- ¿Y cómo se conocieron? – preguntó Majo.
- Por el trabajo. – sonrió Jorge. – Algo así, un día en el que estuve de suerte, la conocí, en su clínica. La verdad es que hace unos masajes estupendos.-Alejandro lo miró mal. - En... en el buen sentido. –aclaró Jorge. Si me mira mal por eso, no quiero saber cómo me miraría si supiera la de cosas que hago con su hija en una simple cama.
- A eso se le llama coincidencia. – sonrió Mariana.
- Yo no creo en las coincidencias. – dijo Martina retomando el color rosado de sus mejillas. – todo pasa por algo.-Jorge entrelazó los dedos de su mano con los de Martina, la miró enamorado.
- ¡Bueno! – Solange exclamó, agobiada por la escena. - ¿te ha dicho Majo que ella también va a ser madre?
- ¿Cómo? - Martina sonrió y se levantó a abrazar a su hermana.
- ¡Te lo quería decir yo! – suspiró su hermana mayor. – Pero en fin... solo lo es desde hace dos semanas. George y yo estamos muy contentos.
- Me alegro mucho. – sonrió Martina y le besó la mejilla. Naiara tiró del vestido de su madre. - ¿Qué pasa mi vida? – la agarró en brazos.
- Mamá, tengo... - se inclinó a la oreja de su madre y le apartó el pelo con sus pequeñas manitas. – pipi. – le susurró.
- Bueno, vamos al baño cariño. – sonrió. – ahora venimos.
- ¿las acompaño? – dijo Jorge con intención de levantarse.
- No, mejor quédate aquí con nosotros. – dijo Alejandro agarrandolo del brazo. – tenemos cosas que hablar.-Martina negó con la cabeza y se dirigió al baño con Naiara.
- Espérame. – dijo Naiara amenazante, mirando a su madre desde dentro del baño.
- Si, tranquila. – sonrió Martina. - ¿No quieres que entre contigo?
- No. – dijo Naiara cerrando la puerta.
- Ni se te ocurra mover el pestillo ¿eh?
- No, mamá.-Martina se apoyó en la encimera del lavabo. Su mirada se volvió gacha y se frotó la sien con los dedos. Tenía estrés. Su familia le producía estrés. Rezaba por irse a la de ya. La puerta de caballeros se cerró. Ella vio el reflejo del hombre que había pasado detrás suyo. Con esa limpia sonrisa, como siempre solía tenerla. Con esa americana negra que lo hacía más atractivo. Con ese rubio de su pelo, digno de Rusia, su país natal. Con esos ojos, azul cobalto, de un profundo mar, que la habían cautivado, pero no habían conseguido enamorarla. Donovan. Alexander Donovan estaba en el mismo restaurante que ella.
A Martina le agarró un ataque de ansiedad cuando lo vio desaparecer por la puerta. Se sintió mareada. Sabía que estaba en Nueva York. Pero esto era Los Ángeles. Donovan había llegado a Los Ángeles. Donovan estaba en la misma jodida región que ella.
- Tranquila. – se dijo. – tranquila, quizás no quiera nada ¿Por qué iba a querer nada? Si quisiera algo me lo hubiera dicho ahora. – suspiró. – si quisiera matarme hubiera tenido la oportunidad ahora.- Suspiró. Recordó que Alex era un loco coleccionista de mujeres. Mujeres que no habían querido tener una relación con él. Las mataba y se las quedaba, para él, solo para él, para que ellas, muertas o vivas, supieran a quien pertenecían. Y ella había sido la última que lo había rechazado. Entrecerró los ojos y se dio cuenta de la suerte que había tenido al que Snade le asignara a Jorge la misión de protegerla. - ¿Naiara? – Su voz pareció un gemido ahogado. La niña abrió la puerta. Martina le puso bien la ropa y la cogió para que llegara a la encimera, para limpiarse las manos. - ¿Querrás postres? – le dijo su madre.
- No, estoy llena. – Naiara jugó con uno de los pendientes de Martina. – Mamá, papá me dijo que me parezco a ti.
- Cierto. – sonrió.
- Pero tú eres muy guapa.- A Martina se le pasaron todas las penas. Naiara abrazó el fino cuello de su madre.
- Te quiero. – dijo, con su voz aguda, aun de niña.
- Y yo mi vida. - Martina se quedó pensativa. Se decidió a salir. La cara de Jorge no le gustó. Para nada. Su padre lo había avasallado a preguntas. Y se suponía de que tipo.
- Será mejor que nos vayamos, cariño. – le dijo Martina a Jorge, salvándolos a los dos de aquella situación. – Naiara está cansada. —Martina o dejó tiempo para que los demás respondieran. Les dios dos besos a cada y uno y al acercarse a Majo, le susurró al oído. - A ti es a la única que he echado de menos. – Su hermana le sonrió complaciente.
- Que vaya bien Martina, nos volvemos a ver en la boda.
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Protegeme 3 - jortini (hot)
AléatoireYa saben sus nombres, ya saben la misión de Jorge Blanco...proteger a Martina Stoessel y ahora a su pequeña niña Naiara. Amistad, romance, peligro, secretos y más cosas se aproximan ¿te animas a ser parte de está nueva etapa en la vida de Jorge Blan...
