17|Chocolate|

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—Es que no te lo puedo creer.

—Ya cállate.

Le lanzo el trapo de cocina con la intención de atinarle a la cara para que deje de reír pero él con facilidad lo esquiva. Yo tengo la culpa por contarle tal cosa.

—¿Cómo vas a confundir a Spider-man con Flash?

—En mi defensa.— apunto su pecho al acercarme.—Ambos son rojos.

—No puedo contigo.

Abraza mi cintura y me levanta, haciendo que quede a su altura. Acerca su rostro al mío con la intención de besarme pero pongo mi índice en sus labios, como barrera.

—Hubo burlas, no hay beso.

Mi dedo es testigo de cómo sus comisuras se extienden para brindarme una linda sonrisa, así que no aguanto mucho y termino sonriendo también. Sin embargo, lo que beso es mi dedo y hago lo que puedo para soltarme de su agarre.

Ruggero es el mejor novio que he tenido—contando el desastroso historial de mi memoria—y el mes que llevamos juntos me lo he pasado de maravilla.

Con él todo es bonito y aunque hemos tenido discusiones sin importancia, las arreglamos en minutos.

Respecto a mis sueños, no he tenido más. Y por suerte, ningún dolor de cabeza o malestar me ha perturbado. Es como si la vida solo me permitiera apreciar la etapa tan linda que estoy pasando.

El italiano a mi lado hace un ruido de reproche por mi huida. Adoptando esa pose que me hace sonreír por lo tierno que se ve. Hay veces en las que se me queda mirando y aunque le pregunto qué piensa, solo me besa. Dejándome con las ganas de saber que pasa por su mente. Y rogando para que sean puras cosas buenas.

—Es de muy mal gusto dejarme con ganas de un beso.

—Es de muy mal gusto burlarte de tu novia.

Recién habíamos cenado y le conté como confundí a los dos personajes heroicos y un alumno se ofendió mucho, explicando sus diferencias.

—Es porque mi novia es muy guapa.

—Con eso me quieres comprar.

Su celular es lo que interrumpe nuestra tonta conversación.

—Mierda.

Se queja y enseguida guarda el celular.

—¿Qué ocurre?

—Olvidé de hacer las correcciones en unas ediciones.— se levanta y lo acompaño a la puerta.—¿Te veré mañana?— niego.

—Tengo junta de curso y saldré con Giana.

—Cierto, sus uñas.

Me rio cuando mueve la mano dramáticamente.

—Entonces te veré el sábado para ir a la feria.

—Me parece bien.

Besa mis labios antes de irse y yo aseguro las puertas para irme a dormir.

***

La angustia se apodera de mi pecho. Necesito que alga salga a decirme que está bien.

—Es un terco, no entiendo porque no les dio todo de inmediato.

Su madre está igual que yo. Pero ahora mismo solo quiero verlo, ya después le gritaría lo tonto que fue por hacerse el valiente en esos casos.

"Lo hirieron"

Es lo único que me supieron decir, o capaz y fue más pero yo ya estaba corriendo al hospital.

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