Capítulo 44

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Muchos enemigos habían caído, las pruebas que el destino colocaba sobre los peregrinos finalmente parecían llegar a su fin después de catorce inviernos y catorce veranos, deseaban celebrar esas ultimas noches juntos aunque su maestro se negara, era extraño para el gran sabio igual al cielo poder experimentar la sensación de un fin. Una vez el viaje finalizara y las recompensas prometidas llegaran cada uno tomaría caminos distintos eso era seguro, ninguno hablaba de volverse a ver en alguna ocasión 

El tiempo corría de manera apresurada desde el punto de vista del mono dorado, como si en un abrir y cerrar de ojos ya se encontraran en medio de un lujoso banquete lleno de frutas y especias que solo en el gran imperio Chino podrían conseguirse, Tripitaka le contaba al emperador todo lo que necesitaba saber del extenso viaje, asegurando que los demás peregrinos eran mucho más civilizados que en su vida pasada. Wukong no pronunció palabra alguna, se dedicó solo a observar a su maestro, el como admiraba todo con media sonrisa cargada de nostálgica, después de todo para el monje era como volver a su amado hogar a diferencia de sus discípulos que pese a ya ser poseedores de la iluminación debían encontrar de nuevo  su lugar en aquel mundo.

—Sun Wukong... Monkey King —fue llamado por Buda en persona justo despues de su maestro. El mono dorado no pudo evitar fruncir el ceño por ello, mas mostró su respeto bajando la cabeza indicándole que lo escuchaba. —No tuvimos el mejor de los comienzos, te atreviste a orinar en la palma de mi mano y yo te condené a quedar inmovilizado en Five-Phases Mountain durante quinientos años. Desde entonces, sin embargo, haz abrazado mis enseñanzas y té haz distinguido verdaderamente en la derrota de los demonios. Por tu lealtad inquebrantable ... Te nombro Buda de la victoria en la lucha. —era un discurso bien recibido, lo hacía sentir aliviado de algún modo sobre todo cuando El Buda le otorgo a cada uno de sus compañeros un titulo y la promesa de un lugar en la corte celestial.

Sintió una enorme calidez proveniente de su pecho al contemplar a Ao Lie transformarse en aquel imponente dragón verdoso con algunas escamas doradas y bigotes tan largos y majestuosos.

—Vaya —el gran sabio sujetó su cabeza aun sonriéndole a su amigo y entonces sintió algo o mas bien la ausencia de algo, inhaló con la boca abierta de la sorpresa incluso acariciando gran parte de su nuca con lentitud buscando rastro y se sintió aliviado de solo poder sentir la suavidad de su cabellera, la corona había desaparecido y esperaba que el dolor junto con ella. Cerró los ojos para poder concentrarse en el aquí y el ahora, sin embargo sus pensamientos lo llevaron a otro sitio, tomando las palabras del Buda como un horrible recordatorio;

"Lealtad inquebrantable" 

Lo decía con buena intención, reconocía su esfuerzo y su lealtad hacia el monje y sus compañeros peregrinos pero ¿Qué había de los otros? Sus súbditos en su montaña, sus antiguos  hermanos jurados y entre ellos al Macaco de las seis orejas.

—Tu silencio es inusual, Sun Wukong —el monje se sentó al lado del ya mencionado lentitud recargándose en su báculo, sus piernas comenzaban a sentir el peso de la edad aunque su rostro permanecía igual, tal vez con alguna pequeña arruga demás en la frente. Ambos sabían que una vez salieran de aquel enorme templo era probable que sus caminos no se volvieran a cruzar, por ello se acercó, ofreciéndole un ultimo consejo a su recién graduado discípulo.—¿Temes al cambio? 

—No —se aclaró la garganta y volteo a ver al humano esforzándose por sonreír. —No es algo a lo que le tema, sé que pasará, siempre pasa.

—¿Entonces que es lo que mantiene tú semblante tan apagado? 

—Puede que la corona ya no este pero... mi cabeza me esta matando —sobó la susodicha con su mano. —Siento que esta es una victoria, pero una victoria es diferente a... un final. No soy capaz de vivir sin remordimiento, aunque seguro sabré muy bien como esconderlo —presumió alzando los hombros. —Pero, presiento que nadie me dejara olvidar los errores que he cometido, las vidas que he arruinado y la gente a la que he herido.

A gift of destinyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora