CAPITULO II

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Su profunda mirada y gesto serio, permanecieron inmutables tras el asalto de Jay; quien aprovechándose de su buena suerte, y de acuerdo a Naty, valiéndose de sus sucios recursos, le plantó tremendo beso en la mejilla a Nick, luego de recibirlo en la entrada de la habitación.

Sin embargo, tras observar el inocente cinismo con el que el maquillista reía, el apuesto doctor no tuvo de otra más que rendirse.

-Buenas noches-. Dijo meneando la cabeza en negación, y regresándole una amable sonrisa.

Jay se hubiese derretido si el cuerpo humano pudiera pasar de estado sólido a líquido; y como pocas veces le ocurría, se quedó sin habla. Sí, estaba acostumbrado a trabajar entre actores y modelos, por lo cual la mayoría del tiempo estaba rodeado por hombres impresionantes. Pero Nicholas Conte era cosa seria.

Las pobres neuronas del maquillista intentaban con gran esfuerzo reconectar los cables del cerebro y la lengua, para regresarle la capacidad de hablar; cuando su tarea se vio interrumpida por un ligero empujón. Cat estaba parada a su lado, y apretaba con familiaridad la mano de Nick mientras lo saludaba.

-Nick, tu como siempre tan puntual. Tenemos solo unos minutos de haber terminado...-. Cat liberó la mano del psicólogo, y con la misma le indicó el camino hacia su hermana, quien seguía parada tras ella, como si estuviese esperando su turno para saludarlo; aunque la realidad era muy diferente.

La emoción del primero toquido en la puerta, hizo que el corazón de Naty saltara ante la expectativa de ver a Nick vestido para la gala de esa noche... Sin embargo, en la carrera que se desató por ver quién era el afortunado que se llevara la primera vista, su cerebro comenzó a traicionarla; justo cómo venía haciéndolo desde diez años atrás.

Los latidos acelerados se volvieron cardiacos; una onda de calor le sofocaba los pulmones, mientras que un sudor helado le empapaba las manos; el estómago se le fue hasta la garganta; y cómo si se hubiese tomado veinte litros de agua en lugar de un simple vaso, su vejiga parecía estar a punto de reventar.

Aun así, Natalie estaba de pie tras su hermana, tratando estoicamente de controlar su respiración, y repitiéndose sin parar "Todo estará bien, todo estará bien..." Y en cuanto notó como Nick clavaba sus ojos en ella, se forzó a sonreír.

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Aarón se detuvo a unos metros de la entrada. Varios reporteros rodeaban el lugar tratando de obtener las mejores tomas de los invitados; y un sin fin de lujosos carros provocaban un fluido pero lento tráfico.

El actor hizo una mueca de disgusto, y luego repaso su apariencia sobre el cristal de la ventana que lo ocultaba. Quizás antes de bajar del taxi se viera guapo y decente. Pero ahora, con mechones de cabello húmedo pegados a su frente; la camisa desfajada de una parte, y con los primeros botones desabrochados; la pajarita del traje en una mano, y el saco en la otra para evitar que se mojaran... bueno... se veía jodidamente sexy y listo para la acción.

Una media sonrisa de villano curvo sus labios ante el pensamiento, y estuvo a punto de soltar las carcajadas, de no ser porque estaba de encubierto. Se suponía que nadie podía encontrarlo en esas fachas, o su reputación (la cual aún no existía, pero algún día tendría) podía ponerse en peligro. Pero vamos, al Cesar lo que es del Cesar, y él era apuesto.

Aarón pateo su impresionante ego a un lado, mientras volvía a reacomodar su atuendo. Conseguirlo le había salido en una fortuna, aunque solo fuera rentado; pero sabía que bien valía la pena el gasto, si lograba su objetivo. Encontrar a Cameron Cross. No sería fácil, pero era prácticamente su último recurso.

Como en mis libros...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora