Catalina Rivera es una chica que ha nacido en cuna de oro. Hija de un importante funcionario público de la ciudad de México, jamás ha tenido que esforzarse demasiado por lograr lo que se propone. Una influencer acostumbrada a ser adorada por sus fan...
—Enviadas —respondo a Meredith, quien hace el último recuento de los preparativos de mi fiesta de cumpleaños, la fiesta que me persuadieron para celebrar el día de mañana—. Por favor, chicas, apéguense a la lista —pido, aun sabiendo que no lo harán—. Recuerden la situación por la que estoy pasando.
—Claro, nena —dice Karol con seguridad.
—Bueno, ¿Qué más falta?
—El DJ está confirmado, el banquete, el mobiliario... creo que es todo —enlista Isabella.
—Okey, ¡whatever! —"Lo que sea", digo sin más, resignada a anteponer de nuevo los deseos de alguien más antes que los míos; sin embargo, me queda la leve satisfacción de que mi cumpleaños, que es pasado mañana, me encerraré en mi habitación y por nada del mundo saldré de ahí.
—So, ¡¿vamos de compras?! —propone emocionada Meredith, aplaudiendo como foca, pero solo me río y niego resignada.
—Lo siento, amigas, saben que no puedo. —Me inclino hacia el respaldo de mi silla de jardín, y a lo lejos observo a mis guardaespaldas salir de la casa de huéspedes con algunas hojas en sus manos.
Leonardo me mira sonriente, y me guiña un ojo con coquetería; en cambio Óscar pasea su vista en mi dirección y finge que no existo, o esa es la impresión que me da. Ese hombre me va a volver loca con sus constantes cambios de humor. La última vez que estuvimos juntos fue en la rueda de prensa, y al pensar en el momento tan íntimo que compartimos en el elevador, mis vellos se vuelven a erizar como si aún estuviéramos ahí, como lo hicieron cuando Óscar pronunció ese ronco y sensual agradecimiento que me hizo estremecer.
El día siguiente no lo vi por ningún lado, como si la tierra se lo hubiese tragado y ahora, esta es la primera vez que nuestras miradas se cruzan y, por lo que veo, a él no le afectó de la misma manera que a mí nuestro "momento".
—¡Lina! —dicen las chicas al unísono regresándome a la realidad—. ¿En qué piensas, chica? Tienes la piel de gallina. —Señala Karol hacia mis brazos, y me doy cuenta de que es verdad.
«Maldito efecto que tienes en mí, tonto arrogante»
—Tuve un mal presentimiento acerca de mañana —miento descaradamente, para enfocar su atención en otra cosa que no sea el motivo de mis escalofríos.
—Ay, amiga —pronuncia Isabella con pesar—. No te preocupes, todo saldrá bien, y si no estás segura de esto, aún puedes cancelar la fiesta...
—De eso nada. —Se apura Mer—. Tu casa es una fortaleza, además, tienes a dos bombones que te protegerán con su vida, ¿cierto guapo? —pregunta a Óscar que se acerca a nosotras con las mismas hojas que llevaba en sus manos cuando salió de su casa.
—Por supuesto —asegura con ese gesto indiferente en su mirada, sin siquiera dignarse a verme—. Catalina, esta es la lista de invitados, necesito que la confirmes para dar aviso al equipo que estará en la puerta.
Tomo las hojas de sus manos, y en el proceso, sus dedos rozan los míos y ese cosquilleo que antes había sentido, de nuevo se hace presente. Lo observo, buscando en su rostro algún indicio que me confirme que él también lo ha sentido, pero su cara no me dice nada. Como siempre.
—Gracias, ahora las reviso —digo simplemente y espero a que se vaya, pero no lo hace, solo se aparta de nosotras unos cuantos metros para darnos privacidad, pero el que esté aquí me intimida, me incomoda y ya no logro poner atención a la conversación con mis amigas.
La mañana pasa entre el desayuno con las chicas, donde ultimamos los detalles de la tan esperada fiesta -por ellas, no por mí-, y mi búsqueda del atuendo perfecto entre la enorme cantidad de vestidos nuevos que guardo en mi closet, la mayoría de ellos han sido regalos por parte de mis patrocinadores de marca, y otros que he ido acumulando solo por vicio y que jamás me he puesto porque había olvidado que los tenía. Hoy me vi en la necesidad de rebuscar entre ellos, ya que no me siento de humor para salir de compras y ya es tarde para un diseño exclusivo, además de que, la ocasión no lo amerita.
Encuentro entre las cosas, un hermoso vestido de coctel de color rojo con escote de corazón y las mangas caídas, es elegante y sexy a la vez. Y tengo los zapatos perfectos para él, mis hermosos Christian Louboutin de suela roja, con punta negra y ahumados hasta el talón, donde se van aclarando hasta terminar en un rojo carmesí idéntico al del vestido.
Con el atuendo listo, y sintiéndome bastante conforme con ello, bajo a la cocina después de recibir el llamado de la ayudante de Carmen que me indica que la cena está lista.
En las escaleras me encuentro con Leonardo, quien se dirigía hacia mi habitación con el pretexto de escoltarme a la cena; estos días he tenido más privacidad, puesto que no he salido de casa, mis guardaespaldas solo me acompañan mientras estoy en el jardín, o por alguna extraña ocasión, como la rueda de prensa, he tenido que salir de mi hogar.
—Hola, bonita. —Me arrincona en la pared del pasillo y no espera a que regrese el saludo, se apodera de mi boca con un beso tierno que me afloja las piernas y acelera mi ritmo cardiaco; sus manos curiosas viajan por mi trasero con cautela, como si temiera ante mi rechazo, pero lo dejo, pues me agrada la manera en que me toca, con cuidado, pero al mismo tiempo, con hambre y pasión.
—Hola —respondo al separarme por falta de aire—. Te he extrañado, ¿dónde te has metido? —indago, pues, desde la mañana no lo había visto.
—Por ahí —dice guiñando un ojo, y mi imaginación vuela pensando en que me puede estar preparando una sorpresa por mi cumpleaños, no es que espere nada, pero no puedo negar que me encantaría que tuviera algún detalle, por más pequeño que fuera. Después de todo, es mi novio.
Pensando en esa palabra, mi humor cambia al recordar al imbécil de Mike, que, es muy probable que se presente en la fiesta; aunque no lo he invitado, los rumores vuelan y, como mi novio que aún es, estoy segura de que se sentirá con todo el derecho de venir a molestarme con su presencia.
—¿En qué piensas? —cuestiona Leo, notando mi cambio de humor.
—En el idiota de Mike —respondo—. Es muy probable que se presente mañana, ¿sabes?
—No lo dejaremos pasar. —Trata de tranquilizarme—. Seguiremos al pie de la letra la lista de invitados y él no se encuentra en ella.
—Sí, pero, se supone que es mi novio —digo apesadumbrada—. ¿Qué tal si hace un escándalo?
—Ya pensaremos en algo si es que se presenta —resuelve—. Ahora ven, que la señora Carmen te tiene una sorpresa de cumpleaños por adelantado.
—¿Qué?, ¿Qué puede ser?
—Si te lo digo ya no será sorpresa —espeta sonriendo—. Anda, vamos.
—Lo sigo escaleras abajo, y en cuanto tengo visión de la sala, mis ojos se humedecen ante la persona que se encuentra de pie, con los brazos abiertos, esperando por mí.
—¡¡Rosy!!
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.