Un año después
Ruggero
Me levanto justo cuando el avión aterriza y un suave movimiento me despierta.
—Ya llegamos.
El delicado rostro de mi esposa es lo primero que veo al despertar.
Y sí, puedo llamarle de nuevo esposa porque nos hemos vuelto a casar y ahora solo esperamos renovar nuestros votos en la iglesia pero para eso aún tenemos mucho tiempo, pues hemos dispuesto que será dentro de un año.
Han pasado muchas cosas desde que regresamos a casa y nuestras familias vieron nuestras manos entrelazadas.
Mi relación con los padres de Karol se ha visto reestablecida a lo que era en un principio y que decir de los míos con ella, parece que el tiempo no hubiese pasado.
Dejamos mi departamento y volvimos a nuestra antigua casa y cuando nuestra relación se volvió a consolidar, luego de seis meses, decidí llevarla a Holanda y con un tulipán blanco en mi mano y el color de los demás adornando todo el lugar, le pedí matrimonio de vuelta.
Ahora, luego de pasar un mes fuera de Italia, y haber recorrido otras partes del lugar donde le pedí matrimonio, hemos regresado de nuestra luna de miel, trayendo con nosotros recuerdos increíbles.
Pido un taxi cuando ya estamos en la entrada del aeropuerto. Son las once de la noche y lo único que me importa ahora es dormir abrazado a ella.
Es como si hubiésemos retomado desde donde nos quedamos antes del accidente, sin mencionar el mes previo a eso.
Somos esposos.
He tenido leves sospechas de algo pero por alguna razón algo me detiene de preguntárselo a Karol.
Creo que es el miedo a que se rompa mi ilusión.
Pero no por nada me hizo ir a la recepción del hotel por ese postre de arándanos que habíamos cenado.
Mis pensamientos se disipan cuando el taxi se estaciona fuera de nuestra casa y tomo las maletas.
—Estoy demasiado cansada.
Mi esposa se queja cuando abre la puerta principal y al ver el primer sofá se tira sobre él de forma dramática.
—Estamos.— la tomo entre mis brazos y se le escapa un jadeo de sorpresa.—Y solo quiero descansar a tu lado.
Sonríe cuando deja un beso en mis labios y sostiene el agarre en mi cuello. No es necesario encender las luces de nuestra habitación, pues apenas nos acomodamos y quedamos sumidos en un profundo sueño.
***
El sueño se esfuma cuando estruendos hacen eco en mis oídos.
Me levanto asustado y esto incrementa cuando no encuentro a Karol a mi lado.
—¿Amor?
Una arcada es lo que recibo como respuesta y veo que la luz del baño está encendida, eso fue lo que me despertó.
—¿Karol?
Esta arrodillada e inclinada sobre el inodoro. Tomo su cabello cuando vuelve a devolver el estómago.
—¿Estás enferma? ¿Comiste algo en el aeropuerto?— mueve la cabeza negando de forma débil.—Mi amor, ven.
Le ayudo a levantarse y veo su rostro cansado cuando lo tomo entre mis manos.
—Ruggero.
—Hay algo que quiero preguntarte, ¿estás embarazada?
Suelto la pregunta cuando ya no la puedo seguir guardando.
