lastima.

-He pedido varias cosas que son saludables...-. Comento la castaña mientras acomodaba el carrito surtido de comida hasta los bordes, a un lado de la mesa que estaba frente a ellas. Por supuesto había pedido otra suite, especificando que quería una gran pantalla; así que estaban en ese espacio. -Aunque puedes tomar lo que te plazca...-. Sonrió como un niño en navidad. -Como vez hay bastante para ambas...-. Luego se sentó tomando el control de la tv. -O como dije antes, eres libre de irte...-. La miró. -De verdad no tienes que quedarte a cuidarme, ya estoy bien...-. Terminó viendo hacia su celular, que de nuevo se iluminaba con el nombre de Aaron, aunque lo ignoró con pasmosa indiferencia...

-Debe estar muy preocupado por ti...

-Es parte de su castigo por mentiroso...-. Se encogió de hombros. -Nos habríamos ahorrado muchos problemas si tan solo me hubiera dicho las cosas...

-Bueno, no quiero hacer de abogado del diablo, pero eso habría hecho que lo corrieras de tu casa...-. Al darse cuenta que la escritora se giró para enfrentarla, levantó las manos en rendición. -Igual no es mi asunto, no tienes por qué darme explicaciones...

-¿Sabes qué es lo más gracioso de todo?-. Preguntó condescendiente levantando una ceja por encima del borde de sus anteojos. -Que hablando del diablo esté se encuentra en los detalles-. Al notar que a la modelo le brotaban signos de interrogación de la cabeza, suspiró y puso los ojos en blanco. -A todos se les olvidó que yo empecé a creer que Aaron era gay por culpa del rában...-. Carraspeó. -Ajam... Roland. Pero para cuando Roland entró en escena, Aaron ya vivía en mi casa...-. Hizo una mueca como si la alentara a que continuara ella con la historia...

-Oh Dios...-. Esbozó Regina dándose cuenta. -Cuando lo conociste creías que era heterosexual, y no te importo dejarlo vivir contigo...-. Que tontos habían sido...

-Bien pensado fue una locura invitar a un extraño a mi casa, podía ser un asesino serial o algo así...-. Agitó la mano desestimando sus palabras. -Pero obviamente soy débil a los rostros bellos ¿Qué puedo hacer? Mírame, aquí estoy contigo en mi habitación; eres tan bonita que no me importa que seas la prometida del hombre que quiero, y estoy contándote que planeo seducirlo...-. Chasqueo la lengua. -Soy un caso perdido...-. Exclamó con fingido pesar, atrapando el plato con una hamburguesa y papas fritas...

Como en mis libros...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora