Lina
Mis manos tiemblan al preguntarme ¿Quién podría haber tomado esa fotografía?, tuvo que haber estado muy cerca de mí, tan cerca, que si hubiese querido pudo haber acabado su trabajo en ese momento. ¿Qué es lo que pretende, entonces?, ¿quiere jugar con mi mente?, ¿en verdad sería capaz de asesinarme, o solo trata de volverme loca?
«No lo quiero averiguar»
En un arranque de pánico, salgo del auto y me quedo de pie sobre la acera abrazándome a mí misma. La paranoia se abre paso en mi mente y de pronto me siento observada por todo el que me rodea; la idea de que algún maldito loco infeliz con su propia vida me esté vigilando hasta en los momentos más íntimos, me enferma, me hace cuestionarme si cada vez que me visto me estará observando, cuando duermo... cuando me ducho.
Los horribles pensamientos invaden mi cabeza, y de repente me veo luchando por salir de los brazos que rodean mi cuerpo y me inmovilizan, volviendo realidad mis temores. Escucho la voz a lo lejos de Leonardo y retiro mis uñas de la lastimada piel de sus brazos al darme cuenta de que solo se trata de él, quien, en su intento de tranquilizarme, ha resultado herido gracias a mi intento de defenderme de un supuesto agresor.
«Qué tonta»
—Tranquila, princesa —murmura sobre mi cabeza cuando me abrazo a su pecho y lo rodeo con mis brazos—. ¡Shhh! Está bien, solo soy yo.
—Leo... —Sollozo, temblando mientras mis lágrimas no dejan de caer—. Lo siento, te hice daño —me disculpo hipando del llanto.
—No pasa nada, estoy bien —responde con serenidad.
Óscar llega a nuestro lado de prisa, gruñendo algo que no entiendo, hasta que siento el tirón de su mano sobre mi codo, separando mi cuerpo del de Leonardo, e impactándolo contra el suyo.
—¡¿Por qué hiciste eso?! —me reclama con coraje—. Nunca vuelvas a bajar del auto así, ¿sabes el riesgo que corriste? Te pusiste en bandeja de plata para cualquiera que intente hacerte daño. ¿Qué parte de "te tienen vigilada" no entiendes?, ahora mismo podrían estar siguiéndonos, esperando aprovechar cualquier tipo de descuido ¡Tonta!
—¡Óscar! —Interviene Leonardo.
Sin importarle mi llanto, o la mala cara de Leo, el cavernícola de Óscar me introduce de nuevo al auto sin ningún tipo de delicadeza, casi como si arrojara un costal de papas. Él y Leo entran también y arranca el vehículo adentrándose al tráfico de la ciudad. El camino permanece en silencio, solo interrumpido por las llamadas que Óscar hace al equipo de seguridad:
—Quiero tener todas las grabaciones de seguridad del centro comercial, desde antes de que nosotros llegáramos, y las de cada una de las tiendas a las que entramos... No me importa que sea un trámite legal, haz que tarde lo menos posible... ¡Carajo! —Golpea el volante con furia—. Te daré la dirección de las chicas que nos acompañaron, necesito que den su declaración de los hechos... ¡Pues comunícate con el abogado de Don Armando! Las necesito en casa a más tardar esta tarde... ¡Arréglalo!
—¿Para qué necesitas a mis amigas? —pregunto en cuanto termina la llamada—. No creerás que ellas tuvieron algo que ver en esto ¿cierto?
—Catalina, en estos momentos estoy dudando hasta de mí mismo —responde alterado, pero un poco más tranquilo—. Por supuesto que desconfío de ellas, y lo siento, pero creo que por el momento se terminaron las salidas en grupo —declara con seriedad—. Si necesitas algo, lo mejor será que contrates a alguna asistente que te lo pueda facilitar.
—¡¿Qué?! —digo, mi voz una octava más aguda que de costumbre—. Por supuesto que no, Óscar, me niego a dejar de lado mi vida social, solo porque algún resentido con la vida cree que tiene derecho de atormentarme.
ESTÁS LEYENDO
Mentiras Piadosas
ChickLitCatalina Rivera es una chica que ha nacido en cuna de oro. Hija de un importante funcionario público de la ciudad de México, jamás ha tenido que esforzarse demasiado por lograr lo que se propone. Una influencer acostumbrada a ser adorada por sus fan...
