Capítulo 31.

6.9K 678 63
                                        

Tenía una gran laguna mental, porque no recordaba absolutamente nada. El último recuerdo coherente antes de que todo se nublara por completo, fue cuando los alfas lograron abrir la puerta y entrar a la habitación, acercándose peligrosamente a él. Lo sacaron tan fácilmente, incluso cuando intentó resistirse y luchar. Lo arrastraron, entre dos, y lo sentaron en el incómodo sillón de la sala, con sutiles amenazas de por medio, obligándole a beber vasos tras vasos de algún whisky barato.

Las risas burlonas de los tres alfas resonaban en su cabeza, mientras sentía como uno de ellos, el que estaba sentado a su lado derecho, comenzaba a tocarlo de forma lujuriosa; moviendo su mano callosa y áspera por su muslo, acercandola a su entrepierna. Él se había estremecido, un poco asustado al saber que nada podía hacer para evitar lo que vendría luego.

Cuando comenzó a sentirse mareado y a la vez eufórico, supo que ya no tendría el control de sí mismo, entonces el pánico se apoderó de él y lo abrazó con fuerza.

Más risas burlonas llegaron, pero esta vez fueron acompañadas de palabras obscenas y de manos ansiosas tocándolo y desnudándolo, además de besos húmedos siendo repartidos por su rostro y piel desnuda. Se sintió asquerosamente desagradable, incluso cuando su cuerpo parecía reaccionar positivamente a esos estímulos.

Luego de eso, su mente cayó rápida y profundamente en una densa niebla que bloqueó su juicio y las voces molestas de los tres alfas, hasta que suaves palmadas en su rostro y voces llamándolo con urgencia lo hicieron volver en sí. Aunque no del todo, por supuesto.

Seokjin los había mirado en silencio, sin comprender realmente lo que estaba pasando, todavía bajo los fuertes efectos de la droga.

Ellos preguntaron varias cosas, pero le fue imposible darles una respuesta, porque su lengua parecía estar pegada a su paladar y sencillamente no podía hablar, solo balbucear incoherencias.

—No te haremos daño, chico. Estamos aquí para ayudarte. ¿Me entiendes, verdad? —uno de ellos se hincó frente a él mientras le hablaba, y Seokjin notó que tenía la piel de un bonito color canela. Parpadeó un par de veces, aun sintiéndose muy aturdido, viendo como los labios finos y resecos del hombre se movían, quizá repitiendo la pregunta.

Intentó con todas sus fuerzas prestar atención a los dos hombres que no dejaban de hablarle, mirarle y fruncir el ceño, pero el calor que recorría su cuerpo a causa del deseo se lo impedía, haciéndolo removerse inquieto.

Un gruñido estruendoso lo hizo sobresaltar, y pudo ver como ambos hombres palidecían repentinamente.

—Mi-mierda, saquémoslo de aquí. Ahora. —uno de ellos sugirió con cierto temor.

Ni siquiera lo vistieron, simplemente fue envuelto con las sábanas que arrancaron de la cama, luego fue cargado por uno de ellos y no supo más.


Ω

—Hey, chico —abrió los ojos lentamente, sintiendo sus párpados demasiado pesados. Intentó enfocar su alrededor, notando de inmediato que ya no estaban en la habitación del hotel y que los gruñidos furiosos y el intenso olor dulce y amargo habían desaparecido— ¿Puedes escucharme? —Seokjin lo miró, asintiendo muy lentamente, como si aún no tuviera el dominio total de su cuerpo— Necesito una dirección para ir a dejarte. O número de teléfono. Oye, no te duermas y presta atención a lo que digo.

—Ta...e... —logró murmurar, porque era en todo lo que pensaba, día y noche, como si Taehyung hubiera decidido mudarse y vivir en su mente.

—¿Tae? —uno de ellos repitió, haciéndolo asentir nuevamente con su cabeza— ¿Tienes su número telefónico?

With you Ω KM.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora