Si existía un rasgo característico en los omegas, es que fueran dóciles y tiernos. Todos esos estúpidos llorones, además de sus grandes ojos y baja estatura, eran "lindos".
Eso era innegable.
¿Pero cómo una persona podía ser maldecida dos veces en la vida? No sólo había nacido omega, sino que también... Poco agraciada.
En simples palabras, era fea.
Era una mujer omega fea... Sí, quizás se podía ser maldecido más de dos veces.
O no, porque estaba casada con uno de los machos alfas más respetados y temidos de sus tierras.
—Buenos días, señor Lev, mi esposo lo atenderá en cualquiera momento —sonrió amablemente la joven rubia, antes de retirarse.
—Gracias.
Y si que era fea la tipa...
—Wildwolf ¿Que haces por acá? —preguntó el alto y fornido alfa llegando a la sala unos minutos después.
—Mi hermana quería que te trajera en persona estos documentos.
—Ah, ¿Son los planos que le pedí? —le inquirió tomando una carpeta.
—No tengo idea, no me ha dicho de qué se trata, simplemente me pidió que los trajera.
—Ya les echaré un vistazo. ¿Quieres tomar algo?
—Claro —le dijo siguiéndolo hasta el living.
—Hacía mucho no te veía ¿Por donde andabas? —pronunció mientras realizaba un ademán con su mano, para que tomara asiento.
—Mi esposa estaba embarazada, hace una semana nació mi hijo, así que me tomé un tiempo para estar con mi familia.
—¿Cuantos hijos tienes ya? Creo que conozco a tu hija únicamente —expresó sorprendido, mientras le entregaba un trago de whisky.
—Gracias, y este es el tercero.
—Una familia numerosa, felicidades —sonrió.
—Sí... ¿Y que hay de tí? Fue una sorpresa enterarme que te habías casado, y... Con una mujer como ella.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Creí que tú familia, al igual que la mía, sólo se unía entre alfas.
—Anna es una buena mujer, llegó cuando menos lo esperaba.
—Entiendo, te uniste por un intercambio económico.
—No —pronunció serio.
Lev lo observó con confusión, sin creer que realmente se hubiese unido por amor con esa mujer.
—¿Y planean tener hijos?
—Aún no lo sé, nos casamos hace tres meses, actualmente no están en nuestros planes.
Pues ojalá salieran al padre, porque de lo contrario...
***
—¡Mira que bonitas flores! —exclamó con una gran sonrisa Anna, observando por la ventanilla del auto una florería.
Max la miró por un momento, y luego buscó donde estacionar.
—Ven, elijamos las que más te gusten.
—¿E-En serio? Pero tienes una junta con tu equipo-
—Ellos pueden esperar, las flores de mi esposa no.
