En los años antiguos, los Omegas eran considerados como un rango en "Peligro de extinción".Por lo que para un alfa conseguir uno era cuestión de buena suerte al ser esclavos del Rey.
Para Sunghoon, un fugitivo del Reyno, le fue fácil robar un Omega...
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Las luz de la luna iluminaba la habitación, el cuerpo del Omega descansaba en la extensa cama y suaves e finas sábanas, el aroma de dos sujetos ya conocidos gobernaba está y algunas sirvientas limpiaban la habitación.
Entre quejidos y el cuerpo frágil.
Lee HeeSeung abrió los ojos después de dos días.
Perdido entre dudas y confusiones miro el techo desconocido, las decoraciones no eran las mismas de su habitación o alguna del palacio Real de Seul. El sonido de un jadeo causo un pulso insoportable en su cabeza que se sentía dura, giro para poder ver a la persona proviniente de tal sonido para encontrarse con las facciones delicadas de Jungwon mirandole asombrado.
Frunció el ceño, débil e cansado, no podía concentrarse, ¿Dónde estaba?, ¿Por qué estaba Jungwon ahí?.
-T-tu...tu...
-Debes estar tranquilo, llevas inconciente dos días -espeto de pronto el Emperador al notar sus facciones atemorizadas- Hablaremos una ves tú estés mejor. Jaeyun te golpeó muy fuerte.
Su cabeza dolió con más fuerza, las lágrimas saliendo de sus ojos, cuando miraba a Jungwon solo podía recordar la voz gruesa y grave de Jaeyun, su sonrisa llena de malicia y el orgullo con el que esperaba que había asesinado a SungHoon sin piedad. Qué...había asesinado a SungHoon, la persona que Jungwon obligó a luchar.
No podía ver su cara ni un solo momento, su corazón dolía con fuerza y de odiaba por haberle confiado su amistad a ese cruel sujeto, todos, especialmente el Emperador, sabían con confianza que el amaba profundamente a SungHoon y no podría vivir sin su Alfa o Yujin, pero no, Jungwon había apostado su vida solo para proteger a su Imperio.
El había sido el culpable de que SungHoon fuera asesinado en batalla, lejos de el y el calor de su familia, lejos de las promesas que un día hicieron, con culpas, con pecados y con tantos deseos de ambos que no pudieron cumplir.
Y ahora... ahora HeeSeung y Yujin debían acostumbrarse a la falta del amor de SungHoon.
-HeeSeung yo-
HeeSeung sollozó.
-Cállate, cállate, no quiero oír tu voz nunca más...Tu asesinaste a SungHoon...Tu mataste a mi SungHoon... -hablo de pronto, su garganta dolía por culpa del poco uso que le daba-
Los ojos de Jungwon se cristalizaron al escuchar sus palabras, pasando saliva nervioso mientras temblaba en su lugar al recordar aquel amanecer, la sangre, los ojos oscuros de SungHoon y su valentía, como...sus ojos se apagaron mientras murmuraba el nombre de HeeSeung, deseando verlo por última vez.
Trato de decirse a si mismo que no fue su culpa, que no podía predecir que Jake haría trampa suciamente y que fue algo sin previos avisos, algo destinado a suceder sin nadie que lo impidiera. Trato de decir a su mismo que había otras opciones mientras observaba esa espada atravesar el costado de SungHoon o mientras miraba entre lágrimas a Yuna tratar de curarlo, cosa que no pudo ocurrir.