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"—¿Entonces, doctor? —preguntó mirando el monitor junto a Melissa.

—Son buenas noticias para ambos, ha aumentado unos cuantos gramos, en este momento ha alcanzado los seiscientos gramos y mide unos treinta centímetros, es un muy buen progreso.

Melissa sonrió con lágrimas en los ojos y Caelan aliviado. Su pequeña estaba creciendo, estaba respondiendo favorablemente a los cuidados.

Quizás su bebita sólo necesitaba un poco de tranquilidad para poder desarrollarse bien, Melissa había pasado por mucho estrés desde que ella se había ido... Desde su casamiento prácticamente."

Observó aquella casa que tantos recuerdos le traía y le hacía revivir, y juntó valor para acercarse y golpear la puerta. Sabía que era de noche, que los niños seguramente estaban durmiendo ya, pero quería darle una sorpresa a Charlotte, y ser el primero en saludarla.

Y sin tener esperanzas realmente de que le abrieran, Mar lo hizo.

—¿Por qué has venido tan tarde? —le inquirió confundida.

La observó... Olvidándose en ese momento de todo.

"La tomó del rostro, mientras se mecía lento y profundo en ella, escuchándola gemir bajo con los ojos cerrados, disfrutando tanto como él de aquel momento a solas y tan íntimo.

—Mar.

La castaña entre abrió los ojos, jadeando.

—C-Caelan.

—Bésame.

Lo abrazó a ella pasando sus brazos por detrás del cuello de él, y lo besó, jadeando contra los labios de él al sentir que aumentaba el ritmo.

Ella no tenía idea de los sentimientos que estaba despertando en él."

—Caelan, te estoy hablando.

—Quería ser el primero en saludar a Lottie —pronunció en un tono bajo.

Mar lo miró insegura y luego se hizo a un lado para dejarlo pasar.

—De acuerdo, ven.

—Espera —la detuvo a medio camino—. Necesitamos hablar.

—¿De qué?

—Mar yo ya no puedo seguir de este modo, necesito que el lazo que nos une se termine de una vez por todas. No puedo continuar con mi vida, ni estar con nadie más, si seguimos unidos.

—Entonces adelante, rómpelo, porque yo no voy a permitir que ningún otro macho me marque —pronunció con el ceño fruncido.

—Ya no quiero herir a mujeres inocentes, ya no soy el mismo de antes. Y... Me es tan difícil estar frente a tí y no recordar todo lo que hemos hecho, mis deseos contigo.

La castaña negó con la cabeza y se cruzó de brazos.

—Bueno, es un avance. ¿Por qué no buscas entonces una mujer con quién formar tu propia familia?

—¿Cómo podría hacerlo cuando estoy unido a ti? En lo más profundo de mi ser, lo único que quiero es estar contigo, y sé que se debe al lazo que nos une, y que posiblemente no sea un sentimiento real.

—Usa represores, a mi me ha ayudado mucho —le dijo con calma—. Antes de ellos yo también tenía esa necesidad enfermiza de buscarte y tenerte cerca, pero desde que empecé a utilizarlos, mi vida volvió a la normalidad.

—Tal vez deba hacerlo también.

—Sí, te aseguro que funciona.

***


Unas semanas después

—Mel, tu cel está sonando.

—Fíjate quien es.

La morena tomó el celular de su amiga y observó que era un número que no tenía agendado, pero en la llamada se veía la foto del contacto, y era un hombre realmente muy apuesto.

—Am, es un número que no tienes agendado.

—¿Termina en cincuenta y ocho? —le inquirió desde el baño.

—Sip.

—Ah... Es Caelan, no le atiendas, luego lo llamo yo.

Abrió los ojos sorprendida, sin dejar de ver la foto hasta que la llamada se marcó como perdida.

Unos minutos después, Melissa salió del baño ya bañada y con un camisón, lista para volver a la cama.

—Mel ¿En serio ese es el papá de la bebé?

—Desgraciadamente, sí.

—¿Hablas en serio? ¡El tipo es realmente muy guapo!

La rubia la observó con molestia, tomando un pote de crema.

—Te recuerdo que me fue infiel con la cuñada ¿O necesitas que te cuente de nuevo la historia para refrescar tu memoria?

—Tranquila, estás muy hormonal, mujer, tienes esos arranques de rabia de la nada.

—Odio hablar de él, simplemente eso.

—Okay, fue un perro infiel, nadie discute eso, pero no puedes negar que el tipo es muy atractivo.

—Lo que tiene de guapo, lo tiene de hijo de puta también.

—No te olvides que estás embarazada de él, y que la bebita podría parecerse a él.

—Ni me lo recuerdes —suspiró.

—¡No digas estupideces! Que ella ya puede oírte —pronunció molesta Emi.

—A mi hija la amo, y la amaré aún si nace con su estúpida cara, de eso no tengo duda alguna.

—Oye, yo creo que deberías sanar, Mel, y lo digo en serio —le dijo acomodando los almohadones en la cama para que ella pudiese acostarse—. No digo que lo hagas inmediatamente, pero sería lo mejor para tí. Vivir con tanto resentimiento, no le hace bien a nadie.

—Sí, muy fácil decirlo —murmuró entrando a la cama.

—¿Qué te ayudaría a perdonarlo?

—Jamás lo perdonaré —pronunció sin titubear.

—Okay, entonces ¿Qué te ayudaría a llevarte bien con él? Recuerda que en un poco más de dos meses nacerá la niña, y quieras o no, tendrás que verlo, porque por lo que me has dicho, él quiere ser un padre presente para ella.

Melissa respiró profundo, cerrando los ojos por un momento, antes de negar con la cabeza.

—No lo sé, quizás tienes razón y estoy tan resentida y agresiva con él por las hormonas, y la verdad es que así no puedo ser racional. Tal vez, luego de que la niña nazca, pueda pensar con claridad y afrontar de otro modo la situación, pero en este momento no quiero tenerlo cerca, no quiero escucharlo y tampoco hablar de él.

—De acuerdo, entonces no hablaremos más nada de él, peeero, tienes que aceptar que tu bebé nacerá hermosísima, ese tipo está muy bueno.

—Ajá, claro —pronunció desinteresada, sin poder negarlo.

Porque era verdad, Caelan era muy atractivo... Belleza que se opacaba fácilmente por el tipo de hombre que era, y todos los errores que cometía.

...

MelissaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora