Capitulo cincuenta y nueve | No te fallare

614 70 11
                                        

I S A B E L L A

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.



I S A B E L L A

Ya habíamos partido de Monterrey a Guadalajara. En el coche de mi hermana con felix manejando y yo atrás con las maletas al lado.

No teníamos ni una hora cuando mi hermana se pone a discutir por tonterías. Como siempre.

— Te dije que trajeras todo. Sabes que mamá te va a regañar verdad? — Gira hacia el asiento donde me encontraba medio recostada, de brazos cruzados con la mirada por la ventanilla mientras fruncía el ceño.

¿No podía pelear con sus amigos imaginaros y dejarme en paz?

Escuche a felix suspirar de estrés.

— Samy déjala que duerma, ella no tiene la culpa. — Me defendió este.

Samy le tiró una mirada furiosa. Félix decidió callarse y mirar la carretera.

— Yo ni quería ir, no sé por qué me estás diciendo esto. — Murmuré.

Samy rodó los ojos.

— Ya vas a empezar? — Gruñó.

Bufé.

— Si Samantha. Voy a empezar otra vez y hasta que me canse. — La enfrente en voz alta.

— Es tu cumpleaños por lo menos esfuérzate en que te vamos a hacer algo lindo! — Me reprocha.

— En teoría, aún falta para su cumple..— Escuché a felix decir por lo bajo con un tono inocente.

Quise reír al notar la expresión de enfado de mi hermana h ver cómo se toma el puente de su nariz pareciendo querer tranquilizarse.

— Sabes que Isabella? — Me miró la rubia. — No voy a pelear contigo, no vale la pena.

— Lo mismo digo. — Respondí indignada.

Esta se volteó y colocó una canción en la radio. Tome mi celular y mire los mensajes de mis amigos, algunos de osvaldo, otros de rocío, y ninguno de Sebastián..

La despedida no fue tan melancólica. Pero si sentí que algo no iba bien. Especialmente cuando me abrazó solo por unos segundos, y me miró muy apenas a los ojos.

Todo el mundo actuaba extraño y no sabía si prestarle atención a aquello.

O dejarlo simplemente pasar.







Si. Lo dejé pasar. Horas de viaje, ya que a mi hermana se le antojaba bajarse en cada gasolinería a comprar cosas o hacer del baño. Mamá y papá no paraban de llamar si ya estábamos por llegar pero por culpa de su hija preferida la hora de llegada tardaba más de lo normal.

Estaba frustrada. Tenía sueño y hambre, no tenía señal. Sebastián me había prometido hablarme un rato del viaje pero ni un mensaje me había llegado.

Doble vida | Roier Donde viven las historias. Descúbrelo ahora