Cuatro años después
Ruggero
—¿Tienes todo listo?
—Obvio.
Mi esposa cuida de que ninguna de las dos velas se apague mientras yo me encargo de cargar a Luka quien no mueve ni un músculo cuando lo paso al cuarto de su hermana. Sigue siendo de sueño pesado.
Karol se encarga de dejar las sillas frente a la cama de Elaine y pasarme el pastelillo.
Alza sus dedos para comenzar con la cuenta regresiva y cuando baja los tres dedos por completo la habitación se llena de gritos y mis hijos se despiertan.
—¡Feliz cumpleaños!
—¡Sorpresa!
—¿Sorpresa? En eso no habíamos quedado, Ruggero.
Si habíamos quedado en eso pero como estaba tan entretenida en comer sus fresas no me prestó atención.
Los mellizos se sientan sobre sus rodillas aun con el sueño presente pese a ser las nueve de la mañana, su cabello alborotado y sus ojos achinados me producen ternura y un salto en el pecho.
Mis niños están cumpliendo cinco años.
Karol le pone el pastelillo enfrente a Elaine y yo hago lo mismo con Luka.
—Cierren sus ojitos y pidan un deseo.
Le hacen caso, Elaine juntando sus manitos y apretando sus ojos. Es idéntica a su madre.
Se inclinan al mismo tiempo y apagan la vela. Busco la cámara y Karol se encarga de manchar sus narices con la crema del pastelillo. Luka es el primero en quejarse.
—Mamá, ya no somos bebés.
—Pero qué dices, jovencito.— mi esposa pasa su brazo por el hombro de Luka y lo embarra más.—Siempre serás mi bebé.
Su risa se escucha cuando le empieza a hacer cosquillas.
—¿También piensas que ya no eres una bebé?
—No quiero terminar embarrada así que...— toma impulso para sentarse sobre mi pierna y apretujarse en mi pecho.—Sigo siendo tú bebé, papá.
Elaine es más pegada a mí y Luka más a Karol, eso no quiera decir que los amemos en proporciones desiguales.
Los amo tanto como puedo y más de lo que se imaginan.
Karol se pone de pie para dejarlos solo a ellos en la cama y tomarles la foto de siempre, la misma que hemos tomado desde que cumplieron un añito.
—Ahora todos.
Esa también, solo que a diferencia de hace cuatro años, ahora son ellos los que toman la iniciativa, quedando sentados entre nosotros y mostrando sus grandes sonrisas.
—Bien, es momento de que todos nos levantemos porque hay mucho que hacer.
Eso es como un recordatorio para ellos porque saben que su fiesta de cumpleaños será hoy, la misma que han estado esperando desde meses.
Hemos preparado su desayuno favorito y como casi siempre, yo llevo en mis brazos a Elaine y Karol a Luka.
El brillo en los ojos de mis hijos al ver sus pancakes en forma de Mickey mouse son el pago perfecto por haberme despertado una hora antes de lo habitual y mucho más si se trata de un sábado.
—Y entonces me gané una estrellita.
Luka señala la refrigeradora, exactamente donde reposa la estrella que ayer su maestra le dio.
