42. Un plan perfecto

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Lina

—¿Cómo sigue la paciente? —cuestiona el doctor cuando entro al consultorio de la clínica donde me atendieron la vez pasada.

La última semana pasó lenta debido a lo mucho que deseaba que este día llegara, recién ayer se cumplió la vigencia de mi contrato con Lorena, y hoy me deben de retirar la estorbosa férula que pica como los mil demonios en mi delicado pie. La vida no puede ser más perfecta para mí.

«Bueno, si no tuviera a un maldito acosador esperando el momento correcto para asesinarme, todo sería en verdad perfecto»

—Muy bien, gracias, doctor —respondo tomando asiento en una de las sillas frente a su escritorio. Óscar se mantiene a mi lado como un perro guardián, pero no me molesta, de hecho, estos días hemos convivido de lo más tranquilos los dos.

—Perfecto, entonces, vamos a revisar ese tobillo.

—¡Sí, por favor! —exclamo de manera exagerada—. Ya me muero porque quite esa cosa de mi bello pie.

Óscar niega con aburrimiento, mientras que el doctor sonríe por mi comentario.

—Espero que podamos hacerlo hoy.

Me llevan a hacer nuevos estudios de imagen, y el médico revisa mi pie, señalando que aparentemente todo se encuentra en orden. Me alegra tanto saber eso, que no puedo esperar a regresar a casa y subir a mi recámara por mí misma.

****

—¡Buenas, buenass! —Entro a la casa gritando como toda una diva, mi pie se encuentra completamente recuperado y ya puedo volver a caminar con normalidad—. ¡Por fin he vuelto a ser yo!

—Qué exagerada —murmura el amargado de mi guardaespaldas que camina a mi lado.

—¡Cállate!, eso lo dices porque tal vez nunca has pasado por algo igual. —Su mirada se clava en la mía como si pudiera atravesarme con un rayo láser, y entonces recuerdo que él ha vivido cosas mucho peores, y ha estado a punto de perder la vida antes de conocerme—. Okey, lo siento —me disculpo avergonzada—. Sé que has pasado por muchas cosas, perdón.

—No te preocupes, ve a disfrutar de tu nueva vida libre de la férula —dice con sarcasmo y se retira cuando mi nana y Rosy llegan a mi encuentro.

—Hola, mi niña ¿cómo te fue?

—Muy bien, nana, ¡Mira! —Le señalo el lugar donde antes había una fea y estorbosa férula de yeso y doy pequeños saltitos para enfatizar mi recuperación—. ¡Ya no tengo nada!

—Me alegro mucho, cariño. —Mi nana regresa a la cocina murmurando que se quemará algo que tiene en la estufa y me quedo a solas con Rosy.

—¡Qué bueno, amiga! —Me abraza con cariño.

Después de conversar con ella hace unos días, me contó lo que hacía dentro de la casa de Óscar y, aunque no estoy segura de creerle, he decidido no pensar más en ello; además, no es que tenga algún derecho de sentirme celosa de él, puesto que ni siquiera me considera como su amiga. Solo soy un trabajo, una misión que resolver y jamás lograría llamar su atención de otra manera -palabras suyas, no mías-.

—Esto debemos de celebrarlo, y qué mejor que hoy, un día tan importante para los mexicanos —digo con emoción.

—Pero, Caty, ¿no es peligroso? —indaga Rosy dubitativa—. El día de la independencia hay muchísima gente celebrando y ya de por sí es peligroso salir, ahora súmale tu... situación —señala temerosa.

—Con más razón, amiga —respondo envalentonada—. Mi querido acosador no esperará que yo salga en un día como este, es un plan perfecto —murmuro recordando que las paredes oyen, y puede ser que mis guardaespaldas escuchen mis planes y se anticipen a lo que quiero hacer.

—No lo sé, yo...

—Rosy, ya estoy harta de estar encerrada en esta torre —le digo al borde del llanto—. No es justo que yo haya tenido que cambiar mi vida por culpa de un loco que no me soporta, que se busque una vida y comience a vivirla y que a mí me deje en paz. Estoy pasando el mejor momento de mi juventud aquí encerrada. ¿Y si él nunca me deja en paz? ¿Aquí seguiré eternamente?

—Puedes pedirle a Óscar que te lleve, que organice a sus hombres y vayas más tranquila...

—¡Jamás aceptará! —grito frustrada y harta de mi situación—. Si tú te has puesto así, imagínate cómo se pondrá él que es un maniático del control, un sobreprotector nato y un exagerado.

—¿Qué tienes planeado? —pregunta resignada al ver mi desilusión.

—Pues....

****

Es de noche y me encuentro en mi habitación, todo el mundo duerme en casa y yo finjo hacerlo también. El plan ya está hecho entre mis amigas y yo, y ellas ya están listas esperándome en el lugar acordado.

Espero el momento en que los guardias hacen el cambio de turno, justo a las diez en punto y salgo de la recámara toda vestida de negro, me siento como en una de esas películas de espías al pasar entre los arbustos intentando no llamar la atención de nadie, he estudiado los lugares donde se encuentran colocadas las cámaras de vigilancia, y todo ha salido bien hasta ahora.

Voy a ese lugar en el muro donde más temprano Rosy dejo un banco que me ayudará a cruzar hacia el otro lado, y cuando estoy por salir, hago la llamada que me dará la ventaja sobre mis guardaespaldas, pues es inevitable que se den cuenta de mi desaparición, ya que en la parte exterior de la propiedad hay un mayor número de cámaras dispuestas en todo el perímetro de la casa.

Tomo mi celular y llamo a Óscar para crear la distracción:

—Catalina, ¿pasa algo?

—¡Óscar, ven por favor, hay un intruso en la casa! —digo alarmada.

—Voy para allá, intenta ocultarte.

—¡Ven rápido, estoy en la oficina de papá!

Corto la llamada y arrojo la pequeña maleta donde cargo ropa más apropiada para salir de fiesta. Escucho el alboroto en la casa, y alcanzo a ver cómo se movilizan todos los guardias, listos para el ataque. Me siento mal de pronto, pero, ya pagaré mañana por mis actos.

«Espero que Óscar no me odie»

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Mentiras PiadosasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora