Capítulo 34.

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Estaba escondida en uno de los baños de la mansión, con el teléfono pegado a su oreja derecha.

¿Ji? —la voz somnolienta de Hoseok sonó al otro lado de la línea, provocando que la Omega sonriera ampliamente.

—Hola —ella le saludó en un susurro, sin poder evitar sonar entre nerviosa y ansiosa.

Hola, ¿cómo estás?

—Estoy muy bien.

Solo estoy muy bien ahora, que estoy hablando contigo.

Jiyoon sacudió la cabeza, disipando estos pensamientos. Basta, no podía aferrarse a Hoseok, incluso si era el único hombre, Alfa, que la trataba tan amablemente. Que la veía, no solo por ser Omega.

Eran amigos.

Me alegro mucho, Ji.

Las mariposas aletearon en su estómago, provocando que el calor subiera hasta sus mejillas.

Ji. El apodo no era la gran cosa, porque era la forma más rápida de decir su nombre. Pero solo Hoseok, con iniciativa propia, comenzó a llamarla así.

—Solo te llamaba para decirte que, no creo pueda ir a la cafetería hoy —comenzó a decir, más rápido de lo que deseaba— Mi... mi esposo está en casa. Acaba de llegar de forma inesperada.

Oh, vale. No importa. Pero no debiste llamarme, no quiero que tengas problemas.

—Pero quería hacerlo...

Hoseok soltó una risita ronca, provocando que el corazón de Jiyoon saltara con fascinación. Había descubierto que, adoraba la sonrisa y el sonido de la risa de Hoseok.

Está bien. Cuando puedas hablar tranquilamente, me avisas por mensaje y yo te llamo.

—Okay, pero yo... quisiera mantener nuestra cita en pie.

Cita. No era una cita como tal, simplemente era una agradable junta en alguna cafetería para hablar de lo que fuera. Pero decir cita sonaba bien.

Por supuesto que sí.

—Bien, entonces creo que te tengo que colgar.

Cuídate mucho, ji.

—Tú también.. —no quería colgar, porque deseaba seguir hablando con este Alfa que la hacía sentir diferente. Hoseok no los miraba como si fuera una sucia rata, no la trataba mal y tampoco la hacía sentir incómoda. Y sabía que era ridículo crear sentimientos por él, pero era inevitable. Le gustaba Hoseok y no solo físicamente, sino también por quien era; un hombre sencillo, tratando de seguir adelante pese al gran peso de la cruz que cargaba sobre su espalda.

–¡Omega! —el grito furioso de Woobin la sobresaltó, haciéndola sudar frío al instante.

—Debo colgar —susurró con pánico.

Hoseok gruñó al otro lado de la línea.

Cuídate, ji.

Jiyoon no dijo nada más, simplemente colgó y escondió nuevamente el teléfono, para luego salir del baño hacia donde creía se encontraba su esposo.

Avanzó por el largo pasillo del segundo piso, directo hacia las escaleras cuando Woobin salió de su propio dormitorio y la sostuvo por el brazo, impidiendo que siguiera avanzando. Jiyoon pegó un grito de horror, sorprendida.

—¿Qué estabas haciendo? —Woobin preguntó, furioso.

Jiyoon lo miró con recelo a su Alfa, viendo esa mirada severa y arrogante.

With you Ω KM.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora