25. Confundida

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Lina


—¿Ya decidiste qué harás para tu cumpleaños? —pregunta Meredith, sorbiendo de su pajilla mientras tomamos el sol junto a la piscina de mi casa—. Faltan solo cinco días y aún no has planeado nada, normalmente comienzas los preparativos con meses de anticipación. 

—Lo sé —respondo dando un sorbo a mi piña colada—. Tal vez este año no deba hacer una gran celebración, ya saben... por todo lo que me está pasando. 

—Estoy de acuerdo —dice Isabella—. Es demasiado arriesgado.

—¿Qué te parece ir a Vallarta todo el fin de semana?, tu cumpleaños es el sábado, podemos irnos desde el viernes y regresar el domingo, o lunes, después de todo ya terminaron las clases —propone Karol. 

—No es mala idea —concuerda Mer—. Ya nos hace falta salir de la ciudad, y qué mejor que ir a la playa. 

Aunque me encantaría poder decir que sí, la idea de regresar a la playa me da un poco de nostalgia; no quisiera reemplazar el mejor recuerdo de mi vida, ese donde me sentí normal y amada por mi familia por primera y única vez, y cambiarlo por un fin de semana de borrachera eterna y malas decisiones. Sopeso un poco la idea, pero al final no termina por convencerme. 

—Nah... prefiero algo más tranquilo —resuelvo. 

—Has cambiado mucho desde que llegaron esos bombones a tu vida. —Señala Karol hacia mis guardaespaldas, que parecen ponerse de acuerdo sobre algo y me es imposible no darle la razón.

Mi vida ha cambiado bastante desde que Óscar me salvó aquella noche en el antro de Mike, creo que su vibra de hombre responsable y maduro ha terminado por contagiarme, pues, ya no disfruto como antes de romper las regla como solía hacer, ahora pienso dos veces antes de cometer una locura como la estupidez que cometí la semana pasada al postear esa foto en Instagram, aún sabiendo que hay un loco detrás de mí. 

Aún recuerdo todo lo que pasó ese día y me siento una reverenda idiota, más aún después de haber cenado con Óscar y todo lo que pasó, más bien, lo que no pasó entre nosotros. Me sentí tan mal por haber evidenciado ante él mis enormes ganas de besarlo, y no fue solo una vez, en dos ocasiones me quedé con los ojos cerrados y la boca dispuesta a recibir sus labios, solo para descubrir que en verdad no le atraigo en lo más mínimo. 

Fue una larga semana tratando de descifrar mis sentimientos: estoy con Leo, pero deseo a Óscar. Jamás en la vida me imaginé vivir una situación tan complicada. La buena noticia es que, después de convivir más de cerca con Leonardo estos días, estoy cien por ciento segura de que mi apego con él es más fuerte. Hasta mi humor cambia cuando estamos juntos, su alegría me envuelve y me siento aceptada y deseada como nunca me sentí. 

Estoy convencida de que lo que me pasa con Óscar se debe a que él se resiste a mí, y eso me descoloca, pero lo tengo que superar y aceptar que no todos los hombres se verán afectados por mis encantos, él es uno de ellos y eso está bien, ¿cierto? 

—Tienes que tomar una decisión, ya no queda más tiempo. —Presiona Meredith—. No puedes simplemente decir de un día para otro, ¿qué tal si necesito comprar un nuevo bikini, o un vestido de gala? —Todas reímos ante las preocupaciones de Mer, aunque sabemos que tiene razón. 

—Lo siento, chicas, sé que tienen razón, pero en verdad estos días no he tenido cabeza para nada. 

—Te entendemos, cariño —pronuncia Isabella, como siempre, la más comprensiva de las cuatro. 

—Claro, nena —concuerda Karol—. Para el otro año será. 

—Sí, Lina, ya sabes que solo bromeó —dice Mer. 

—Gracias por entender, amigas. Aún no estoy segura, pero es bueno saber que cuento con su apoyo si decido no celebrar este año. 

Leonardo llega hasta nosotras, con su linda sonrisa adornando su rostro e iluminando mi mundo. Me lanza un guiño cuando cree que nadie se da cuenta, pero mi vista viaja por inercia hasta Oscar que pone mala cara y se da la vuelta, alejándose de la piscina cuando percibe mi mirada sobre él. 

—Hola, chicas —saluda Leo cordialmente—. ¿Necesitan algo? 

—Sí, necesito un guardaespaldas como tú —responde Mer—. ¿De qué dulcería escapaste, bizcocho? —Leonardo solo sonríe ante el comentario de mi amiga —Por favor dime, ¿Tienes novia? 

—Sí, la tengo —contesta con seguridad, dirigiendo su mirada de manera disimulada hacia mí. 

—¡Aww! —Se lamentan mis amigas con pesar ante la afirmación de "mi novio". 

—No importa, no soy celosa —dice Karol siguiendo el juego—. ¿Y ella? 

—Espero que lo sea —murmura Leo. 

—Uy, te gusta que te dominen —supone Mer, enarcando una ceja y mi príncipe asiente. 

—Bueno, sería un honor ser dominado por ella. 

Mi corazón bombea rápido la sangre a mis mejillas y los nervios de ser descubierta me hacen levantarme murmurando una excusa: 

—Yo... voy por algo de beber —digo mientras me alejo. Entro a la casa a trompicones, escuchando a lo lejos la risa de mis amigas y de mi nuevo y secreto novio. Llegó hasta la cocina y abro la nevera; mi mente ha de venir en las nubes, pues no me doy cuenta de que Óscar también se encuentra ahí.

—Bonito traje de baño —murmura desde donde se encuentra recargado en la barra, con un vaso de agua fresca en la mano—. Te queda bien el amarillo. 

Me sobresalto al escucharlo y colocó mi mano en el pecho, pues en verdad me ha asustado; la jarra de vidrio que recién había tomado, se me resbala y cae al suelo estrellándose en mil pedazos. Los vidrios quedan esparcidos por todo mi alrededor y no hay manera de que salga de la cocina sin lastimarme con ellos, pues mis pies están descalzos.

—No te muevas —me ordena, acercándose con cuidado a mí—. Te sacaré de aquí, ¿Está bien? —pregunta, por lo que deduzco que me tomará en brazos. 

Los nervios de volver a tenerlo tan cerca me traicionan, y mi cuerpo se sacude en un escalofrío, cuando siento sus manos deslizarse por mi cuerpo semidesnudo.
Rodeo su cuello con mis brazos, y la cercanía me permite aspirar su deliciosa y masculina fragancia. 

«Madera, cítrico y algo dulce» 

Me vuelvo gelatina al estar así, pegada a Óscar, que, aunque quiera, no puedo negar la enorme atracción que siento hacia él. 

—¿Tienes frío? —pregunta, en lo que avanza conmigo hasta llegar a la sala. 

—N-no —respondo titubeante. 

—Estás temblando —Dice. 

Escucho el momento exacto en el que pasa saliva y me parece percibir nerviosismo en su actitud. Me coloca en uno de los sofás y se arrodilla frente a mí, toma uno de mis tobillos y fija su mirada en mi pie, mientras yo lo observo a él. 

El momento se vuelve tan íntimo, cuando comienza a pasar suavemente su pulgar por la zona de mi pantorrilla. Mi corazón late frenético ante el gesto y es visible en el subir y bajar de mi pecho agitado. 

—Estás sangrando —murmura sin subir su mirada—. Debería ir por el botiquín. 

Yo solo asiento aunque se que no me está mirando y, cuando lo hace, sus pupilas dilatadas casi absorben por completo el cielo de sus ojos; me hacen pasar saliva y relamo mis labios por inercia, cosa que no pasa desapercibida por él, ya que fija su mirada sobre mi boca y se acerca despacio hasta quedar a mi altura. 

—¿Qué pasa aquí? —La voz de Leo se escucha en la sala, haciendo suspirar con derrota a Óscar, que se aleja de mí con ¿Coraje? 

—Atiende a tu novia, Huerta, está sangrando —espeta Óscar secamente y se va. 

Mi vista se pierde en el lugar por dónde salió, y no sé si sentirme aliviada, o decepcionada...
Confundida es la mejor opción. 

Mentiras PiadosasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora