44. ¿Tú?

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Lina

—Mercancía asegurada. —Escucho que dicen por lo que parece ser un radio. Abro mis ojos tratando de averiguar quiénes son estos hombres y qué es lo que pretenden conmigo.

—¿D-dónde estoy? ¿Qué quieren de...?

Un paño con alguna sustancia química se aprieta contra mi boca y, aunque lucho con todas mis fuerzas, no logro soltarme de su agarre y poco a poco voy sintiendo cómo mi cuerpo regresa al estado de inconsciencia.

****

Abro mis ojos completamente despierta y en mis cinco sentidos, para darme cuenta de que me encuentro en una pequeña habitación de servicio; solo hay una diminuta cama individual, una silla a un lado de la ventana y un mueble donde, al parecer, hay ropa.

Me levanto sujetando mi cabeza, pues me mareo de repente; recorro la habitación en busca de una salida y solo encuentro dos puertas, una que dirige a un pequeño cuarto de baño, y la otra que, desde luego, está cerrada.

Me acerco de nuevo a la cama y sobre la mesita de noche observo que hay un plato con un sándwich de jalea de fresa y crema de maní. «Mi favorito» pienso, pero, por nada del mundo me atreveré a comer nada que me ofrezcan estas personas que se han atrevido a secuestrarme.

Voy hacia la ventana con la intención de darme una idea del lugar en donde estoy, pero descubro que aún es de noche, así que regreso a la cama y observo la comida, mi estómago gruñe en protesta, pero me niego a probar bocado.

No logro dormir durante el resto de la noche, pues me aterra que alguien pueda entrar e intente hacerme daño. Me mantengo alerta y, cuando veo que los primeros rayos del sol se asoman por la ventana, camino hacia la ventana para poder ver lo que la noche me ocultó con sus tinieblas.

Lo que veo me deja con la boca abierta por el asombro: un hermoso paraíso terrenal se abre ante mis ojos, y no hallo fin a las maravillas de escenarios que se muestran ante mí; cada vez que parpadeo, encuentro algo nuevo en lo que no me había fijado antes: hay un hermoso jardín lleno de flores de todos colores y plantas exóticas de todo tipo, una enorme piscina que me deja embobada y me impide enfocar mi atención en lo que hay más allá...

«¿Es..., es la playa?»

Sigo asombrada, admirando el hermoso paisaje, cuando escucho una puerta que se abre a mis espaldas; volteo para saber de quién se trata y, lo que veo... A quien veo, me deja en un limbo entre la confusión y... la decepción.

—¿Te gusta lo que ves?, es lindo ¿cierto?

Me quedo sin habla por unos segundos, tratando de asimilar lo que mis ojos observan. El golpe de decepción y un extraño sentimiento de tristeza se agolpan en mi pecho, pero me niego a demostrárselo. No puedo creer que haya confiado ciegamente, aun cuando todas las señales estaban ahí, solo hacía falta atar los cabos para darme cuenta de que la persona frente a mí siempre tuvo como objetivo hacerme daño y..., lo hizo.

—¿Tú?

—¿Te sorprende?, la verdad es que te di muchas señales, pero ¿qué te digo?, te gusta creer en las personas.

—¿Por qué? ¿Qué piensas hacer conmigo? —cuestiono fingiendo la seguridad que no siento. No le daré la satisfacción de verme afectada por su traición.

—¿Por qué?, por venganza —responde fríamente—, y ¿qué haré contigo? —Sostiene su barbilla de manera pensativa—. Aún no lo sé... Matarte es una opción —declara, haciéndome abrir los ojos, pero me niego a mostrarme débil—. Torturarte es otra...

Por mucho que intento, no puedo controlar el temblor de mis labios ante la enorme desilusión que me causan sus palabras. La tristeza cala hondo en mis huesos y me permito llorar bajo su escrutinio. Su porte me intimida y me hace preguntarme si en verdad sería capaz de hacerme daño. No aparto mi vista de la suya, a pesar de que mis piernas tiemblan y parecen no querer mantenerme en pie. No puede sostener mi mirada por más tiempo, se da la vuelta saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras de sí.

Mentiras PiadosasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora