trece de julio ; mañana
Sólo sé que estoy bien cuando llego a los brazos de Saúl. No he parado de llorar desde que han dictado la sentencia.
En los escalones de piedra de la puerta del juzgado número veintiocho de la comunidad de Madrid, me derrumbo.
La carpeta con todos los papeles se cae al suelo, las hojas esparcidas a mi alrededor. Ni el rubio ni yo nos molestamos en recogerlas.
Ya no importa, por fin se ha acabado todo.
Valencia, todo lo que pasó allí. Ya no existe, ya no queda nada que me ate a la costa mediterránea, a mis recuerdos de horchata ni a como era la vida frente a la brisa del mar.
Ahora ya solo soy Mía. Una veinteañera en Madrid, cuyo único recuerdo de lo que pasó en aquella ciudad es un gancho de derecha torcido.
—Vas a estar bien.—susurra mi mejor amigo contra mi pelo. No me miente, se que lo dice de verdad.
Su consuelo sin embargo, no hace más que aumentar mis sollozos.
—Gracias.—consigo decir cuando parece que me he quedado sin lágrimas. Me arden las mejillas y me escuecen tanto los ojos que apenas puedo abrirlos de la hinchazón. Sin embargo a través de los párpados, puedo vislumbrar como mi mejor amigo sonríe.—Gracias por ayudarme con todo el proceso, por cuidarme con este tema y por estar aquí en el día de hoy.
—Mía, lo haría una y mil veces.—lo dice de verdad. Se mete mucho conmigo, pero Saúl es de las personas que más me quieren en el mundo.— Además tu siempre lo has dicho, que este era tu combate más importante. Y yo he prometido estar para ti en todas tus peleas.
No si, a pesar de todo, es un ángel caído del cielo.
—Se te ha caído esto.—mi corazón salta trece latidos al escuchar la voz de Plex.
No, no, no. Él tiene que estar en el Santiago Bernabeu preparándose para hoy. No aquí.
Daniel Alonso no sabe nada de porque estoy aquí, ni debe saberlo. Ni...
—Se lo he dicho yo, Mía.—frena mis pensamientos el guiri, que aprovecha para levantarme el mentón e impedir que huya de su mirada.—No podías seguir ocultándolo.
Pensaba hacerlo.
—Yo...—no tengo palabras.
Las únicas personas que saben la verdad son Saúl y Álvaro. Y jamás pensé que tendría nadie en mi vida que me importara tanto como para tener que contárselo.
Y sin embargo aquí esta, dos metros de altura, sujetando todos mis papeles del juicio y con una cara de preocupación que me está rompiendo el corazón y el alma.
Echo de menos su sonrisa.
Tal vez no debí haberle mentido.
—¿Ha salido bien?—asiento con la cabeza. En ese momento el guiri da un paso atrás y deja que Plex me abrace con toda su fuerza.
Agradezco que no me haya pedido explicaciones, porque presión es lo último que necesito.
—He ganado.—suspiro. Y no es tanto un alivio como el saber que ya soy libre.
—Te dije que los dos íbamos a hacerlo.—responde.
Lo que pasa es que él no sabía que mi pelea, era una batalla legal. Y no un combate cuerpo a cuerpo.
Pero supongo que ahora las piezas del puzzle están encajando en su cabeza.
Poco a poco, entre Saúl y Daniel, consiguen que nos alejamos del juzgado hasta el coche del youtuber. Al menos lo ha aparcado bien disimuladamente y nadie nos reconoce por el camino.
—Os dejo que habléis, voy a por el ticket del parking.—carraspea el rubio.
Ansiedad, es la alarma que salta en mi cerebro.
Cuando mi mejor amigo se aleja, siento por un segundo que voy a caerme de nuevo. Son los brazos de Daniel que me sujetan, una vez más, lo que impiden que me caiga.
—No hace falta...—sin embargo le interrumpo. Al final, si he decidido tenerle en mi vida, no puedo ocultarle esto más.
Ha esquivado todos mis puños y peleas, y esta es la ronda definitiva.
—Cuando me vine a Madrid, lo hice huyendo de mi familia.—la vergüenza, la ansiedad, el ardor en el pecho, me entrecortan la voz.—Mi padre es un maltratador.
—Mía...—el eco de nuestras voces en el parking me da escalofríos.
—Pegaba a mi madre.—solo he contado cuatro veces esto en voz alta. Cuando denuncie a la policía y me marche a Madrid, a Saúl, a Álvaro y hoy; en el juicio.—Me rompió la muñeca derecha a mi, y como me llevo tarde al médico jamás soldó bien.
Mi puto golpe de derecha, roto desde los siete años y para siempre, por culpa del hijo de puta con el que comparto sangre.
—Lo siento mucho.—en su mirada, no veo la pena. Sus ojos me admiran con orgullo. Con respeto.
—Mi madre se volvió alcohólica. Según el abogado lleva un año en rehabilitación.—eso es lo que han alegado en el juicio. Pero me ha dado completamente igual. Llevan diez años separados y nunca han sido ninguno de los dos capaces de cuidar de mi.—Lo único que me ha salvado siempre ha sido boxear.
—Y a nosotros nos tienes ahora.—me dice Plex, que una vez más me abraza con todas sus fuerzas. Ni el abrazo de Saúl me ha calentando tanto por dentro.
—Si. Ya se ha acabado esta pesadilla. Tienen los dos una orden de alejamiento de mi. Ya no hay más miedo, ni más Valencia. Se han cortado todos los lazos legales, que son los que quedaban.—en ese momento Saúl se une a nuestro abrazo, y aunque le roba el romanticismo al momento, no me he sentido tan querida nunca.
Trece de julio, el día en el que se acabaron las vejaciones, los insultos, los golpes. Trece de julio, el día en el que deje de cuidar de mi madre, de que me usara para sus trapos sucios y sus negocios, de que me robara el dinero y de que pagara sus desgracias conmigo.
—Ya queda solo una cosa por ganar.—dice Saúl.
—En realidad, yo con esto, ya lo he ganado todo.—y son las palabras de Daniel, que se sienten como la victoria definitiva.
🥊
Las respuestas a porque Mía es como es.
Ya sólo queda el último capítulo, que lo subo el catorce.
Espero que os haya gustado mucho,
nos leemos pronto ;)
pd: mil gracias por los votos y lecturas🫶🏻
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Vendas | Yosoyplex
FanficMía solo sabe descargarse contra el saco. Entre vendas y guantes aparece él, dispuesto a meterse en su mundo. Pero no es tan fácil cuando llevas toda la vida defendiéndote a puños. YosoyPlex - Daniel Alonso | FANFIC
