41. Tóxica

33 4 0
                                        


Lina

—¡Oye! ¡chica! —grita Meredith a Rosy llamando su atención.

No sé por qué, siento el impulso de huir de la escena antes de que cualquiera pueda darse cuenta de lo mucho que me ha afectado verlos juntos. Me levanto de la silla, olvidando por completo que mi pie se encuentra lastimado y, al dar el primer paso, caigo al suelo sin poder evitarlo. La vergüenza me invade y tiñe mis mejillas de rojo en el momento en que todos los presentes corren a socorrerme, como si fuera una figurita de porcelana y me hubiese roto en la caída.

—¡Amiga! ¿estás bien? —Isabella pregunta preocupada, no subo la mirada pues temo que puedan ver mis ojos vidriosos debido a la situación, y no me refiero a mi torpeza.

—Sí. —Me rio tratando de aminorar el bochorno, e intento levantarme por mi propia cuenta.

—Déjame ayudarte —pronuncia la castaña que se aproxima a mi lado extendiendo sus manos hacia mí, las tomo, creyendo que aún se trata de Isabella, sin embargo, la electricidad que recorre mi piel ante el contacto, de inmediato me hace darme cuenta de que no es mi amiga quien me sujeta y me ayuda a levantarme.

—¿Estás bien? —inquiere Óscar—. ¿ibas a alguna parte?

En estas semanas ha sido bastante poco lo que hemos cruzado palabra, pues, al estar todo el tiempo en casa, no ha sido necesario que compartamos tiempo juntos; pero, volver a tenerlo de frente, ahora que se ve tan guapo con su ropa casual y zapatos deportivos me pone tan nerviosa como la vez en que estuve sobre él en el auto.

Siento arder mis mejillas y retiro mi mirada de la suya cuando creo que ha durado más tiempo del necesario. De pronto, el recuerdo de él y Rosy, saliendo felices de su casa, me da una rabia que apenas puedo disimular; suelto sus manos como si el contacto me quemara y saco fortaleza hasta de mis ancestros con tal de no tener que ser auxiliada por él.

—Estoy bien —digo de forma fría e indiferente—. ¡Leonardo! —grito al joven que recién llega junto a uno de los guardias de la puerta y este voltea al instante, sonriente como siempre—. ¿puedes ayudarme a subir a mi habitación?

—Estoy justo a tu lado, yo puedo llevarte —espeta Óscar seriamente.

—No, gracias, quiero que me ayude él. —Finjo la mejor de mis sonrisas y acepto la mano del rubio de ojos azules que se apresura en llegar.

—¿Todo bien, princesa?

—Sí, solo necesito ir al baño, ¿me llevas? —pido como toda una niña mimada y el semblante de Óscar se oscurece haciéndolo parecer aterrador.

La tensión se siente en el aire, incluso las chicas pueden notarlo, pues sus gestos confundidos lo dicen todo. Les hago una señal para que se tranquilicen y sigan con lo que hacen y vuelven a tomar asiento sin la menor preocupación.

—¿Me cargas? —Extiendo mis brazos a Leonardo haciendo un puchero, y sonrío triunfante cuando veo al iceberg apretar los puños a sus costados—. Gracias, eres mi príncipe.

—Siempre, mi princesa.

La sonrisa siniestra que se dibuja en el rostro de Óscar me hace pasar saliva con dificultad, pues promete venganza, dolor y muerte.... Okey, tal vez exagero un poco, pero, es una sonrisa para nada divertida; más bien, es como si entendiera mi juego y aceptara formar parte de él.

—Vamos, Rosy —habla con ese tono ronco que me obliga a apretar las piernas sin saber bien por qué—. ¿quieres un tour por el jardín?

—Eh... sí, claro... —responde dudosa mi mejor amiga; busca mi mirada como pidiendo mi autorización, pero la evito a toda costa. Ahora no me simpatiza demasiado, debo admitir.

Mentiras PiadosasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora