7|Playlist|

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Escucho un sonido a lo lejos y lo reconozco como el timbre de mi celular. Así que me estiro un poco para alcanzarlo.

Contesto somnolienta sin ver quién es.

—¿Aló?

—¿Aún duermes?

Madre mía.

Es Ruggero y ahí es cuando espabilo.  Alejo el celular de mi oreja y me fijo en la hora. Son las nueve de la mañana. Con razón me ha llamado.

Pero en mi defensa, es domingo y estoy acostumbrada a dormir hasta tarde.

—Que vergüenza, ¿dónde estás?

—Tómate tu tiempo. Te espero en la recepción.

Escucho el sonido que indica que ha colgado y me levanto rápido de la cama. En minutos estoy lista, luego de decidir que lo mejor será darme un baño cuando llegue a mi casa y cuente con todo mi armario a disposición.

Recojo mi bolso y voy a mi encuentro con Ruggero. Lo alcanzo a ver de espaldas, mirando por la ventana. Solo que ahora está hablando por su celular.

—Sí, mamá yo ya conversé con ella.— mantiene una mano metida en el bolsillo.—No hay nada de que preocuparse.— no se ha dado cuenta de mi presencia.—Claro que me importa y Elettra lo sabe. Ahora estoy ocupado. Te llamo cuando llegue a casa.

Quita el móvil de su oreja y lo guarda.

Elettra.  

Su nombre se repite en mi cabeza. ¿Quién es ella?

Las dudas que se presentan en mi cabeza cuando siento que las cosas están yendo bien y no todo puede ser perfección, se hacen presentes.

De un momento a otro mi estado de ánimo se viene abajo y con ello las ganas de seguir compartiendo mi tiempo con Ruggero. Quiero irme a experimentar la receta de galletas que encontré en Facebook.

Él sigue sin notar que he llegado y no quiero quedar como una chismosa o reclamarle algo que no me corresponde. Camino despacio y toco su hombro, él se gira de inmediato.

—Buenos días.— me brinda esa sonrisa que me está empezando a parecer demasiado encantadora.

—Hola.

—Estaba pensando en ir a...

—No.— lo corto antes de que siga armando planes.—Tengo que preparar cosas para mañana y no puedo seguir aquí contigo

Ruggero parece un poco extrañado pero solo asiente.

Camina hasta el auto y abre la puerta para mí.

¿Acaso Elettra es su pareja, quien lo espera en Roma y aquí me tiene como su juguete mientras pasa en el pueblo?

Mierda, en mi cabeza se hacen presentes pensamientos que no me dejan dormir en todo el transcurso de regreso pero finjo hacerlo con tal de no pasar palabra con él.

Que se supone que le diga; Hey tú, explícame ya mismo quién es Elettra y por qué te preocupas tanto por ella.

Si hasta se escucha tóxico.

Estacionamos fuera de mi casa, cerca de las dos de la tarde.

—Bien, gracias por todo lo de ayer. Hablamos luego.

Agarro mi bolso y bajo del auto. Pero no contaba con que Ruggero agarre mi muñeca izquierda y cierre la puerta que recientemente abrí.

—Suéltalo.

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