Martina estaba sorprendida. Se aguanto, lo que pudo, pero era... imposible.
- Pero...
- No. – dijo él.
- Es que no podré...
- No. – repitió él, cortante de nuevo. – cumpla ordenes, señorita Stoessel. – acarició una de sus nalgas, la que minutos antes había azotado. Sintió como Jorge se inclinaba hacia adelante y le desabrochaba la venda. La agarró del mentón y alzó su cara, para besarla. El sabor a sangre de Martina se disolvía entre las dos bocas. Claro que Jorge se dio cuenta de que ella se había mordido. Adrede. Ese fue un beso posesivo, autoritario. Para terminar, le mordió el labio inferior, de manera que los carnosos de Martina se hincharon más y se tornaron de un color rosado, tan deseable, que Jorge quiso volverlos a besar. Ella lo miró, una vez él se hubo separado. Llevaba unos pantalones militares anchos que le quedaban estupendos, caídos, se notaba que no llevaba bóxers. Uno, se podían ver las marcadas ingles, trabajadas por horas de duro ejercicio. Dos, aquella... enorme erección. Aun que un bóxer tampoco cubriría mucho.Jorge la observaba. No dijeron nada, Martina había aprendido la lección.
- Se ve tan jodidamente sexy atada a mi cama, a mi disposición. – sonrió él, cruzando los brazos. – que tendría que pagar por ello.-Martina se mordió el labio. - ¿Qué es lo que quiere, señorita Stoessel? – dijo él, poniéndose de rodillas detrás de ella, encima de la cama. Martina no podía girar la cabeza, no lo podía ver. Sintió como algo suave se paseaba por su espalda, provocando un escalofrío. Una pluma, o algo por el estilo. Era una sensación agradable. - ¿Quizás chupármela? – se dignó él a decir. Martina sintió otro sucesivo escalofrío. - No oigo ninguna respuesta, señorita. – dijo él cogiendo de nuevo la correa. – de veras, ¿Puede que haya oído que desea mi polla?.-Rozó su erección, aún cubierta por el pantalón, contra su trasero. Martina gimió.
- Si... - murmuró. – Si, si lo deseo. Deseo cualquier cosa que me dé usted.-Escuchó un gemido de Jorge. La respuesta lo había satisfecho. La cama se movió, dando a entender que él había bajado del ahí. Martina escuchó cómo se desabrochaba el cinturón. Y como se bajaba el pantalón.
Pronto apareció de nuevo a su lado, cogiendo la protuberancia de toda su longitud. Se volvió a poner de rodillas a su lado. Se veía... condenadamente sensual. El dios del sexo, pensó Martina. Completamente. Ella no quitó el ojo de la mano de Jorge, subiendo y bajando...
- Demuéstreme que tanto la desea. – posó la otra mano detrás de la cabeza de Martina y la acercó a él, a su carne. Martina lo intentó meter todo dentro de su boca. Jorge gimió, ante la succión, fuerte.- Oh, si... - jadeó, viendo como Martina se lo comía. – No pare si no se lo ordeno. – se limitó a decir, recogiendo el pelo de ella, en una sofisticada coleta improvisada. Martina intentó darle a probar su misma medicina. Succionó de nuevo fuerte. De la garganta de Jorge se escapó un ronco gemido. Ella movió su boca, rodeándolo todo, con sus labios. Jorge la acompañó, moviendo las caderas, hundiéndose hasta su garganta, deleitándose en el enorme placer. Y como poco a poco lo iba empapando con su saliva. Martina se apartó. Lo recorrió con su lengua y plantó un cariñoso beso en el glande, enrojecido, como una madura cereza a principios de verano.
-Humm...- Martina decidió torturarlo un poco. Lo mordió, suavemente. Jorge gimió.
- No ha podido hacer eso. – se quejó. – Oh, eso vale por un castigo... - sonrió, retirándose de su lado, aún más excitado que antes, empalmado, al límite, y con la polla reluciente, de la propia saliva de Martina. Se colocó detrás de ella, inclinándose, le volvió a poner las pinzas en los pezones. Martina apretó los ojos. De nuevo esa dulce sensación de dolor, punzadas que enviaban pequeños suspiros calientes hasta su palpitante sexo. Jorge rozó la entrada de su vagina con su pene, vibrante. La metió, de una plena sacudida.
- Ooohh... - gimió Martina. – Si, si, si... - era lo que quería. Pero Jorge no se lo pensaba dar. Se movió, poquito, rápido, sin salir de ella. Y luego, terminó por sacarla, completamente. Martina gimió, quejándose.
- Perdone, señora mía. – Se levantó. – Iré al baño a hacerme una paja para terminar con esto... - sonrió. – esto le pasa por morderme donde y cuando no debería hacerlo.-Martina quedó con la boca entreabierta, sintiendo como Jorge desaparecía, cumpliendo su palabra. ¿Era tan cabrón de dejarla así? Atada a la cama, con las piernas abiertas y con las ganas que tendría una gata en celo.
Se dio por rendida, cuando volvió a sentir como unas manos la cogían del trasero, y empujaban... metiéndose de nuevo dentro de ella. Agradeció el cambio de opinión de Jorge, en un agudo gemido de sorpresa... y de gusto.
- ¿No que iba a hacerse una paja para apaciguarse?
- Mi mano no podrá substituir nunca... - suspiró empujando hasta el fondo. – esta delicia de coño.- Martina jadeó al sentir como la bombeaba. - No soy tan idiota como para dejarte a medias en uno de los polvos más grandes que hemos tenido. – El juego ha terminado.
- ¡Ah! – jadeó ella, sintiendo como Jorge la penetraba con fuerza, una y otra vez. – No pares... no...-Jorge compaginaba de maravilla... el ritmo, el tiempo, el número de embestidas. La agarró de la cintura, metiéndose, hasta adentro de sus entrañas. El cuerpo le combulsionó y su polla palpitó en el interior de Martina, sintiendo como la corrida bajaba hasta sus pelotas. Jadeó, sintiendo como Martina también llegaba a su orgasmo. Y como eyaculaba. Y eso fue la gota que colmaba el vaso, las palabras de ella, jadeantes, cardiacas, a pulso:
- Mi señor... - murmuró Martina. - ¿Y ahora? ¿Puedo correrme?.-Un largo y ronco 'Si' terminó, acompañando una intensa eyaculación que acabó escurriéndose por los muslos de Martina, alcimezclado con la dulce miel del orgasmo de Martina. El juego ha terminado.
¡Hola! bueno sé que no subí en tres días y la razón es que estoy con algunos problemas familiares y bueno no me dejan en paz. Les subiré los tres capítulos que les debo, gracias por la paciencia y espero que les guste! voten y opinen. las quiero.
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Protegeme 3 - jortini (hot)
AcakYa saben sus nombres, ya saben la misión de Jorge Blanco...proteger a Martina Stoessel y ahora a su pequeña niña Naiara. Amistad, romance, peligro, secretos y más cosas se aproximan ¿te animas a ser parte de está nueva etapa en la vida de Jorge Blan...
