Karol
Mi esposo está sobre la cama con sus piernas estiradas y una mano en la barbilla. Está analizando lo que recientemente la obstetra nos dijo.
Puedo entenderlo, creo que ambos estamos en el mismo estado.
—Esto es...
—Sí que es.
Se levanta de la cama hasta quedar de rodillas sobre el borde. Yo estoy enfrente de él con una sonrisa que ya no puedo evitar más.
—Son dos.— acaricia mi vientre bajo con su mano izquierda mientras que con la otra toma mi mejilla.
—Vamos a tener dos bebés.
—Que puntería tengo.
Lo miro mal pero eso no hace que borre su sonrisa. El enterarnos fue un espectáculo, el escuchar dos latidos fue lo más maravilloso que he experimentado.
Siempre planificamos tener un solo bebé, no más, siquiera hasta que el primero sobrepasara los ocho o diez años. Pero ahora vamos a tener dos en un solo parto y no puedo estar más contenta por la idea.
Tengo exactamente dos meses de embarazo, y sí, estoy esperando que pase un mes más para decírselo a mi familia y amigos. No sé dónde lo escuché pero he decidido esperar ese tiempo.
—Hay que comprar todo doble.— toma mis manos para llevarme con él a la cama.—Muchos pañales, mucha ropa, muchos biberones.
Ver su carita llena de ilusión me regocija el corazón.
—Lo haremos, ahora por el momento solo quiero acostarme y ver una película a tu lado, ¿eso es posible?
—Más que posible.
Arregla las almohadas detrás de nosotros y cierra muy bien las cortinas, el día está nublado y es perfecto para pasar todo el día en la cama.
***
Ahora que sé que estoy embarazada los mareos y vómitos se han vuelto más constantes, es como que el saberlo los hubiese incrementado. Esta última semana ha sido peor.
—Aquí tienes.
Ruggero entra a la habitación con un plato en su mano.
—¿Qué es eso?
El olor me da un indicio y no no hago más que fruncir mi ceño porque me desagrada.
—Manzana asada con canela.
Me acerca más el plato y solo lo hago a un lado para alejarme lo más que pueda del olor.
—Mi amor, quita eso de mi vista.— el estómago se me enreda de vuelta.—¿Quién te dijo que eso era bueno?
—Internet, según esto quita las náuseas.
—No creas todo lo que veas allí.
Al menos su cara de confusión hace que sonría y olvide por un momento ir al baño.
—Es que sé que odias vomitar y esos pequeños lo están provocando.
Su mirada queda fija en mi panza, estoy seguro de que ya se dio cuenta.
—Es parte del proceso, estoy bien, no te preocupes.
Acaricio su rostro con el fin de que desvíe la mirada porque no es lo que tengo planeado para que lo note.
—Karol.
—Dime.
—Levántate.
Adiós, top personalizado.
