Óscar
Llegamos al estudio fotográfico después de un largo y odioso recorrido, con la molesta chica que se empeña en sacarme de mis casillas y probar mi paciencia.
En realidad, no esperaba menos de ella, su superficialidad y sus ataques de niña mimada eran algo a lo que sabía me podía enfrentar. Pero, en contra de lo que pensé, que me ignoraría de manera soberbia, lo cual hubiese preferido; su insistencia en relacionarse conmigo es abrumadora. No sé cómo sentirme ante eso, pero no me gusta. Solo pretendo realizar mi trabajo sin cometer errores.
«Y ella se ve como un error»
Una vez dentro del lugar, me aseguro de que no haya ninguna amenaza que ponga en riesgo a la chica, y la guío hacia el estudio, donde la esperan para realizar su trabajo.
«Si pasearse semidesnuda, y dejar que te tomen mil fotografías se puede considerar un trabajo»
Me quedo en la puerta observando al equipo ir y venir con ropa, maquillaje, luces y de más accesorios necesarios para la sesión.
La señorita "sígueme en mis redes" sale ataviada en una pequeña lencería de encaje, que me hace fijar mi atención en ella por un segundo.
Me reprendo mentalmente por mi indiscreción, y enfoco mi vista en otro sitio, lejos de la rubia oxigenada que muestra sus atributos sin pudor alguno.
—¡Vamos nena!, ¡concéntrate! —Escucho al fotógrafo llamar su atención—. ¡Eso es!, ¡dame más!
Si cualquier persona escucha este tipo de comentarios sin contexto, pensará sin duda que se trata de una sesión de sexo y no de modelaje.
—¡Muévete, mami! —Ruedo los ojos al oír sus patéticas instrucciones—. ¡Lina...! —Chasquea sus dedos—. ¡Lina...!
—Sí, lo siento —dice distraída.
—Te decía que sujetes tus bubis con tus manos y las juntes. —Le indica el fotógrafo—. Dame una mirada sexy. ¡Eso es!, ahora mira hacia otro punto, quiero más sensualidad.
Trato de reprimir el impulso de voltear hacia su posición, solo por curiosidad, pero siento una intensa mirada que me atrae de manera involuntaria.
«Es ella»
Me observa mordiendo su labio inferior de manera sensual y, debo admitir que se le da muy bien.
Toma su busto entre sus manos de la manera en que se le indicó, y no puedo evitar pasar saliva ante lo que su acción me provoca.
Recorro mi mirada por su cuerpo sin ser consiente: sus pechos perfectos, la cintura pequeña, largas piernas y esa piel blanca y cremosa que, a simple apariencia, se nota tan suave.
Mi cuerpo empieza a despertar ante la vista que me da, y sus miradas descaradas no hacen más que empeorar la situación dentro de mis pantalones.
Catalina se mueve con confianza por el set, toca su cuerpo, como recordando a su mejor amante. El fotógrafo estalla en halagos hacia la muñeca de plástico que no deja de coquetear conmigo. De pronto la furia me invade y salgo de la habitación.
«¿Quién se cree esa niña mimada para provocarme así?»
Si quisiera tenerla, lo haría sin necesidad de tantos jueguitos estúpidos. Me enferma su aire de inocente y mosca muerta.
Espero por ella afuera del cuarto de estudio, y sale veinte minutos después, vestida -gracias a Dios-, y la enfrento por su atrevimiento.
No soy un adolescente puñetero al que puede manipular a su antojo.
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Mentiras Piadosas
ChickLitCatalina Rivera es una chica que ha nacido en cuna de oro. Hija de un importante funcionario público de la ciudad de México, jamás ha tenido que esforzarse demasiado por lograr lo que se propone. Una influencer acostumbrada a ser adorada por sus fan...
