futuro ⁴

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Samantha se estaba maldiciendo. La había cagado.

— puta madre, la cague, ya no me va a querer, soy tonto, soy pendeja.—cerro sus ojos y dejo de dar vueltas.

Había mandado a sus hijos a sus habitaciones cuando Ari le había gritado.

—es que también yo, soy una pendeja.—se tumbó en el sofá.

Rivers estaba jugando con sus hijos y una cosa llegó a la otra y Ari termino quejandose diciendo que siempre la habían parecer mala a ella.

—¡Es que soy tonto!

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—¿Si se divorcian con quién quieres vivir?—pregunto la niña—yo les diré que no me iré con nadie para que tengan que seguir viviendo juntas y se vuelvan a enamorar.

—¡No se van divorciar!—dijo ahora el niño.—y ellas siguen enamoradas, solo fue una pequeña discusión, todos los matrimonio tienen peleas.

—¿Entonces por qué nunca las habíamos visto pelear? ¡Ah! ¡Piensa menso!

—¡Por que ellas se aman! Ademas saben que las peleas no son un buen ejemplo. Y deja de decirme menso, cara de cucaracha.

—¡Pero eres un menso! ¿Cómo quieres que no te diga asi?—los dos rieron.—se que se aman, pero en la escuela una niña nos contó como sus padres se amaban y de un dia para otro se divorciaron.

—¡Pero vamos! ¡Sabes que Emma es una mentirosa!—dijo pues el también había estado en esa plática.—ademas, sus papás apenas y se conocían. Y nuestras mamás se conocen...hace...

—¡Diecinueve años, menso!

—¡Ándale si! ¡Es muy diferente! Además ¿Se te olvidaron todas las historias que nos han contado nuestros tíos? ¡Ellas se aman desde que se conocieron!

—es verdad...

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—muy bien, iré ahi, me voy a arrodillar si es necesario, pero a la hora de la cena, ella dejara de odiarme.—se levantó del sillón decidida y comenzó a caminar hacia su habitación la cual obviamente compartia con su esposa.

Giro la manija de la puerta y miro toda la habitación oscura. Respiro hondo y entro a la habitación cerrando la puerta tras ella.

—¿Amorcito?—la llamo con algo de miedo.

Miro un pequeño bulto bajo las cobijas de su cama y en seguida supo que era Ari. Se acostó en la cama pasando su brazo sobre el cuerpo de Abril, recibiendo un pequeño quejido.

—dejate querer.

—dejate de mamadas—le contesto.

—¿Si sabías que te amo? ¿Lo sabía? ¿Sabías que desde que te conocí mi pito solo se para contigo?—solo se escuchó un pequeño sonido de afirmación. — perdoname. Sabes que estoy bien pinche pendeja y que no mido mis palabra.

—estas bien pinche pendeja...

—¿Que tengo que hacer para que me perdones? Sabes que cualquier cosa que me pidas lo hace ¿Quieres flores? Iré a comprarlas enseguida. ¿Quieres que te lea? Lo haré aún que me trabe al hacerlo. O...

—ruegame—se quito una cobija de la cara.—ponte de rodillas y suplicame que te perdone.—dijo divertida.

Samantha asintió y se levantó, ella en verdad le iba a rogar, no era la primera vez que lo hacia, digamos que a Rivers le gustaba que Ari supiera que la traía loca, además que ellas dos lo tomaban como una clase de juego. Rivers se puso de un lado de la cama donde Ari la podia ver y se puso de rodillas.

El precio del amor Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora