Capitulo diez | Viaje

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B E L L A

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B E L L A

El día de viajar a España llego, y como todas las despedidas yo estaba al borde de la nostalgia junto a mis mejores amigos. Aún así sabiendo que los vería en unas semanas, aún así sabiendo que no me iría toda la vida.

Era ridículo.

Lo sé.

Voy a extrañarte bee. — Me dijo Aldo mientras me abrazaba con todas sus fuerzas.

Reí. — Solo serán unos días pinché exagerado.

— Cállate y déjate querer. — Soltó enseguida.

Me recargue en su pecho aún sin quitar la sonrisa que tenía en mis labios. Un carraspeo provoca que Aldo me suelte.

— Bee, rivers me dijo que te apuraras o nos íbamos a ir sin ti. — Me dijo sebas.

Rodé los ojos.

— Ella jamás me dejaría aquí. — Murmure.

— Oh claro que lo haría, así que muévete cuñada! — Escuché el grito a mis espaldas que felix me daba para después salir del apartamento con su maleta.

Moví la cabeza de un lado a otro para después ver como sebas se dirigía a la puerta para esperarme. Volví a mirar a Aldo, y valdo que estaban frente a mi.

— Nos llamas si pasa cualquier cosa, okay? — Me señaló valdo para después dejarme un beso en la frente.

Asentí sonriente.

— Y si necesitas algo también mándanos un mensaje, cualquier mínima cosa que ocupes bella. Neta. — Dijo aldo.

— Ya ya, están peor que mi mamá cuando me dejaba en la escuela. — bromeé.

Valdo ríe. — Solo nos preocupamos por ti cabrona.

— Ya se y lo agradezco, pero estaré con mi hermana y felix así que nada malo pasará. — Asegure.

— Esos dos no forman ni una neurona juntos, confió más que tú los cuidaras que ellos a ti. — Dijo Aldo.

No pude evitar reír.

— Oye! No seas ojete. — Le dije.

Aldo se encogió de hombros.

— ¡Bee, córrele! — Gritó Sebastián desde la puerta.

— Ah como chinga este wey, ni que te fuéramos a robar. — Se quejó aldo en voz baja.

— Bueno me voy antes de que samy suba por mi de las greñas. — vacile para abrazar por última vez a los dos.

— Nos avisas cuando lleguen. — Soltó por última vez valdo con un tono de preocupación.

— Si valdo, lo haré. Tranqui. — Deje un beso en su mejilla para tomar mi mochila y maleta.

Doble vida | Roier Donde viven las historias. Descúbrelo ahora