22|Álbum|

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El alcohol inunda mis fosas nasales. Así que eso me hace despertar. Sintiéndome mareada por unos instantes hasta poder enfocar a las personas que tengo frente a mí.

—¿Ruggero?  

—Despacio.

Él me ayuda a sentarme contra el respaldar de la cama y me pasa un vaso con agua, el cual lo bebo deprisa por el mal sabor que tiene mi boca.

Las náuseas se hacen presente de nuevo, aparto el vaso de agua y como puedo corro al baño de la habitación. No vomito pero las náuseas siguen allí. Enjuago mi boca y mojo mi rostro. Regreso hasta donde ellos y soy su foco de atención.

—¿Ustedes...?

Mi prima me mira como insinuándome algo y cuando baja la mirada a mi estómago le entiendo.

—Son los síntomas que me advirtió el médico que tendría. Son por la tomografía.

Desvío de la mirada porque la simple insinuación me remueve. No estoy embarazada.

Dios no, no puedo estar embarazada.

Tomo mi bolso y voy hasta donde ella para entrelazar nuestros brazos y pedirle que vayamos con mis padres.

—Karol...

El susurro de Ruggero me hace detener y aunque se lo prometí, no establecí una fecha en sí.

—Yo te buscaré en Vernazza.

***

Es viernes y los niños lo saben. Están muy emocionados porque hemos aprovechado el viento y hace unas horas hemos hecho cometas de papel. Por lo que es adorable ver sus caritas de felicidad cuando la suya se eleva más alto de lo que piensan.

Yo solo los observo a la distancia y cuando alguno me llama para contarme como vuela su trabajo yo les alzo los pulgares en señal de que todo está bien y es perfecto.

Admito que el trabajo ha sido mi refugio. Diría que han sido los cinco días más productivos si laboralmente hablamos. Tomando en cuenta que he hecho quince cometas y los niños solo han venido a pegar unos lazos de decoración a la piola que les cuelga.

Ruggero ha respetado mi decisión de ser yo quien lo busque.

Claro que también no todo fue brillo en esta semana, no cuando ahora fui yo quien arrastré a Giana hasta la farmacia que quedaba a una hora de mi casa. Le había contado todo con lujo de detalles y fue ella la que pidió esta vez por mí. Por fin podía entender lo que había sentido.

Cuando me la realicé y vi el resultado estaba de dos partes, osea por un lado sentía esa tranquilidad de que haya dado negativo y por otro lado me sentía inquieta y muchas horas estuve cuestionándome de que en sí, no es el momento para un bebé. No si ni siquiera sé que quiero para mi vida y en las enredadas que me encontraba con el padre.

Llamo la atención de los niños para que entren al aula y por suerte hacen caso pero están lo suficientemente agotados como para ya no hacer nada. Así que solo dejo que descansen en sus asientos.

—Falta poco para salir así que vamos a jugar a la entrevista. Pueden preguntarme lo que quieran.

Menos que cómo se hacen los bebés porque ahí si andamos jodidos.

—¿Cuántos años tiene?— Ángel es el primero en alzar la mano.

—Hace poco cumplí los veinticuatro.

—Color favorito.

—El blanco.

—Yo amo el blanco.— Angélica menciona, emocionada.—Es el color de las nubes, aunque también adoro el celeste del cielo.

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