CAPITULO XXIX

422 54 61
                                        

Con una sonrisa que tímida, pero con un brillo perverso en sus magníficos ojos azules, Roland provocó el suspiro que esperaba en la multitud. Era guapo. Lo sabía. Lo usaba. Sin embargo, en esta ocasión las cosas no estaban por completo a su favor.

Su reputación como casanova todavía era un misterio para él mismo. No estaba muy seguro de cómo había llegado a alcanzar semejante estatus, especialmente cuando ni siquiera estaba interesado en el género femenino para buscar una pareja; pero de alguna manera, sus atenciones educadas hacia cualquier dama, o persona en general, lo volvieron un cazador con estilo ante los medios.

Por supuesto, tal como siempre decía Lou, fue criado por una reina con la intención de convertirlo en príncipe, incluso cuando no era más que un plebeyo. Cosa que agradecía de sobremanera regresando el amor recibido.

Pero...en ese preciso momento, estaba ligeramente preocupado no por la chica en cuestión, sino más bien el que parecía estar interesado en ella. Era divertido jugar a molestar a Aarón, hasta que lo hacían enojar de verdad, y se daban cuenta que su carácter era tan denso como un muro de acero fundido. Él no había llegado nunca hasta ese punto, pero probablemente estaba muy muy cerca.

Aun así (y de verdad lo intentó) no pudo evitar disfrutar lo que pasaba.

-Bueno...-.Un parpadeo perezoso. -Yo no puedo hablar de ella...-. Respondió a la pregunta que le acababan de hacer respecto a lo ocurrido en la subasta

Si el cuerpo humano pudiese cambiar a líquido, la mayoría de las mujeres en la audiencia (sino es que todas, y algunos cuantos hombres) se habrían derretido.

-¡Oh vamos!-.... El presentador del programa de espectáculos se acerco más, como si fuese una plática privada. -Prometemos guardar el secreto ¿Verdad?-. Cuestiono al público, para obtener como respuesta un si -Danos algo...

-En ese caso...-. Un movimiento calculado sobre su asiento, una sonrisa lobuna, y su mejor mirada de inocente. Nadie se resistía a esa combinación. -Confieso que la conozco hace poco, pero es realmente extraordinaria; ese tipo de personas que pone tu mundo de cabeza y te hace querer tenerla cerca...-. Era deliberado y astuto; pero sobretodo suicida. Igual no se detuvo. -Quizás pronto pueda decir que tenemos una relación...-. Era cierto. -Pero de momento es todo...-. Terminó aguantando las ganas de sobarse las manos en plan malévolo...

-Entonces ¿Es la misma chica del pijama de Sailor Moon?-. La emoción por haber obtenido una primicia se le notaba al presentador en cada poro de piel. Las fotografías que habían sido captadas por los paparazzi se mostraron en una enorme pantalla tras ellos...

-Sí. Ciertamente lo es...-. Eso de alguna forma se sintió como las últimas palabras de un condenado a muerte...

********************************

Luego de que su hermana y su agente llegaran prácticamente derrumbando la puerta, y queriendo sacarle la verdad a punta de amenazas; Bárbara hizo a todos callar, luego de recibir una alerta de que el actor estaba en un programa de espectáculos.

De saber lo que iban a escuchar, la escritora se habría negado en redondo a permitir que lo vieran.

Aunque a decir verdad, le dieron muchas ganas de reírse; no esa risa nerviosa que te da cuando no sabes que hacer para salir vivo de la situación, no, eran ganas de soltar carcajadas por la estupidez que acababa de escuchar, y especialmente la forma. Roland Taylor era un maldito hijo de puta, pero eso sí, con gracia y estilo.

No obstante, Natalie decidió que era bueno aguantarse, o en todo caso, hacerlo interiormente; ya que si sonreía frente a los otros, seguramente crearía más problemas de los que ya tenía.

Como en mis libros...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora