Capítulo 30

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...

—¡Xiaotian! —gritó su nombre, escuchando su propia voz haciendo eco entre las paredes de aquella cueva. —¡Xiaotian! —repitió una y otra vez, convencido de que el cachorro se encontraba ahí aunque no tenía pruebas de ello. 

Corrió lo más rápido que pudo, moviéndoselo por todo el lugar. Algunos pasillos parecían ser eternos, mientras que otros no tenían salidas. Era como estar dentro de un laberinto, uno muy oscuro y silencioso. 

—Por favor... ¡Xiaotian! —apretó sus puños con fuerza, sintiéndose incapaz de usar su magia. Parecía que las sombras de aquel lugar tenían dueño, y se negaban a obedecerlo. —No te voy a dejar aquí. —negó con la cabeza antes de quedarse quieto, cerrando los ojos de manera calmada, concentrándose en escuchar la voz del cachorro con ayuda de us orejas. 

—¡Papá! —logró captar su voz a la distancia. —Papá... si te escucho, aquí estoy. —sonaba algo ansioso y nadie podría culparlo. 

—Ya voy, niño. —dijo con determinación, abriendo de los ojos y moviéndoselo mas rápido que antes, sin importarle que sus piernas amenazaran con flaquear. Podia sentir como todas sus heridas volvían a arderle, y cómo la vista de su ojo derecho se nublaba de nuevo, mas nada de eso le importo, siguió avanzando hasta llegar a su destino.

—¡Papá! —el cachorro sonrió con gran felicidad al verlo, acercándose de inmediato para abrazarlo. 

—Niño. —se dejó caer de rodillas, aunque no supo si era por el dolor o para que el cachorro o tuviera que saltar. 

—Tengo mucho miedo. —confesó Xiaotian en un susurro, aferrándose al abrazo lo más que pudo antes de separarse para poder ver a Macaque a la cara, derramando unas pocas lagrimas—Monkey King dijo que tenía que ser... valiente, pero... No puedo, solo quiero irme... no soy valiente...

—Oye, no. —Macaque rápidamente limpio las lagrimas con ayuda de su pulgar, acariciando el rostro del niño con cuidado, asegurándose de que lo siguiera viendo. —Tu eres... el niño más valiente que conozco... Incluso diré que eres muy valiente para tu propio bien. —se burló un poco, recordando las veces que el cachorro había arriesgado su vida solo por salvarlo o para llegar a él. 

—No me gusta estar en peligro. —bajó su cabeza. 

—Te gustaría ser el héroe ¿No es cierto? —soltó una leve risa antes de tomar al pequeño entre sus brazos, colocándolo entre su regazo como si se tratara de un bebe, sin levantarse del suelo. —Tal vez algún día. Por ahora... que tal sí piensas en ser un niño, mientras aun puedas serlo. 

—No quiero despertar. —comentó el cachorro, cerrando los ojos con fuerza, recargando su cabeza el pecho de Macaque. 

—Tampoco yo. —el mayor bajó la cabeza, consiente de dónde se encontraba en verdad, aliviándose solo un poco de si estar sosteniendo a su cachorro, aunque no fuera en el mundo real. —Solo quédate así un poco más ¿Ok? Yo ire por ti. Lo prometo. 

—Estas lleno de trucos, Macaque. —esa voz le erizó el pelaje. Le gruño casi instintivamente, tratando de mantener al cachorro cerca. —Aullar... Eso nunca se me hubiera ocurrido. —apareció frente a el con una sonrisa burlona. —Aunque no es muy sutil. 

Macaque no le dijo nada, solo lo observo sin dejar de mostrarle sus dientes, frunciendo el ceño de manera amenazante, sin soltar al cachorro, quien ya se había aferrado con sus uñas, con miedo a que lo apartaran de nuevo. 

Tamarin se rio al verlos de esa forma, empezando a caminar a su alrededor. —Ay, Macaque... creo que olvidas... que yo también tengo muchos trucos. —chasqueó los dedos. 

A gift of destinyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora