Capítulo 30: Tentación.

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- Basta. - suspiró. - juegas sucio.

- Lo sé. - ladeó la cabeza. - pero te gusta...

- La verdad es que no. Porque no puedo hacerle nada.

- Nada de nada. - concluyó Martina

- Solo duchas frías.

- Solo duchas frías. - repitió Martina sonriendo.

- Pero apuesto que tú también necesitas una.

- ¿Yo?

- Podría oler desde aquí lo cachonda que estas, mi vida.- Martina se sonrojó. ¿Cómo cojones lo sabía?

- ¿Yo? Creo que te equivocas. - sonrió ella.

- Yo creo que no. Te conozco más que nadie y se cuando estás excitada,mojada, preparada para mí. - susurró Jorge. ¿Quería jugar sucio? Pues él también sabía jugar. - cuando estás deseando que meta todo esto... - señaló su erección. - dentro de ti, y que te joda sin parar, hasta quedar saciada,hasta que te corras por enésima vez, hasta que tu apretada vagina me exprima, arrebatándome todo el semen. Hasta que me tengas encima, dándote pequeños besos... hasta que nuestros cuerpos dejen de temblar por la ardida pasión.- Martina jadeó, quedándose sin aire. Nadie la podía poner más que él. Nadie. Nadie la dejaba sin aliento con tan solo unas pocas palabras. Absolutamente nadie. Mercedes tenía razón. Jorge era su todo.

- Hijo de puta. - jadeó ella, apretando las piernas. Necesitaba sentirlo suyo

- Y tú zorra. - siseó Jorge, acercándose y sentándose a su lado. Agarró las piernas de Martina y las puso encima de sus muslos. - Dijiste que no valían besos ni masturbaciones. Pero no te opusiste a los masajes. - apretó uno de los pies haciéndola gemir. - mójate, mójate más. - paseó sus dedos por los de ella. Masajeó cada uno de ellos. Se dirigió a la mitad del pie. - esto representa tu busto. - lo apretó de una manera que Martina se arqueó de placer. Nunca nadie la había hecho jadear por un simple masaje en los pies. - esto la cintura. - de nuevo otra sobada. - ¿sabes que pasa si toco aquí? - dijo haciendo círculos. - ¿Sabes que representa esto, no?

- Mmh... - Martina siseó. - eres un jodido idiota. - sonrió.

- Te lo buscas... - Le devolvió la sonrisa. Jorge apretó ese lado del pie. Martina gimoteó, mojando aún más las bragas. - muy rico, ¿verdad?.- Se levantó.- Hay, mi vida. Que dura va a ser esta semana.- Martina se incorporó

- Ni que lo digas. - dijo enseñándole la lengua. - santísimas manos que tienes. Pero esto no queda así...

- Oh, ni lo dudes. - rió. - hace calor aquí.- Se incorporó y se quitó el jersey. Martina jadeó, molesta.

- ¿Hace falta? - dijo, recorriendo toda la musculatura de Jorge.

- Si, hace falta. - se burló él. - que conste que empezaste tu. Y todo esto puedes terminarlo tú.

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Protegeme 3 - jortini (hot)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora