Capítulo 40

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- Ya estamos aquí. Otra vez.

Miré hacia el gran castillo que teníamos delante, casi hipnotizada por su belleza. Me fijé en sus torres, bañadas por los rayos del Sol, en el color de las antiquísimas piedras y en lo diminutos que debíamos parecer a su lado. Era impresionante pensar en todas las personas que habían asistido al colegio de Magia y Hechicería y en todos los magos y brujas que lo harían tras nosotros. Hogwarts era mágico, en todos los significados de la palabra.

Charlotte se encontraba a mi lado, con la enorme maleta que se había llevado a nuestra casa de campo, por las vacaciones de verano. Ya habíamos terminado el curso y era extrañamente reconfortante ver el colegio de nuevo. Iba a empezar cuarto año. 

Durante el verano, habían ocurrido muchas cosas diferentes. Draco consiguió convencer a su padre de que no castigara a Buckbeak ni a Hagrid por el incidente, cosa que le agradecí de corazón, al igual que el trío de oro. Además, había visto a mis amigos durante todas las vacaciones: a Hermione, a Harry, Ron y los gemelos, como también a Theodore, Matheo, Draco, Pansy, Blaise y Daphne. Y había quedado un par de veces a mis amigos de Beauxbatons: Alessia, Hugo, Niccolò, Diego y Emma. Me gustó verles y saber que nuestra relación no había cambiado. Les tengo muchísimo cariño.

Tanto Matheo como Theodore, que estaban hablando con los componentes de nuestro equipo de Quidditch, cosa que yo también debería haber estado haciendo (pero me costaba mucho dejar de mirar Hogwarts), habían estado en mi casa más de una semana, cosa que significaba mucho para mí. Leo y Charlotte los adoraban y a mi padre le parecían muy buenos chicos. Por otra parte, el pasar tanto tiempo juntos nos había hecho mucho más cercanos y sentía que los conocía de toda la vida.

Vi a Hermione, Harry y Ron bajando del tren. Por supuesto, vinieron a saludarnos casi corriendo, emocionados, al igual que yo.

Los fuertes brazos de Hermione me rodearon y la abracé con igual fuerza. A Harry y a Ron les saludé de la misma forma, contenta de verlos. Saludaron a Charlotte. A ambos chicos les había crecido el pelo de manera considerable y también vi a los tres más altos.

- ¿Qué tal el verano?

Hablamos durante un rato sobre las vacaciones, aunque nos hubiéramos visto un par de veces (gracias a la magia de los polvos flu, que eran muy oportunos). Se fueron poco después a ver a Ginny y a los gemelos, a los que también saludé. Me sentía como en casa.

- Me alegro de estar aquí contigo, Char. - Le dije a mi hermana, una vez estuvimos solas. - Espero que tengas un buen primer día.

Charlotte sonrió cálidamente y se colocó su rubia cabellera tras su oreja.

- Igualmente, Isa. - Me respondió, afectuosa. La vi mirar el castillo una vez más antes de volver a dirigirse hacia mí. - Me alegro mucho de que los hayas encontrado. - Añadió, mirando hacia Theo y Matt. - Te mereces a personas que te traten así de bien.

Cuando decía cosas así, me daban ganas de llorar. Charlotte siempre ha sido muy buena.

- Ven aquí, peque. - Le pedí, envolviéndola en un abrazo y dándole un beso en el pelo. 

Se despidió de mí, yéndose con su amiga Grace, y y me dirigí hacia mi equipo, con el corazón algo encogido por la bondad de mi hermana pequeña. Me coloqué entre Theodore y Matheo, quienes sonrieron al verme llegar.

- Rosier. 

- Hola a ti también, Flint. - Saludé, con una gran sonrisa divertida. 

Me miró con extrañez, entornó un poco los ojos e hizo un raro saludo con la cabeza, que, junto con su expresión facial, más bien pareció una mueca algo extraña. 

Matheo se inclinó hacia mí, divertido.

- Va mejorando. - Susurró, con la cabeza próxima a mi oído.

- Sí. - Añadió Theodore, con el mismo nivel de volumen. - A la próxima incluso te sonríe.

Por culpa de sus comentarios y de sus sonrisas burlonas, se me escapó una sonora carcajada mientras Flint continuaba hablando. Todo el equipo de quidditch se giró hacia nosotros y, en un segundo, nuestras caras pasaron a ser igual de serias e inexpresivas que la del profesor Snape.

- ¿Qué os pasa? - Cuestionó el capitán.

- Nada. - Respondimos a la vez.

Nos miró con desconfianza y continuó hablando de la organización de los entrenos, de técnicas de juego y de la previsión de los partidos que se aproximaban. 

- Este sábado jugaremos contra Hufflepuff, así que quiero a todo el mundo concentrado en su labor, ¿entendido? - Preguntó. Fue respondido por un "sí" colectivo. - Bien. Rosier, tengo entendido que tienes trato con Diggory. 

Era cierto. Hablábamos cuando nos cruzábamos por los pasillos, en ocasiones íbamos a saludar a Dobby y a robar comida de las cocinas y alguna vez habíamos estudiado en la biblioteca. Se le daba muy bien Astronomía.

Al ver que todo el mundo me miraba, decidí asentir.

- Que eso no interfiera en tu agresividad en el campo.

Y dicho esto, nos pidió que nos marcháramos.

- ¿Y esto a qué ha venido ahora? - Pregunté.

- A saber. Flint puede ser muy extraño. - Dijo Theodore, cogiendo mi maleta para que yo no tuviera que llevarla. Sonreí ante el gesto.

Asentí a su respuesta y vi cómo Matheo se encogía de hombros, mirando atentamente al capitán de nuestro equipo, receloso. 

Estábamos empezando a caminar al interior del castillo, cuando vi al director Albus Dumbledore mirándome expectante. Le devolví la mirada y, unos cuantos extraños segundos más tarde, se acercó a nosotros.

- ¿Qué...? - Empezó a susurrar Matheo, extrañado. Theodore no había dicho nada, pero también observaba los pasos del director, con el ceño fruncido. Nunca le había caído bien.

- Buenos días, chicos. Espero que hayáis tenido unas relajantes vacaciones. 

- Buenos días, director. - Respondí yo.

- Espero, señores Riddle y Nott, que no les importe que me lleve a la señorita Rosier un momento. - Continuó, con una sonrisa relajada, pero un tono firme. 

- ¿Qué tiene que decirle? - Preguntó Theo, con educación, pero también con un semblante imponente.

- No se preocupe, señor Nott. Debemos aclarar unos temas, aunque me temo que son de índole privada. Le corresponde a la señorita Rosier decidir si quiere compartir la información con usted, o no. Pero me temo que eso será tras nuestra charla. - Informó Dumbledore, causándome una mezcla de intriga y nerviosismo. - ¿Sería tan amable de acompañarme, señorita Rosier?

Lo miré con ojos evaluadores y asentí.

- Ahora nos vemos, chicos.

Los observamos marcharse, poco convencidos con la proposición del director. Yo, para ser sincera, tampoco estaba muy confiada. ¿Por qué querría Dumbledore hablar conmigo? No había hecho nada malo. Acababa de llegar a Hogwarts.

- Vayamos a mi despacho.

Rosier - Theodore NottDonde viven las historias. Descúbrelo ahora