Lina
— ... Y es por eso por lo que, si me eligen como su representante en el Senado, me comprometo a erradicar la corrupción de la que es esclavo el país. Con su ayuda, lograremos reconstruir el México independiente y soberano con el que todos soñamos.
El sonido de los aplausos y vítores de la multitud me saca de mis pensamientos, por un momento había olvidado en dónde me encontraba.
Mi padre me abraza y deja un beso en mi coronilla. Este pequeño gesto es por lo cual aún sigo asistiendo a este tipo de eventos políticos, donde la falsedad y la hipocresía son las invitadas de honor. Sus sobreactuadas muestras de cariño, son lo único a lo que puedo aspirar de él y, por muy deprimente que suene, tomaré lo poco que pueda darme.
Después de lo que parecieron horas de saludos, abrazos y peticiones de los asistentes hacia mi padre, por fin abandonamos el lugar.
—Bueno, aquí nos despedimos —digo a papá.
En este momento esperaría que me detuviera como cualquier padre preocupado, me hiciera mil preguntas sobre el lugar a dónde voy, con quién y mi hora de llegada. Pero como sé que eso no pasará, simplemente me dirijo al auto donde mi escolta ya me espera con la puerta abierta.
—Cuida lo que haces —orden papá y, por un segundo pienso que se preocupa por mi, pero, ese pensamiento se desvanece cuando vuelve a pronunciar palabra—: Cualquier escándalo en este momento me podría costar la candidatura.
—No te preocupes tanto papá —repongo con sarcasmo—. Sé cuidarme bien.
Avanzo hasta entrar a la parte trasera de mi auto y el hombre de aproximadamente cincuenta años cierra la puerta.
—¿A dónde vamos señorita? —pregunta desde el volante.
—Henry, es viernes... —respondo con obviedad—, ¿A dónde voy todos los viernes?
—Entendido, señorita Lina.
—Así me gusta.
El camino se hace largo en esta enorme ciudad, donde el tráfico es una pesadilla siempre, pero incrementa aún más los fines de semana.
La caja de Pandora, el antro de mi novio desde hace tres meses, se encuentra en La Condesa. Las características luces de neón y las cámaras de humo, dan al lugar un toque misterioso y macabro, digno de su nombre.
Un lugar lleno de demonios como yo.
Al llegar, Alfredo, mi guardaespaldas, se apresura a abrir mi puerta. Desde hace cinco años que cuida de mí; lo llamo Henry solo por molestarlo. Al principio se desvivía corrigiéndome, pero al final desistió y se acostumbró a mis locuras. Es el escolta que más tiempo ha durado a mi lado, todos los demás solo me usaban como escalón para poder llegar a mi padre.
—Señorita, le pido que no se aleje mucho —dice preocupado—. No queremos que pase lo de la última vez.
Sonrío recordando lo ebria que me puse en esa ocasión, y lo divertido que fue jugarle una broma a Henry. Desaparecí de su vista y me buscó por horas, casi le cuesta su empleo, pues alertó a todo el equipo de seguridad de mi padre y, aun así, este no me reprendió de ninguna manera.
—Lo sé, lo sé Henry. —Doy palmaditas en su pecho—. Relájate hombre, ya maduré. Esa Lina ha quedado en el pasado.
—Fue la semana pasada. —Me recuerda seriamente y no puedo evitar soltar una carcajada.
Llegamos a la entrada, donde se encuentran los mastodontes que Mike tiene por guardias, y estos me dejan pasar sin problema.
La música cala mis huesos apenas entramos a la pista y subimos las escaleras, hasta la zona VIP donde mis amigos me esperan.
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Mentiras Piadosas
Chick-LitCatalina Rivera es una chica que ha nacido en cuna de oro. Hija de un importante funcionario público de la ciudad de México, jamás ha tenido que esforzarse demasiado por lograr lo que se propone. Una influencer acostumbrada a ser adorada por sus fan...
