capítulo 44: Casa morada.

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Noche. Noche fría. Noche solitaria. Noche... estúpida noche de Los Ángeles. Jorge da vueltas en la cama. Martina se decide levantar.

- ¿Dónde vas? – se preocupa él.

- A ver la tele. – miente ella. – no puedo dormir… veré algún programa de esos estúpidos, que al menos me despeje…

- Te amo. – susurró él.

- También te amo. – le acaricia la mano y sale de la habitación. Martina entra en la habitación de Naiara. Huele a niña, huele a inocencia. Huele a su hija. Observa los marcos, las fotos que hay en ellos. Los ojos se le llenan de lágrimas. ¿Y si nunca más la volviera a ver? ¿Y si pasa como esas horribles noticias? Madelein, Mariluz… todas las desaparecidas que hasta ahora no se han encontrado, o que las han encontrado muertas… violadas. Martina sintió miedo, horror. Se sentó, temblorosa, en la cama de su niña y cogió uno de sus peluches. Apretó los ojos, intentando no hacer ruido… al llorar. Y de pronto, algo espontaneo. El ramo de rosas. La nota. Martina abre los ojos. Sin pensarlo dos veces, baja al comedor. Agarra de la secadora unos pantalones negros y del tendedero, las botas militares. Se recoge el pelo en una coleta. Sube las escaleras de nuevo, en un sigilo. Duda si entrar a contárselo a Jorge. Se resiste, da la vuelta.

- Lo siento… - deja escapar en un susurro. Agarra de un arrebato una pequeña mochila y se mete en el desván. Donde todo el comando militar de Jorge estaba allí, expuesto. Agarra un cinturón de armamento y se lo coloca a la cintura. Junto a él, una calibre 22 corta y sus balas. Pero aún así, siente que le falta algo… necesita algo. Algo más grande. Entonces, alza la vista y la ve. Allí, preciosa arma de fuego. Se sube a la escalera automática y la agarra del estante… una minigun, negra como el azabache. La agarra. Pesa y no pesa a la vez. La puede cargar. Se la coloca a la espalda y cierra el desván. Agarra las llaves de su mini y atraviesa el pasillo. Y se refleja en uno de los muebles. Y se ve. Mujer fuerte, decidida. Que va a buscar a su hija, a casa morada.

- ¿Donde crees que vas? – escucha Martina detrás de sus espaldas. Ahí esta...la amiga de Jorge, aquella mujer e tan guapa. - Alba… - sonrió Martina. - ¿Qué haces aquí?

- Sabía que Jorge era capaz de hacer una locura, y esperaba que fuera él quien salía de la casa Blanco, esta noche. Pero qué gran sorpresa, al saber que eres tu la que va a cometer una locura, tras lo de Nai.

- No voy a cometer ninguna locura, solo la voy a ir a buscar.

- ¿A caso sabes dónde está? – dijo Alba, poniendo los brazos en jarra y alzando las cejas.

- Si.- Alba la miró fijamente. – Bueno, lo supongo. Si no está allí, ya no se donde puede estar...- Martina esquivó a Alba y se fue a subir a su mini.

- Cargada de armas ¿y vas a subirte a ese coche tan mono?

- Es mi coche, ¿Cómo voy a ir, si no?

- Anda ven, te llevo. – suspiró ella. – igualmente, no me perdonaría dejarte ir sola. -

Se me cuidarme sola. – dijo Martina dándole énfasis a la palabra.

- Oh, no lo dudo. – Alba abrió la puerta de su Porsche Cajun plateado y la invitó a subir. Martina tardó su tiempo en decidirse. - ¿A qué esperas? No pienso dejarte ir sola, así que decide.- Martina bufó, y decidió de una vez por todas meterse en el coche de Alba. - Entonces, ¿Dónde vamos?

- Casa Morada.

- ¿No crees que cae un poco lejos?- Martina la miró mal.

- ¿Quieres llevarme o no? - Alba no se hizo esperar. Arrancó el coche y desaparecieron, dirigiéndose a las afueras de Los Ángeles. Como un destello dorado, como un simple rayo de luna.

Voten y comenten que tal. También quiero avisar que faltan sólo 4 capitulos para que la historia llegue a su fin...y por si lo preguntan lo hay más temporadas...pero nos veremos pronto en una nueva historia que pronto les subiré el prólogo. Las quiero

Protegeme 3 - jortini (hot)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora