CAPITULO XXVI

509 52 38
                                        

La escritora miró una vez más al espejo, y como siempre le ocurría luego de que Jay hiciera su magia en ella, se sorprendió por el reflejo que mostraba su imagen.

No es que no se apreciara a sí misma, de hecho, se consideraba una mujer de estándar promedio, o mejor dicho normal. Con un poco de maquillaje, y algo de esmero en su cabello, solía verse bastante bien; sin embargo, cuando su amigo la ayudaba, los resultados que obtenía ni siquiera necesitarían retoques en una fotografía.

Aunque claro, ese era su trabajo y como él siempre decía: Era el mejor en ello...

Por su parte, el susodicho terminaba de arreglarse en el baño de su habitación. Todavía no podía creer que hubiese accedido a quedarse en su casa esos días, cuando nunca antes aceptó, porque le parecía más cómodo tener su propio espacio (la verdad es que la cantidad de maletas con las que viajaba eran exageradas); pero la escritora estaba segura que gran parte de ese cambio, era debido a Aarón.

Últimamente el estilista parecía bastante interesado en él; solo que todavía no podía decidirse respecto a en qué manera lo hacía. Algunas veces lo sorprendía mirándolo como si lo estudiara, como si fuese un raro animal de laboratorio; y otras tantas, parecía que veía una pizza, saboreándoselo y esperando el momento para darle una mordida... no lo culpaba.

-Estoy listo ¿Tu?

Natalie se giró en cuanto escuchó la voz de su amigo, y una sonrisa enorme le iluminó el rostro, al ver lo que había hecho. Su esmoquin era de los mismos colores que su vestido: azul en su totalidad, con negro en el cuello y la pajarita; agregando el blanco en la camisa.

-¡Vamos de pareja!-. Gritó emocionada

Él levantó las cejas en un movimiento lleno de sensualidad, para luego girar luciendo por completo su estilo, antes de cortar la distancia que los separaba.

-Por supuesto. Es la primera vez que iremos tú y yo solos, no podía desaprovechar tan valiosa oportunidad...-. Explicó con un guiño mientras la tomaba de la mano. -¿Te gusta?

La felicidad de la escritora descendió por su cuerpo, dejándole una sensación de vacío. Había pasado los días yendo de un extremo a otro en el área de sus emociones; no podía negar que quería ir a la gala, lo deseaba desde que escuchó los detalles al respecto. Pero sus ansias por estar presente, bailaban en la cuerda floja de su otro tipo de ansiedad; y esta vez, tal como Jay acababa de decir, estarían solos.

No habría Cat, Nick o Bárbara que la sacara de allí si se sentía mal; y no es que no confiara en el estilista, de hecho era de sus mejores amigos, solo que no era fácil explicarle a una persona que te dan ataques irracionales (por no decir ridículos) cuando menos te lo esperas, en los lugares más inapropiados...

Y lo odiaba.

Odiaba no poder disfrutar de una salida; odiaba no poder estar segura al dar un paso fuera de su casa; odiaba no saber porque le pasaba eso... algunas veces incluso se odiaba a si misma...

Un sudor helado comenzó a perlarle el cuerpo, mientras que el temor de que nada saliera como lo planeaba, se asentó en su estómago igual que si se hubiera comido kilos y kilos de metal. Incluso el horrible sabor se empezaba a adueñar de su boca.

¿Qué pasaría si mejor no iba? ¿Se enojaría mucho Jay? ¿Dejaría de ser su amigo? Era una decisión difícil de tomar. Elegirlo, aguantando así el terror que la consumía hasta sofocarla; o negarse y perderlo; porqué se enojaría, eso era seguro...

-¿Naty?

Las palabras intentaban abrirse paso a través de su garganta, pero no podían atravesar el desierto en que se había convertido. No podía hablar, por más que quisiera responder que le gustaba, que estaba encantada por este lindo detalle, por lo guapa que la había dejado... era imposible responder, cuando todo lo que quería era desaparecer...

Como en mis libros...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora