[ 𝙋𝙃𝙊𝘽𝙄𝘼 ] 𝘵𝘦𝘮𝘰𝘳 𝘪𝘯𝘵𝘦𝘯𝘴𝘰 𝘦 𝘪𝘳𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭, 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘳á𝘤𝘵𝘦𝘳 𝘦𝘯𝘧𝘦𝘳𝘮𝘪𝘻𝘰, 𝘩𝘢𝘤𝘪𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢, 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘰𝘴𝘢 𝘰 𝘶𝘯𝘢 𝘴𝘪𝘵𝘶𝘢𝘤𝘪ó𝘯.
Tokyo se vació en menos de un minuto tras el apag...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El lado positivo de pasar desapercibida, era que podía llevar a cabo ese tipo de acciones riesgosas sin correr ninguna clase de peligro. Tal vez fuera por sus zapatillas o lo suavemente que tendía a apoyar los pies, pero en general no hacía ruido.
Los pasillos estaban tenuemente iluminados, con unas luces más amarillentas según se acercaba a la zona donde juraba haber visto más de una vez a los militares adentrarse. Estaba arriesgando su culo, pero prefería eso antes que enviar a alguien y que después la información que la dieran tuviera lagunas.
- ¡TÚ NO SABES NADA! - bingo. Se detuvo, apoyándose en la pared y cerrando los ojos para así centrarse más en los sonidos. Si se acercaban a su posición o era descubierta, la puerta de las escaleras estaba frente a ella y podría correr tan rápido como fuera posible.
- Si Michiko te viera ahora, te odiaría - esa voz ronca y fría no podía pertenecer a nadie más que a aquel misterioso hombre tatuado.
- No hables de ella, Takatora - advirtió Niragi, moviéndose de un lado a otro con pasos furiosos-. ¡JODER! - escuchó un fuerte golpe. Tal vez había golpeado algo.
- Eres un desgraciado - sonrió apenas cuando escuchó eso-. Michiko...
- ¡DEJA DE HABLAR DE ELLA! - su voz se rompió por un momento-. ¡La perdí, joder, la perdí delante de mis narices y no pude hacer nada! - jadeó-. Idiota Tsunemori, ¡preferiría haber muerto yo mil veces antes que ella! Takatora... Ella... Ella era todo lo que tenía...
- Yo también estaba ahí - espetó-. Yo también la perdí, y no voy violando a mujeres que se parecen un poco a ella.
Niragi soltó una risa aguda, maniaca, de loco. Un escalofrío la recorrió por completo la columna, sintiendo que el lazo aparentemente inexistente entre ambos militares era más profundo de lo que parecía.
- No me hagas reír, Last Boss - pronunció su apodo con desdén-. ¿Tú la perdiste? Solo te llegó a mostrar algo de simpatía como tatuadora porque sentía pena de tu vida de mierda.
- ¿Igual que contigo? - Minhee se tapó la boca ante eso-. Sigues siendo el mismo cobarde que en el instituto.
- No sabes nada - siseó el moreno.
- ¿Ah, no? - hubo pasos-. Persigues a cualquier mujer de pelo negro y ojos claros, a las altas las das caza como un animal y estás obsesionado con la extranjera porque su voz es similar a la de Mich. Eres un desgraciado que debió morir en su lugar.
- ¿Crees que no lo sé? - escupió con dolor-. Estábamos a punto de casarnos, joder, tú solo eras su compañero.
- ¿Compañero? - repitió. Minhee se escondió un poco más cuando los pasos se acercaron-. Puto enfermo.
- No te metas en mis asuntos, Last Boss - dijo con un tono de amenaza-. Lo único que nos unía era Michiko, pero ya no más.