3. Muñeca

68 4 0
                                        

Lina

Despierto cansada, después de una larga noche llena de fuertes emociones. Es sábado y aunque no tengo clases en la universidad, debo cumplir con varios compromisos: una sesión de modelaje de la nueva colección que ha diseñado la línea de ropa que represento. También tengo que grabar y editar mi nuevo contenido sobre el restaurante italiano que acaban de abrir en Polanco.

Será un día largo y ocupado sin duda.

Me levanto de mi mullida cama, y voy directo al baño a tomar una ducha. Me visto de manera casual: un jean blanco ceñido al cuerpo, un crop top de encaje color beige, que deja ver mi cintura, y mi chaqueta de jean azul claro. Dejo suelto mi rubio cabello y me hago un maquillaje ligero, de cualquier forma, en el set me retocarán.

Tomo mi bolso y salgo de la habitación. Apenas abro, doy el grito en el cielo; el hombre parado junto a mi puerta me ha sacado el susto de mi vida.

—¡Oh, shit! —Llevo mi mano al pecho, tratando de controlar mi agitada respiración—. ¿Qué... carajos haces aquí? —pregunto conmocionada a Óscar, que parece verme con fastidio.

—Hago mi trabajo —responde con obviedad.

—Eso lo entiendo —digo, recordando la conversación de anoche—, pero ¿Por qué estás afuera de mi habitación?, ¡¿A caso estoy castigada?! —indago con horror.

—Desde ahora, es el nuevo protocolo —me informa con su habitual frialdad.

—Okeey —digo, alargando la palabra—. Entonces, ¿Nos vamos?, tengo compromisos que atender.

Camino por el pasillo que lleva a las escaleras, sintiendo su presencia detrás de mí.

Óscar es un hombre imponente, aunque trato de parecer imperturbable en su presencia, la verdad es que me da un poco de miedo.

Bajamos hasta la cocina, donde Carmen me saluda con cariño, como siempre. Ella es como una abuela para mí, desde que tengo uso de razón, ha estado con nosotros; mi madre la adoraba y, yo igual.

—Buenos días, Carmen. —Doy un sonoro beso en su sien—. ¿Habrá algo de fruta para desayunar? —pregunto, abriendo la nevera y buscando lo necesario para prepararlo yo misma.

Óscar se queda en el marco de la puerta, mirando atento.

—Deja ahí, hija. —Se apresura a tomar la fruta de mis manos—. Yo lo haré.

—Por supuesto que no —digo convencida—. Solo es fruta, yo puedo hacerlo. Oh, por cierto, él es Óscar, y desde ahora será mi sombra —presento al hombre, recordando su presencia.

—Buenos días, señora —saluda desde su puesto.

—Buenos días, joven —responde Carmen, sonrojada.

—¿Joven? —Trato de disimular mi sonrisa, pero no lo logro— ¿Cuántos años tienes, Óscar?, si no es una imprudencia —pregunto, y doy un sorbo a mi jugo de naranja recién preparado.

—Tengo 28 años, Catalina. —Escupo el jugo que estaba en mi boca, al oír cómo me ha llamado.

—Nunca vuelvas a llamarme así —advierto, apuntando mi índice hacia él con seriedad—. Soy Lina, dentro y fuera de aquí. Solo Lina ¿Capisci?

No prometo nada, Catalina.

—Oye, viejo —acentúo la palabra—. Si quieres que nos llevemos bien, no me hagas enfadar —espeto seriamente.

—Esa es la última de mis preocupaciones, niña.

Carmen solo mira de uno al otro sin pronunciar palabra, pero la diversión es evidente en su rostro.

Mentiras PiadosasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora