102 días

8.2K 388 78
                                        

102 días


—¿Así vas a ir?—Saúl me mira de arriba abajo. Aunque la sonrisa irónica solo le dura hasta que mi puño le impacta en el hombro.

Y con fuerza.

Mi mejor amigo sacude el brazo mientras masculla entre dientes, aguantándose el grito de dolor. Sabe que si escucho un solo quejido más por su parte la sonrisa de superioridad no va a haber forma de quitármela de la cara. Y no va a dejarme ganar tan fácilmente.

Llevo unos leggins cortos y un top deportivo, que apenas se ven porque me he tapado con una sudadera gris. Ni que fuera fea. Es lo más cómodo, básico y sencillo que he podido encontrar. Y en realidad, ni siquiera estaba pensando en mi outfit.

—¿Nos vamos o que?—agarro nuestras bolsas del suelo, y echo a andar fuera de casa. Si no nos damos prisa vamos a perder el autobús. Y eso sería un problema de difícil solución.

—Oye, ya sé que no te hace ninguna gracia esta actividad, pero podrías ser menos bruta. Aunque sea media hora. ¿Por qué no puedes ser una chica cariñosa de esas a las que les gusta dar abrazos?—pregunta detrás de mí.

—¿Cómo a las que te tiras?

—¿Quieres sexo conmigo? ¿Es eso lo que me tratas de decir?—va a conseguir que algún día acabemos a puños, pero de verdad y no entrenando.

—Vuélvete a Inglaterra.—sus risas son lo único que obtengo como respuesta.

La puerta del portal hace clic a nuestras espaldas. Bien, ahora que ya hemos oficialmente salido al exterior no puedo echarme atrás. Y eso que llevo todo el día tratando de inventar la excusa perfecta.

Pues no me ha dado la imaginación. No soy tan lista como me gusta pensar.

—Mía, bromas aparte. Tómate esto como una sesión de entrenamiento físico más.—esta es la otra cara del rubio, primero me tortura y disfruta de mi sufrimiento y luego le entra el arrepentimiento y es un osito amoroso que trata de calmar mis ansiedades.

Fiel reflejo de cómo es nuestra amistad. Tormentosa. Y a la vez la mejor del mundo.

—Ya lo sé.—suspiro finalmente. El autobús llega a la vez que nosotros a la parada. Genial, así no tenemos que esperar.—¿Te he hecho mucho daño antes?

—Ha sido un buen gancho, la verdad.—le abrazo pidiéndole perdón y me acomodo en el asiento de la ventana. Según google maps tenemos veinte minutos de trayecto.

El plan de la tarde ha sido quedar con Plex para salir a correr. Nos ha dicho que cerca de su casa hay una zona con campo donde podemos estirar las piernas, así que bolsa en mano hemos puesto rumbo a la dirección que nos ha pasado. No sin antes pedirnos que por favor no la compartiéramos.

Bueno, tendrá que fiarse de nosotros. No es que yo quiera filtrar la dirección de su casa, pero puede ser útil en caso de amenaza.

El camino se me hace corto. Demasiado. Después de llevar todo el día trabajando y dando clases tengo los músculos molidos. Lo último que quiero es salir a correr, pero sé que esos kilómetros me van a ayudar con la resistencia en el ring. Menos mal que ayer me tome el día de descanso, está bien de vez en cuando hacer caso a las indicaciones de Álvaro.

—Aquí es.—me indica el rubio, que lleva el móvil en la derecha. Tal vez es por eso que no se ha dado cuenta como las dos chicas de detrás nuestra le observaban con curiosidad.

Desventajas de ser tan guapo. Ojalá poder decir que a mí también me pasa.

—¿Aquí vive?—una mansión de piedra. Este chico es literalmente millonario.—Por dios.

Vendas | YosoyplexDonde viven las historias. Descúbrelo ahora